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La extinción que dio origen a los océanos modernos

Crónica Puebla por Crónica Puebla
3 junio, 2026
en Opinión
La extinción que dio origen a los océanos modernos
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Dr. José Manuel Nieto Jalil / Director del Departamento Regional de Ciencias en la Región Centro-Occidente. Tecnológico de Monterrey

            Hace sesenta y seis millones de años, la Tierra era un planeta muy diferente al que conocemos. Los continentes continuaban desplazándose lentamente hacia sus posiciones actuales, los niveles del mar eran considerablemente más elevados y extensos mares poco profundos cubrían regiones que hoy forman parte de América del Norte, Europa, África y Asia. Los dinosaurios dominaban los ecosistemas terrestres, pero bajo la superficie de los océanos también existía un mundo extraordinariamente complejo. Reptiles marinos gigantes, tiburones ancestrales, amonites y numerosos grupos de peces ocupaban nichos ecológicos que habían evolucionado durante decenas de millones de años. Paradójicamente, aquellos organismos aparentemente insignificantes terminarían convirtiéndose en los verdaderos herederos de los océanos modernos.

            Todo cambió en cuestión de horas. Un asteroide de aproximadamente diez kilómetros de diámetro impactó contra la región que actualmente corresponde a la península de Yucatán, en México. La energía liberada fue equivalente a miles de millones de bombas nucleares. El impacto generó incendios globales, tsunamis gigantescos, terremotos de enorme magnitud y una nube de polvo y aerosoles que oscureció la atmósfera durante meses o incluso años.

            Las consecuencias fueron devastadoras. Cerca del 75 % de todas las especies animales y vegetales desaparecieron. Los dinosaurios no avianos se extinguieron, al igual que numerosos grupos marinos que habían dominado los océanos durante millones de años. Lo que durante décadas fue interpretado únicamente como una tragedia biológica comenzó a revelar otra faceta: la extinción masiva también abrió oportunidades evolutivas sin precedentes para los pocos organismos capaces de sobrevivir.

            Cuando innumerables especies desaparecen, quedan disponibles recursos, territorios y nichos ecológicos que antes estaban ocupados. La desaparición simultánea de miles de especies no solo redujo la biodiversidad del planeta. También eliminó competidores, depredadores y barreras ecológicas que habían limitado durante millones de años la expansión de numerosos organismos. Los biólogos denominan a este fenómeno liberación ecológica: la apertura repentina de nichos evolutivos que permite a los supervivientes experimentar una rápida diversificación adaptativa. En el caos que siguió al impacto de Chicxulub surgió una oportunidad sin precedentes para algunos peces supervivientes. Lo que ocurrió después transformó para siempre la biodiversidad marina y explica, en gran medida, por qué los océanos actuales están poblados por los grupos de peces que conocemos hoy.

            Durante mucho tiempo los científicos sospecharon que la extinción del final del Cretácico había influido en la evolución de los peces modernos, pero la magnitud exacta de ese efecto permanecía oculta. Nuevos estudios paleontológicos y genómicos están permitiendo reconstruir con una precisión sin precedentes cómo ocurrió esta transformación. Una de las piezas más importantes de este rompecabezas proviene de un lugar inesperado: el desierto del sur de Egipto.

            En una región conocida como Qreiya 3, paleontólogos descubrieron uno de los registros fósiles más completos jamás encontrados para estudiar los primeros millones de años posteriores al impacto. Este yacimiento funciona como una auténtica cápsula del tiempo geológica. Los fósiles preservados allí permiten observar la transición entre el mundo previo a la extinción y la rápida expansión de los grupos que sobrevivieron.

            Los hallazgos revelan que apenas cuatro millones de años después del impacto comenzaron a aparecer representantes tempranos de varios grupos de peces que hoy dominan los océanos. Entre ellos se encuentran ancestros de los túnidos, peces vela, peces espada y otros depredadores de mar abierto. Desde una perspectiva geológica, cuatro millones de años constituyen un intervalo sorprendentemente corto para una diversificación evolutiva de tal magnitud. La desaparición de numerosos competidores y depredadores liberó enormes espacios ecológicos. Los supervivientes pudieron expandirse rápidamente, experimentar nuevas adaptaciones y diversificarse en formas que anteriormente habrían sido inviables debido a la intensa competencia existente.

            Los fósiles de Qreiya son especialmente valiosos porque permiten seguir, hueso por hueso, la evolución de numerosas características anatómicas presentes en peces modernos. Gracias a ellos, los investigadores pueden establecer conexiones directas entre especies fósiles del Paleógeno temprano y organismos que actualmente habitan los océanos. Es una evidencia extraordinaria de cómo la biodiversidad marina contemporánea comenzó a construirse inmediatamente después de una de las mayores catástrofes biológicas de la historia.

            Pero la evidencia fósil es sólo una parte de la historia. Paralelamente, investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) han utilizado herramientas genómicas avanzadas para reconstruir el árbol evolutivo de los peces marinos modernos. Su trabajo aporta una perspectiva completamente diferente, basada no en huesos fosilizados, sino en el ADN de especies actuales.

            Michael Alfaro y sus colaboradores analizaron la historia evolutiva de los acantomorfos, un gigantesco grupo de peces espinosos que incluye gran parte de las especies marinas modernas. Para ello utilizaron una técnica conocida como captura de secuencia de elementos ultraconservados de ADN, desarrollada por Brant Faircloth. A diferencia de métodos tradicionales que utilizaban apenas unas decenas de genes, esta tecnología permite analizar más de mil marcadores genéticos simultáneamente, proporcionando una reconstrucción evolutiva mucho más robusta.

            Los resultados mostraron un patrón extraordinariamente consistente con la evidencia fósil. Entre numerosos linajes supervivientes, sólo algunos experimentaron una explosión evolutiva inmediatamente después de la extinción masiva. Seis grandes grupos de acantomorfos comenzaron a diversificarse aceleradamente y terminaron generando la mayor parte de la biodiversidad de peces marinos que observamos en la actualidad.

            Millones de organismos enfrentaron el mismo desastre global, pero sólo unos pocos linajes reunieron las condiciones necesarias para aprovechar las oportunidades surgidas tras la catástrofe. Esos grupos fueron los grandes ganadores de una competencia biológica iniciada hace 66 millones de años y cuyos resultados todavía observamos en nuestros océanos. La investigación también reveló algo sorprendente: las apariencias pueden ser profundamente engañosas cuando se estudia la evolución. Algunas especies que parecen completamente distintas poseen parentescos genéticos inesperadamente cercanos. Los caballitos de mar, por ejemplo, resultaron estar emparentados con peces que superficialmente no guardan semejanza alguna. Estos hallazgos demuestran que la evolución no sigue trayectorias lineales y que la diversidad visible hoy es el resultado de una historia mucho más compleja de lo que imaginamos.

            Sin embargo, para comprender completamente el origen de esta transformación era necesario responder otra pregunta fundamental: ¿qué ocurrió exactamente durante las primeras horas posteriores al impacto? La respuesta podría encontrarse en Tanis, un yacimiento localizado en la formación Hell Creek, en Dakota del Norte, Estados Unidos. Este sitio ha sido descrito por muchos investigadores como uno de los descubrimientos paleontológicos más extraordinarios del siglo XXI.

            Los fósiles hallados muestran peces amontonados, árboles arrancados de raíz, organismos marinos mezclados con especies de agua dulce y pequeñas esferas vítreas producidas por el impacto incrustadas en las branquias de animales que aparentemente aún estaban vivos cuando los fragmentos expulsados por la colisión comenzaron a caer nuevamente sobre la superficie terrestre.

            La evidencia sugiere que gigantescas olas generadas por el impacto atravesaron sistemas fluviales situados a miles de kilómetros del cráter de Chicxulub. Los organismos quedaron enterrados casi instantáneamente, preservando detalles imposibles de observar en otros registros fósiles. Tanis representa una fotografía geológica de las primeras horas del desastre global.

            Mientras Tanis muestra el momento exacto de la destrucción, Qreiya revela el inicio de la reconstrucción biológica. Juntos constituyen dos capítulos consecutivos de una misma historia. El primero documenta el colapso de los ecosistemas dominados por los dinosaurios. El segundo registra el surgimiento de una nueva era ecológica encabezada por los ancestros de muchos peces modernos.

            Los cambios ambientales posteriores al impacto también favorecieron esta expansión. Durante millones de años, los océanos experimentaron modificaciones en temperatura, productividad biológica y disponibilidad de recursos. Desde una perspectiva evolutiva, la biodiversidad marina actual puede considerarse una consecuencia indirecta del impacto de Chicxulub. Muchos de los peces que hoy sustentan pesquerías globales, forman parte de ecosistemas marinos esenciales o constituyen recursos alimentarios para millones de personas existen gracias a oportunidades evolutivas surgidas durante aquel periodo de recuperación.

Etiquetas: opinión

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