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La Luna en pausa: la NASA frena Artemis II y replantea su camino de regreso

Crónica Puebla por Crónica Puebla
4 febrero, 2026
en Opinión
La Luna en pausa: la NASA frena Artemis II y replantea su camino de regreso
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Dr. José Manuel Nieto Jalil.

Director del Departamento Regional de Ciencias en la Región Centro-Occidente. Tecnológico de Monterrey

El regreso del ser humano a la Luna no es una línea recta, sino un camino lleno de pausas, ajustes y decisiones difíciles. La reciente admisión de la NASA sobre los problemas técnicos detectados en su megacohete Space Launch System (SLS) durante el ensayo general con combustible de la misión Artemis II ha vuelto a recordarnos una verdad incómoda: explorar el espacio profundo sigue siendo una de las empresas tecnológicas más complejas jamás emprendidas por la humanidad. El aplazamiento del lanzamiento, al menos hasta marzo, no es solo una cuestión de calendario; es un reflejo de tensiones técnicas, económicas y estratégicas que definirán la exploración lunar y marciana en las próximas décadas.

Artemis II está llamada a ser una misión histórica. Será el primer vuelo tripulado que abandone la órbita baja terrestre desde el final del Programa Apolo en 1972. Cuatro astronautas, Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen, viajarán alrededor de la Luna a bordo de la nave Orion, sin alunizar, pero probando en condiciones reales todos los sistemas críticos que permitirán, más adelante, volver a pisar el regolito lunar. Precisamente por ese carácter simbólico y técnico, cada anomalía detectada se analiza con lupa, aunque ello implique retrasos que generan frustración tanto dentro como fuera de la agencia.

El llamado wet dress rehearsal (WDR) no es un simple simulacro. Es, en esencia, un lanzamiento sin despegue. Durante cerca de 49 horas, los ingenieros cargan el cohete con propelentes criogénicos, hidrógeno líquido y oxígeno líquido a temperaturas extremas, ejecutan la cuenta atrás y observan el comportamiento de todos los sistemas. El objetivo no es demostrar que todo funciona a la perfección, sino identificar fallos cuando aún es posible corregirlos sin poner en riesgo una tripulación.

En el caso de Artemis II, los resultados fueron, en palabras de la propia NASA, agridulces. Se lograron hitos importantes: los tanques del SLS se llenaron con éxito, se completaron operaciones finales en la rampa de lanzamiento y el cohete fue drenado de forma segura. Sin embargo, reapareció un viejo enemigo: las fugas de hidrógeno líquido. Cuando la cuenta atrás estaba a solo cinco minutos del final, la tasa de escape aumentó de forma significativa en una interfaz que dirige el combustible hacia la etapa central del cohete, obligando a abortar el ensayo.

El hidrógeno líquido es uno de los propelentes más difíciles de manejar. Su tamaño molecular extremadamente pequeño le permite escapar por microfisuras invisibles para otros fluidos. Además, las temperaturas criogénicas provocan contracciones y dilataciones en sellos y conexiones. No es la primera vez que el SLS se enfrenta a este problema: durante Artemis I, la misión no tripulada que orbitó la Luna en 2022, las fugas de hidrógeno provocaron múltiples retrasos y abortos antes del lanzamiento exitoso de noviembre.

A estos desafíos técnicos se sumó un factor externo que rara vez aparece en los titulares, pero que condiciona profundamente las operaciones espaciales: el clima. Una ola de frío en Florida obligó a retrasar el inicio de la carga de combustible y complicó diversas operaciones en la rampa del Centro Espacial Kennedy. Algunas cámaras dejaron de funcionar correctamente, ciertas tareas finales se alargaron más de lo previsto y, como si fuera poco, reaparecieron problemas en los canales de comunicación de audio entre los equipos de tierra.

Nada de esto, tomado de forma aislada, habría bastado para cancelar el ensayo. Pero la suma de incidencias llevó a la NASA a tomar una decisión conservadora: posponer el lanzamiento y realizar un segundo WDR antes de dar luz verde a la misión. En exploración espacial, la prudencia no es una opción; es una obligación.

Más allá de los aspectos técnicos, el retraso de Artemis II ha reavivado un debate de fondo sobre la arquitectura del programa lunar. En un comunicado posterior al ensayo, el administrador de la NASA, Jared Isaacman, fue inusualmente claro: el camino actual es el más rápido para volver a la Luna, pero no necesariamente el más económico ni el definitivo. El comentario apunta directamente al SLS, un cohete potente, pero extremadamente costoso y con una cadencia de lanzamientos muy baja. Entre Artemis I y Artemis II han pasado más de tres años, un ritmo que contrasta con los lanzadores comerciales desarrollados en la última década.

Las críticas al SLS no son nuevas. Desde su concepción, ha sido objeto de debates en el Congreso estadounidense por su elevado coste y por reutilizar tecnologías heredadas del transbordador espacial. A ello se suman los retrasos acumulados y la complejidad logística de cada lanzamiento. En este contexto, no sorprende que Isaacman haya dejado abierta la puerta a trasladar más funciones a la industria privada en el futuro.

Cuando se habla de industria privada en exploración espacial, el nombre de SpaceX aparece de inmediato. Su fundador, Elon Musk, ha sido uno de los críticos más duros del SLS, al que ha calificado de anticuado y económicamente insostenible frente a sistemas reutilizables como Starship. Paradójicamente, la NASA ya cuenta con SpaceX como socio clave: Starship está destinado a convertirse en el módulo de alunizaje de futuras misiones Artemis.

Starship aún se encuentra en fase de pruebas y también ha experimentado retrasos y fallos espectaculares en sus vuelos de ensayo. Además, los vaivenes políticos y empresariales han añadido incertidumbre a la relación entre la NASA y SpaceX. 

Comparar Artemis con el programa Apolo es inevitable, pero también injusto si no se entiende el contexto. Apolo fue un programa impulsado por la urgencia geopolítica de la Guerra Fría, con presupuestos prácticamente ilimitados y un objetivo claro: llegar primero a la Luna. Artemis, en cambio, nace en un mundo multipolar, con restricciones presupuestarias y una ambición distinta. No se trata solo de plantar una bandera, sino de establecer una presencia sostenida, explorar recursos, probar tecnologías de energía, propulsión y fabricación in situ, y preparar el camino hacia Marte. Esa visión a largo plazo exige un enfoque más conservador. Cada fuga de hidrógeno, cada válvula que requiere reajuste, cada canal de comunicación que falla se convierte en una oportunidad de aprendizaje. El precio es la paciencia.

El aplazamiento del lanzamiento tiene efectos prácticos inmediatos. La tripulación de Artemis II ha salido de la cuarentena preventiva iniciada en Houston y no regresará al aislamiento hasta aproximadamente dos semanas antes de la nueva fecha objetivo. En tierra, los equipos técnicos confían en resolver los problemas directamente sobre la plataforma de lanzamiento, sin necesidad de devolver el cohete al Edificio de Ensamblaje de Vehículos, una operación que supondría meses adicionales de retraso.

Las nuevas ventanas de lanzamiento se concentran ahora en marzo y abril. Si todo sale bien, Artemis II despegará en una de esas fechas y marcará un hito histórico. Si surgen nuevos problemas, el calendario volverá a ajustarse. En ambos casos, el mensaje de la NASA es claro: la seguridad de la tripulación está por encima de cualquier presión mediática o política.

Desde fuera, puede parecer que la NASA tropieza una y otra vez con los mismos problemas. Desde dentro, cada ensayo fallido es un paso necesario hacia una exploración más segura y sostenible. Artemis II no es el final del camino, sino el comienzo de una nueva etapa en la relación de la humanidad con la Luna. El retraso actual no es un fracaso, sino el precio de hacer las cosas bien cuando el objetivo no es solo llegar, sino quedarse, aprender y preparar el siguiente gran salto: el viaje humano a Marte.

En la historia de la exploración espacial, los aplazamientos rara vez son recordados. Lo que permanece es el momento en que un cohete finalmente despega y abre una nueva frontera. Artemis II, con todas sus dificultades, sigue encaminada a convertirse en uno de esos momentos.

Etiquetas: opinión

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