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¿Malo?, ¿bueno? ¿Por quién voto?

Crónica Puebla por Crónica Puebla
28 mayo, 2021
en Opinión
¿Malo?, ¿bueno? ¿Por quién voto?
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Ramsés Ancira / @ramsesancira
Historias para armar la Historia (Primera de dos partes)

 

El próximo domingo 6 de junio de 2021, se realizarán las elecciones más competidas en la historia del país. Cuatro días después, se conmemorará el 50 aniversario del genocidio que ha pasado a la historia como “halconazo”, un crimen que fue planeado por el presidente Luis Echeverría con pleno apoyo del Partido Revolucionario Institucional.

Menos de tres años antes, el presidente Gustavo Díaz Ordaz presentó un informe de gobierno que fue interrumpido de pie, obsesivamente, por una mayoría de di­putados priistas, al tiempo que el Ejecu­tivo gritaba que tenía la facultad de “dis­poner de la totalidad de la fuerza armada permanente –o sea del ejército terrestre, de la marina de guerra y de la fuerza aé­rea–, para la seguridad interior y defensa exterior de la Federación.”

La fuerza y continuidad con la que aplaudieron los “representantes popu­lares” son comparables con la histeria con la que los nazis aplaudían a Hitler 30 años antes.

El entonces secretario de Gobernación debió sentir que se le abrían las puertas del cielo. Luis Echeverría sacó de las cár­celes militares a soldados acusados de violaciones tumultuarias, de ejecuciones y otros delitos graves. Les puso un guante blanco y formó batallones que, en Tlate­lolco, dispararon por igual contra solda­dos y estudiantes.

 

Reclutó también a estudiantes de vo­cacionales, muchos de ellos jóvenes con fuertes resentimientos sociales por haber vivido una infancia de miseria y maltra­tos. Los entrenó en artes marciales y así nació la semilla de los Halcones.

Antes de esto, Díaz Ordaz había dicho: “No admito que existan presos políticos”, pero agregó que, si alguien los encontra­ba, “giraría de inmediato las órdenes de libertad”.

Cincuentaiún años después, la Secre­taría de Gobernación en México, tras pre­siones de la Organización de las Naciones Unidas, declaró que George Khoury La­yon es un preso político.

Khoury está acusado de haber asesi­nado a la Santísima Trinidad, encarna­da por un hombre con tres actas de naci­miento y tres números de CURP, Hugo Al­berto Miranda Torres, Hugo Alberto León Miranda y Hugo Alberto Wallace Miran­da. Han pasado ya 16 años desde su des­aparición, pero seguramente se trata de una entidad etérea porque ninguno de los

tres cuerpos ha sido encontrado.

El 7 de diciembre de 2020, el presiden­te López Obrador dijo que estaba harto de estos casos de fabricación de culpables y ordenó que la Secretaría de Gobernación los resolviera. Tal y como no lo hizo Díaz Ordaz, López Obrador tampoco ha girado de inmediato las órdenes de libertad de es­te preso político.

De una buena vez le voy a decir que no creo que la solución sea no votar; todo lo contrario. La intención es sugerirle que no lo haga a ciegas, que no le crea a ninguna candidata o candidato sólo porque repre­senta a un partido.

Que revise, si puede –y sí puede, por­que existen herramientas para ello– la ex­periencia, capacidad o representatividad que tiene esa persona. Si ya ocupó un car­go público, ver si lo terminó, o si saltó co­mo chapulín a otro espacio antes de que terminara de roer el hueso del presupues­to público, y, si es alguien nuevo, si real­mente tiene propuestas útiles para su co­munidad.

El Instituto Nacional Electoral es co­mo la democracia: no sirve, pero es lo me­jor que tenemos. La razón de que no sir­va es que está integrado por representan­tes que cobran en los partidos políticos; pero de eso a lanzar mensajes como el de Ricardo Salinas Pliego, empresario con­sentido de la familia Salinas de Gortari y del actual presidente López Obrador, en el sentido de que el INE debe morir, hay una enorme diferencia.

Eso, que deberían morir, es exactamen­te lo mismo que pensaron los que han ase­sinado, hasta el 26 de mayo, a 34 seres humanos –hombres y mujeres– que as­piraban a un cargo público. El 89% de los crímenes fueron perpetrados contra per­sonas postuladas por partidos distintos a los que hoy gobiernan.

Cualquiera que sea el caso, parece muy evidente que esos partidos, al menos a ni­vel local, ya están apalabrados con el cri­men organizado, por lo que un primer fil­tro podría ser ese. Sí en su distrito elec­toral mataron a un candidato, parece de sentido común que no vote por el partido que actualmente tiene el poder.

Casi ningún partido político grande se salva de su falta de compromiso con la democracia; por eso, más que en colores, hay que pensar en personas.

El Partido del Trabajo, fundado en 1990, no tiene un presidente; tiene un dueño, que se llama Alberto Anaya.

El PRD tuvo muchos fundadores: Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Andrés Manuel López Obrador y He­berto Castillo; sin embargo, tiene más de 12 años controlado por la secta que enca­bezan Guadalupe Acosta Naranjo, Jesús Ortega y Jesús Zambrano, mejor conoci­dos como Los Chuchos.

Al principal activista, promotor y de­fensor del PRD, Fernando Belaunzarán, prácticamente le dieron una patada en el trasero y lo arrojaron al PAN, donde com­petirá por una alcaldía en la que no vive.

En Morena se celebraron tres encues­tas para decidir quién sería el presiden­te del partido. Las dos primeras las ga­nó Porfirio Muñoz Ledo, pero tiraron lí­nea y se hizo una tercera encuesta, hasta que ganó el más disciplinado, Mario Del­gado, quien encabeza el movimiento des­de 2020.

En su biografía en la Wikipedia, Ma­rio Delgado es señalado como integrante de la secta Nxivm, que está sujeta a inves­tigación judicial en Estados Unidos des­de 2018.

Mario Delgado dijo que sólo tomó cur­sos, pero se desenmascaró cuando impu­so como candidata de Morena a la guber­natura de Nuevo León a Clara Luz Flores, quien también dijo que sólo tomó cursos de superación personal, pero negó cono­cer al líder de Nxivm, Keith Raniere. Se­manas después publicaron un largo vi­deo, en donde se les ve juntos.

Cabe decir que los cursos de Nxium no eran para aprender idiomas, artes, ciencia o política, sino para proclamar la superio­ridad y el dominio sobre los demás, como ocurrió en los años 30 con la raza aria.

Mario Delgado ha sido acusado de un tremendo desaseo en la selección de can­didatos, prefiriendo las alianzas con gen­te de otros partidos, que con los fundado­res del suyo.

Este es el caso de los candidatos mi­grantes, quienes acusaron a Delgado de imponer cachirules; esto es, a personas que ya no residen en Estados Unidos y por lo tanto no serán de utilidad para defen­der a los mexicanos que radican en el ex­tranjero.

De igual manera, se le acusa de haber hecho una alianza con la Unión Democrá­tica de Coahuila, en el norte del estado. El Instituto Electoral de la entidad consideró que esta coalición era ilegal, pero entonces decidieron usar como prestanombres de los líderes a un mesero y a un músico, que no es que no tengan derecho a ser diputa­dos federales, sino que, de acuerdo con el empresario Mario Dávila Longoria, crea­dor de un proyecto regional para aumen­tar los salarios, el turismo y la producción agrícola e industrial, serán simples em­pleados de los líderes de la Unión Demo­crática de Coahuila.

Finalmente, los municipios que fueron gobernados por esta Unión, a pesar de la riqueza que les genera la frontera con Es­tados Unidos, dejan una deuda millonaria, que no heredarán otros municipios gober­nados por el PRI o el PAN.

Por supuesto, la decisión de la Cuar­ta Transformación de poner como presta­nombre de Félix Salgado Macedonio a su hija Evelyn Salgado Pineda, quien nun­ca ha ocupado un cargo de elección po­pular y que, a pesar de ser abogada egre­sada de una universidad religiosa, es in­capaz de sostener un debate político, tam­poco ayuda. Lo que hace Evelyn es equiva­lente a querer estudiar un postdoctorado sin haber acreditado la preparatoria. Estos hechos equivalen a una sucesión monár­quica que nada tiene que ver con una Re­pública Federal.

De los valores morales del Partido Ac­ción Nacional también habla el hecho de que, al serle retirada la candidatura a Mi­guel Ángel Yunes para gobernar el puerto de Veracruz, lo sustituya su esposa, tam­bién abogada, Patricia Lobeyra Rodríguez.

Salgado Pineda es egresada de la Uni­versidad Lasalle, y Lobeyra de la Cristobal Colón, fundada por los padres escolapios; así, ninguna de ellas parece tener mucho amor por la educación laica.

Por cierto, el clasismo del PAN afloró hace pocos años, cuando la rubia exparti­cipante de concursos de belleza publicó en sus redes sociales este mensaje: “No te pre­ocupes, que votar por López Obrador no te va a quitar lo naco”.

Los casos de Veracruz y Guerrero nos remiten al año 1492, con el lema de los Reyes Católicos: “Tanto monta, monta tanto”, que se podría traducir al español contemporáneo como “Da lo mismo Cha­na, que Juana”.

Para terminar con la primera parte de este análisis, quiero contarle algo bueno, justo y ético.

Este año de 2021, por primera vez po­drán votar las personas que se encuentran en prisión preventiva. El Instituto Nacio­nal Electoral determinó que debe prevale­cer la presunción de inocencia de las per­sonas que no han sido sentenciadas y que en cientos de casos han resistido torturas, pero no se han declarado culpables.

La pregunta es por quién votarán es­tas personas y sus familiares, si da lo mis­mo que gobierne Calderón, Peña Nieto u Obrador, porque igual los extorsionan, los golpean y los humillan en prisiones fede­rales y locales.

Cómo votarán si quienes los torturaron como policías cuando fueron procurado­res de la República Eduardo Medina Mo­ra y Marisela Morales hoy son fiscales en la administración de Claudia Sheinbaum.

Como parte de mi experiencia, le quiero contar que fui el primer periodista en Mé­xico que transmitió en vivo los pormeno­res de un fraude electoral, en el momento mismo en que se cometía, pero esto ten­drá que esperar a la segunda parte de es­ta entrega.

Etiquetas: eleciconesGustavo Díaz Ordazvotos

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