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Mentiras sistemáticas, nuestra otra pandemia

Crónica Puebla por Crónica Puebla
1 febrero, 2021
en Opinión
Mentiras sistemáticas, nuestra otra pandemia

Foto: Cuartoscuro / Archivo

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Iván Mercado / @ivanmercadonews / FB IvánMercado

Los expertos del desarrollo y conducta humana afirman que cuando una persona tiende a mentir de manera frecuente o permanente es porque el sujeto puede vivir bajo un pensamiento fantasioso y, por lo tanto, padece una patología conocida como mitomanía, que es un trastorno mental que lleva a las personas a transformar y deformar la realidad en escenarios, hechos o datos que sólo están en su mente.

El Departamento de Psiquiatría y Salud Mental, de la Facultad de Medicina de la UNAM, refiere que en el país 15% de la padece algún tipo de trastorno mental, como depresión, angustia, bipolaridad y esquizofrenia, entre otros. La mitomanía también forma parte de estos padecimientos.

Una investigación hecha por la Universidad de Massachusetts reveló que 60% de sus participantes mintieron al menos una vez durante una conversación de 10 minutos, un fenómeno normal conocido como “mentiras esporádicas”.

La mentira, pues, es una práctica común entre los seres humanos cuando tratamos de obtener algo o evitar algún castigo, sin embargo, cuando esa es una tendencia compulsiva y permanente para negar hechos irrefutables o para afirmar fantasías, que sólo esa persona aprecia como realidades, entonces existe un padecimiento que debe ser diagnosticado y tratado por profesionales de la salud.

No obstante, cuando la mentira se fomenta, se tolera y se utiliza de manera sistemática por varios individuos con una responsabilidad pública, entonces la práctica se transforma en estrategia y la estrategia en desgracia para quienes sólo tiene la opción de creer o cuestionar.

En México, la pandemia por COVID-19 ha venido a desnudar lo que en principio se apreciaba como una duda razonable, entre la claridad de pensamiento del responsable de la nación y la ignorancia en la que podríamos estar hundidos los mexicanos, que por décadas de manipulaciones de la realidad terminamos en un saqueo descomunal.

Por ello, la frase “yo tengo otros datos” resultó tan poderosa en un inicio, tan impactante, que al ser escuchada por primera vez nadie fue capaz de refutarla, al sabernos potencialmente engañados e ignorantes de la realidad, en la que la nefasta administración saliente nos había dejado a los mexicanos hace dos años.

Tras 25 meses, con un cúmulo de promesas incumplidas, con proyectos injustificados, con acciones atentatorias a la vida institucional del país y con una pandemia que cuestiona y exhibe cada día a las autoridades de esta nación, está claro que nunca se trató de un trastorno en la psique de una persona en particular. A estas alturas es incuestionable que el líder y muchos de sus colaboradores encontraron en la ignorancia colectiva y el justificado deseo de vivir en una realidad distinta, justa y posible, el terreno fértil e idóneo para utilizar la estrategia del engaño cotidiano y con ello, ganar el tiempo suficiente para concretar su proyecto e ideología política.

Hoy es demasiado claro y para muchos, cada vez más desilusionante, la inviabilidad de casi todo lo que se ofertó, como cuarta transformación, y ha sido justamente un virus el encargado de servir como una lente de aumento, para desvelar la verdad que hoy nuevamente tiene a México contra la lona.

Los 158 mil 536 muertos (oficiales) y las decenas de miles de muertos más destapados hace apenas unas horas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), exhiben el tamaño de la manipulación oficial sobre la dimensión de la verdadera desgracia que ya se ha instalado sobre los mexicanos.

Las “lucesitas” que ya se veían al final del túnel, en realidad no existen.

Lo que si es peligrosamente real es que según el semáforo epidemiológico manejado desde la federación, este lunes 1 de febrero el territorio nacional luce en su peor escenario desde que la enfermedad llegó a México, con 13 estados en color rojo, 17 entidades en tono naranja y dos en ámbar.

Ya no hay estados verdes, por lo tanto, ya no hay territorios donde se haga necesario vacunar a maestros para un “inminente” regreso a clases presenciales.

Pero eso no es todo, las vacunas anti COVID y los anuncios triunfalistas de su llegada por millones al país, han quedado invalidados por esa impertinente realidad que se empeña una y otra vez en exhibir las mentiras sistemáticas que se le avientan todos los días a los mexicanos.

La empresa farmacéutica Pfizer tuvo que suspender las entregas “prometidas” a México (y con ello, también suspenderse la vacunación programada para miles de trabajadores de la salud en su segunda dosis), por la decisión de ampliar una de sus plantas productoras y con ello producir más bióticos.

Ahora, el mismo ejecutivo federal tuvo que aparecer desde su muy cuestionado auto confinamiento, para acallar versiones de mala fe, que surgieron precisamente por el vacío que a estas alturas significa la falta de credibilidad del “científico y vocero” de la pandemia, quien como el icónico personaje de La Chimoltrufia: lo mismo dice una cosa que otra.

Dados los erráticos mensajes del insostenible subsecretario de Prevención y Promoción a la Salud, el Ejecutivo federal tuvo que dejar su obligado reposo para caminar a lo largo de muchos metros en los pasillos de Palacio Nacional, hablando sin mayores pausas para desmentir, así, las versiones de un ictus inexistente.

Pero hubo algo más en ese video altamente difundido en redes sociales, el presidente anunció que para la próxima semana llegarán millones de vacunas rusas denominadas Sputnik V, otras 870 mil dosis de biótico de AstraZeneca y una vez culminada su Fase 3 también llegarían 6 millones de la vacuna de la empresa china  CanSino.

La frase más comprometedora del Ejecutivo: “No descarto que para finales de marzo tengamos vacunados, con una primera dosis, a todos los adultos mayores de nuestro país” (15 millones 425 mil mexicanos comprendidos de los 60 años de edad en adelante), según los más recientes datos del INEGI.

Nadie debe dudar de las buenas intenciones de la declaración. No, ese no es el problema, a estas alturas, la duda se impone a partir de la enorme cantidad de imprecisiones en las que esta administración a cometido por hacer de la mentira, una estrategia fallida.

El deseo es que en esta ocasión, y por el bien de México, al presidente le hayan dicho la verdad de las  proyecciones y los escenarios.

Etiquetas: ciudadcoronaviruscovidenfermedadestadoinegiMéxicoopinionpaisPuebla

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