Notas para una defensa de emergencia
Silvino Vergara Nava
correo: [email protected] web: parmenasradio.org
Lo dejo a su criterio
Frase popular para la corrupción
De acuerdo con las estadísticas de WJP (World Justice Project), México se encuentra en la posición número 135 en el combate a la corrupción en el mundo.
Debajo de nuestra nación se ubican Uganda, Camerún, Camboya y Congo; es decir, estamos al nivel de países africanos y de los más rezagados del continente asiático, lo cual no se puede dejar en segundo término, ni resulta cosa menor, pues precisamente esta administración pública federal ganó las elecciones en 2018 de forma apabullante a sus rivales con la bandera del combate a la corrupción.
La decepción es mayúscula por lo que está sucediendo actualmente. Por ejemplo, en la administración publica, en el Poder Legislativo, así como en el Poder Judicial, poco interés hay para combatir la corrupción, y por ello ese lugar tan decepcionante.
La última intentona legislativa para combatir la corrupción fue en el sexenio anterior. Después de la evidencia del caso de la propia presidencia de la denominada “casa blanca” de Lomas de Chapultepec de la Ciudad de México, se tuvo que reformar la Constitución el 27 de mayo de 2015, para modificar el sistema jurídico de la responsabilidad de los servidores públicos, con el cual se creó un tribunal especializado en la materia. Hoy, a seis años de esta modificación, se puede decir muy poco de los efectos de dicha reforma constitucional. Pareciera que cada día es más complicado combatir la corrupción, y el sistema que se creó solamente hizo más complicado el combate a la citada corrupción.
Ya en la administración pública federal actual se modificó la Constitución, el numeral 19, para establecer delitos que versan sobre acciones de corrupción que se consideran delitos que requieren de pena de prisión oficiosa; sin embargo, también se ha visto poco en cuanto al avance para combatir la corrupción, y, por ello, el lugar que se tiene pareciera bien merecido, por lo poco que se ha sucedido para evitarlo.
En la legislación secundaria no se ha modificado como para que se pueda eficientar el combate a la corrupción, por ello es que se sigue en esa posición tan deplorable para nuestra nación, pues en lugar de que el legislador se haya sumado al combate, provocando cambios que permitan acabar con la corrupción, pareciera que es lo contrario: como que no hay mucho interés en combatirla.
El caso de la materia fiscal es un ejemplo claro y contundente de que se ha hecho muy poco para acabar con la corrupción. En primer lugar, subsiste el sistema de la administración pública federal anterior, en relación con la atención de los contribuyentes por medio de citas. En lugar de considerar que al tratarse de una oficina pública que debe atender a la población en el orden que acuden, como antaño, ahora con ese sistema electrónico de citas lo que ha provocado es más corrupción, pues es hecho notorio que se venden las citas, y que la propia titular del servicio de administración tributaria ha reconocido, y lejos de desaparecer el sistema de citas o, por lo menos, de limitarse solamente a ese sistema para su atención, es una muestra de que no hay intención de acabar con la corrupción.
Y a este ejemplo hay que añadir los procedimientos de las invitaciones, que no hay plazos en ley, y, por ende, para que los particulares cumplan con los requerimientos que se les emiten, dependen los plazos del criterio libre de los servidores públicos.
Lo mismo sucede con el caso de las notificaciones personales o por buzón tributario, que queda a criterio de la autoridad la forma de notificar a los contribuyentes.
Esto sucede igual con los embargos, en donde queda a criterio del ejecutor si al embargar extrae el bien del domicilio del contribuyente o bien lo nombra como depositario, y así un sinnúmero de casos en materia fiscal que demuestran que entre más facultades discrecionales para las autoridades, es más la arbitrariedad y, por ende, la corrupción.
Finalmente, por lo que hace a los tribunales y el Poder Judicial, poco ha hecho con ello, pues a sabiendas de todas esas disposiciones legales que emiten amplias atribuciones, es evidente que era para que declarara la inconstitucionalidad de las mismas, pero esto no sucede si es que, simplemente, el titular del Poder Judicial con lo que se presentó con la reforma en materia de administración de justicia y su reelección, en lugar de dar un paso al costado, lo que hizo fue defender en un principio la continuidad de su cargo, hasta que llegó la presión social a niveles que ya no se pudo contener.
En resumen. El número 135 está muy bien ganado, penosamente, por nuestra nación, y el combate a la corrupción quedará para la siguiente transformación.


