Por: Alejandro Cañedo Priesca
“New York, New York” cantaba Frank Sinatra y en el momento de escucharlo viajamos a la Gran Manzana, como también se le conoce a Nueva York.
Nueva York es más que Manhattan; más que rascacielos, restaurantes de moda, pantallas en Times Square o Central Park.
El Nueva York profundo está a 320 kilómetros de la ciudad. Si, en el estado de Nueva York se encuentra el parque natural más grande de Estados Unidos, que tiene algo paradójico. Es más grande que varios estados, más grande que algunos países, ya que tiene casi el mismo tamaño que Bélgica y se ubica cerca de la zona con mayor densidad de población del país.
El Adirondack State Park es un destino natural para experiencias distintas a lo que uno se imagina cuando escucha la palabra Nueva York.
Los 12 mil 950 kilómetros cuadrados de lagos, bosques ríos y colinas eran un territorio ajeno al mundo hasta los años 30 del siglo XIX. El parque forma parte de uno de los sistemas montañosos más antiguos de la Tierra.
No existen fósiles; las rocas se formaron hace 700 millones de años, antes de que la vida surgiera en todo el planeta.
En la zona, el suelo es grueso y las montañas bajas; los bosques son variados, ya que se encuentran desde maderas de coníferas, como las piceas y pinos de Canadá en los pantanos, hasta maderas duras en los valles.
Los ciervos de cola blanca son comunes en los bosques, se alimentan de hierba, helechos y árboles y en verano bajan a buscar plantas acuáticas a los lagos. De los múltiples ríos del parque Adirondack, el más célebre es el Río Hudson, que en la costa de Nueva York y Nueva Jersey, tiene el puerto marítimo más grande del mundo.
El Hudson es la vida de Nueva York, tanto de la Gran Manzana como del estado, también conocido como el “Empire State” y es posible viajar a través de su cauce y después salir del mismo hacia el oeste para pernoctar en alguna cabaña del mítico Lake Plácid. Y, al terminar, regresar a la ciudad que nunca duerme, que vibra en muchas culturas, NYC.



