Por: Lic. Guillermo Pacheco Pulido
Es relativo
Los seres humanos, de acuerdo con Platón, andan la mitad de sus vidas en el mundo lógico para enfrentarse a la realidad, pero sueñan, crean los caminos para la imaginación construyendo y materializando todos sus pensamientos: los que nacen en la vida activa para entregarlos a la colectividad como razón última del mundo de las ideas.
Dentro de estos seres humanos destacan los que con humildad obtienen un Premio Nobel, que es en sí un reconocimiento especial a mujeres y hombres con sentido de compromiso para consigo mismos y los demás, cuya vida, en total o en gran parte, está dedicada a crear, a descubrir, analizar, a debatir y a proponer soluciones que beneficien y orienten a los seres humanos.
No se necesita ser un sabio para recibir el reconocimiento del que hablamos, sino un ser con visión humana. Decía Saramago, ganador del Premio Nobel, que “el hombre más sabio que había conocido en toda su vida no sabía leer ni escribir”. Me recuerda a Sócrates, quien expresóque “no sabía nada”.
Los Premios Nobel en algunos casos son mujeres u hombres que con sus orientaciones en su literatura ponen signos de interrogación sobre aquellas cosas que por mucho tiempo se han dado como seguras. (Bertrand Russell. Premio Nobel).
Este tema del Premio Nobel vino a colación porque en las escasas visitas a la librería (por culpa del coronavirus… a alguien hay que echarle la culpa) me encontré un libro de autor poblano que no conocía, me acordé en algo del amplio currículum cultural del autor y me dije “este cuate ya merece el Premio Nobel de Literatura” y lo repito en serio y con todo sentido de respeto y responsabilidad y fundamento público.
Me acordé que en la Academia Sueca se entrega cada año el reconocimiento denominado Premio Nobel de Literatura a los autores que sobresalen en dicho campo literario cumpliendo con las características y normas establecidas al caso. La Academia envía la candidatura a Premio Nobel a diversos organismos para que emitan su opinión, consulta a sociedades literarias, asícomo de lenguas, a profesores de literatura e idiomas, a organismos que están autorizados a proponer candidatos, y al final los miembros de la academia votan para elegir al seleccionado.
Este es severa o profundamente analizado en su composición poética, preparación cultural y artística, inteligencia, se hace investigación analítica de la obra, frescura de estilo, fuerza lírica, riqueza de imaginación, y una serie de revisiones gramaticales de la obra.
El autor del libro que adquirí y al que me refería al inicio es el Doctor Pedro Ángel Palou García, poblano, escritor de novelas, ensayos literarios, crónicas históricas y una gran participación de eventos culturales.
Su vida personal e intelectual es de plena honestidad, de amplio sentido ético, de moral intachable, con estudios lingüísticos, estudioso de la literatura hispánica, académico universitario, investigador, editor, promotor cultural, maestro en las Ciencias del Lenguaje, doctor en Ciencias Sociales, secretario de Cultura en el gobierno del estado, rector de la Universidad de las Américas a la que elevó en su proyección nacional e internacional, actualmente se encuentra en los Estados Unidos de Norteamérica desarrollando su actividad profesional en la cátedra literaria.
En su obra literaria tiene más de 40 libros; de todos ellos se deriva una orientación social, instrucción cultural, realidad de la historia, limpieza en sus exposiciones, metodología, análisis sociológicos, es decir Pedro Ángel pasaría la “prueba de fuego’’ cuando su obra fuera base para recibir el Premio Nobel de Literatura.
Por encima de todo comentario yo afirmó que algún día Puebla recibirá este galardón de manos de Pedro Ángel Palou, no por el número de libros, que sería irrelevante, sino por la calidad literaria que marca la Academia Sueca.
Desde luego en todo el mundo hay fuertes y suficientes valores literarios con iguales o mejores merecimientos, pero como poblano cuando menos demos nuestro voto espiritual para que ese día de mañana llegue: la esperanza da frutos y la fe es la substancia que logra la realidad.
Quiero señalar que Puebla es un estado con personas que reúnen los requisitos para ser reconocidos como Premio Nobel, lamentablemente han muerto los que llamamos nuestros grandes ausentes: Héctor Azar, Helena Garro, Sergio Pitol y María Aguilar Velarde, entre otros.
También tenemos a los grandes presentes como Ángeles Mastretta de Aguilar y Fritz Glockner, entre otros, todos ellos con sus obras literarias, también cumplen con los requisitos de la Academia Sueca para ser declarados “algún día” Premio Nobel de Literatura.
Sólo me queda recomendar que leamos a estos grandes literatos, cuyas obras están escritas con la pluma que contiene la tinta de las obras que tienen la fuerza del porvenir y el vigor, y la fortaleza de los autores para descubrir las realidades y hacer soñar a los sueños.
Todos ellos escritores respetables que me hacen recordar a Gabriel García Márquez, quien expresóque: “La vida no es en sí lo que uno vive, sino lo que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”.


