Al Pie de la Letra
Rodolfo Rivera Pacheco
Esta semana será decisiva para las dos opciones partidistas que contenderán por los cargos de elección popular el año próximo.
Tanto la alianza del grupo gobernante, Morena-PT-PVEM, como la coalición opositora del PRI-PAN-PRD (todo indica que MC irá solo), medirán a través de encuestas quién será su abanderado para contender por la Presidencia de la República.
Sí. Por primera vez en la historia, las mediciones demoscópicas serán el método por el que las alianzas partidistas designarán a sus candidatos.
Antes eran mediciones no oficiales que realizaban partidos y aspirantes (cada vez más común desde los años 90 del siglo pasado, pero sobre todo a partir de los dos miles) para medir el mentado “posicionamiento” real; pero ahora son métodos incluso registrados ante el INE, para su formalidad.
Para los que realizamos encuestas a nivel profesional (en el BEAP desde hace 25 años) es una satisfacción que finalmente se valore el método demoscópico para definir candidaturas en los distintos institutos políticos. Pero también es cierto que mientras más se utilizan las encuestas… más se confunde y desprestigia nuestro trabajo (por algunos, desde luego).
Porque un método científico basado en una teoría comprobada y desarrollada desde hace décadas (más de un siglo, pues en tiempos de Abraham Lincoln ya se levantaban encuestas en forma rudimentaria), hoy se ha convertido también en el quehacer de vivales que engañan a los políticos (a los poco acostumbrados a razonar) con vaciladas que los colocan en posiciones absolutamente falsas y manipuladas por encargo (y por dinero, naturalmente), con la creencia de que si publican una medición en la que “van ganando”, provocarán que la gente los prefiera.
Ya lo he aclarado mil veces: eso es totalmente falso.
Pero los aspirantes (poco acostumbrados a reconocer la verdad) siguen creyendo en “consultores” que por una buena cantidad de dinero les juran que ya “van arriba” (gracias a sus “estrategias”) en encuestas telefónicas, vaciladas en internet o redes sociales o en “sondeos” maravillosos que publican revistas en sus portadas.
Y entiendo que es imposible que haya un político que acepte que no es el puntero en una medición de preferencias preelectorales.
Lo que no entiendo es que sólo crean lo que les conviene y rechacen el trabajo de los que no les dicen lo que quieren oír. Al contrario, deberían preocuparse ante cifras adversas y tomar cartas en el asunto.
Pero es una tarea inútil y absurda quererlos hacer entender que las encuestas deben ser herramientas de trabajo para corregir o fortalecer estrategias, no para satisfacer egos y vanidades.
Las encuestas son perversas si dicen que voy abajo. Pero encuestas que me dicen lo contrario, de empresas desprestigiadas o desconocidas (y hasta inexistentes) o “mediciones” telefónicas o “digitales”, esas “sí son las buenas”. En fin. Normal. Me extrañaría que ocurriera lo contrario.
Lo que sí es un hecho es que esta semana se levantarán las mediciones demoscópicas en todo el país por parte de las dos alianzas que buscarán el poder en 2024. Ojalá se realicen sin sesgos ni errores metodológicos.
Pero seguramente habrá enojados por los resultados que gritarán que las encuestas fueron “manipuladas”. Y si eso pasa en el ámbito nacional… ya imagino lo que sucederá en Puebla y los otros estados donde habrá elecciones para gobernador y en los que también por encuestas se definirán candidatos.
Puuuffff. Naturaleza humana.


