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Trump, sus aranceles, la respuesta y que esperar

Crónica Puebla por Crónica Puebla
4 abril, 2025
en Opinión
Trump, sus aranceles, la respuesta y que esperar
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Manuel Martínez Benítez

Donald Trump ha echado a andar sus amenazas arancelarias y puesto a México en alerta. El 2 de abril en lo que denominó el “Día de la Liberación”, el presidente estadounidense anunció la imposición de aranceles “recíprocos” a decenas de países con los que según el presidente Trump, EE.UU. tiene déficits comerciales significativos. La medida incluye un arancel base de 10% a todas las importaciones hacia Estados Unidos a partir del 5 de abril, sumado a tarifas adicionales, calibradas país por país, que entrarán en vigor el 9 de abril. Para potencias como China, la tarifa recíproca asciende a 34%, para la Unión Europea un 20%, para Vietnam 46%, Japón 24%, India 26%, entre otros. En total, unos 60 países enfrentarán nuevos gravámenes punitivos bajo la estrategia de Trump.

México, cuya economía está profundamente entrelazada con la de EE.UU., recibió la noticia con una mezcla de alivio y preocupación. Por un lado, nuestro país quedó exento de los aranceles recíprocos por país gracias al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). De hecho, Trump no aplicó gravámenes adicionales a México ni a Canadá invocando el T-MEC. Este trato preferencial lo celebró el gobierno mexicano: significa que una gran parte de nuestros envíos al vecino del norte seguirán con arancel 0%.

El 83.3% de las exportaciones mexicanas van dirigidas a EE.UU., así que evitar entrar en la lista negra de Trump era básico para nuestra economía.

Sin embargo, “librar” los nuevos aranceles no significa que México salga ileso. Trump incluyó a México y Canadá en otras medidas específicas: desde el 3 de abril entró en vigor un arancel de 25% a los automóviles ensamblados fuera de EE.UU. (incluyendo los fabricados en México), y el 4 de abril otro 25% a las latas de aluminio para cerveza y refrescos, ampliando así los gravámenes previos al acero y aluminio.

Además, EE.UU. mantiene vigentes tarifas del 25% a ciertas exportaciones mexicanas: específicamente a los productos que no estén amparados por el T-MEC, herencia de disputas comerciales anteriores que el gobierno de Trump reactivó. En pocas palabras, los bienes mexicanos que cumplen con las reglas de origen del T-MEC seguirán entrando a EE.UU. con tasa 0%, pero los que queden fuera del acuerdo enfrentarán un arancel de 25%. Esta distinción es crítica: se estima que apenas 48.8% de nuestras exportaciones a EE.UU. cumplen con las reglas de origen del T-MEC, lo que garantiza su libre comercio; el restante 51% no cumple con todas las reglas y ahora podran sufrir con el arancel del 25%.

Ahora bien, vale aclarar que en la práctica México confía en mitigar ese golpe de varias maneras. Primero, si los automoviles fabricados en México cumplen con lo establecido con el T-MEC, México sostiene que debe entrar libre de arancel (tal como establece el tratado). 

La orden de Trump sobre autos del 25% tiene un fundamento de “seguridad nacional” (similar a las tarifas al acero) y podría entrar en conflicto con el T-MEC, algo que se está negociando. De hecho, la propia Sheinbaum ha señalado que se busca un mejor acuerdo para el sector automotriz en los próximos 40 días.

Segundo, se está negociando que las partes o componentes fabricadas en EE.UU. no paguen ese arancel dentro del vehículo terminado. Es decir, si un coche hecho en México lleva, digamos, un motor o asientos producidos en Detroit, el valor de esos componentes sería descontado antes de aplicar el 25%. Esto reduciría el impacto efectivo en autos altamente integrados regionalmente. Aún con esas salvedades, la medida genera inquietud en armadoras y proveedores. Puebla, por ejemplo, sede de Volkswagen y Audi, observa con preocupación: aunque la mayoría de sus exportaciones cumple el T-MEC, cualquier segmento que no lo haga o nuevas inversiones en riesgo de no calificar podrían ver reducida su competitividad. Lo mismo va para las cadenas de acero y aluminio mexicanas, que desde antes ya sufrían un 25% de arancel en EE.UU. bajo la Sección 232 y ahora ven cómo se suman productos terminados como las simples latas de cerveza.

Ante este complejo panorama, México ha optado por la diplomacia y el fortalecimiento interno, en vez de la confrontación directa. Claudia Sheinbaum, presidenta de México desde diciembre, reaccionó con calma y firmeza. “No hay aranceles adicionales a nuestro país y eso es bueno para México” destacando que gracias a la relación de respeto construida con Washington se evitó lo peor.

En efecto, Trump mismo reconoció públicamente días atrás los esfuerzos de México en materia de seguridad: “Han intensificado mucho sus esfuerzos, México y Canadá”, dijo, alabando la cooperación mexicana para frenar el tráfico de fentanilo y migrantes. Esa colaboración fue clave para que Trump excluyera a México de la lista de países castigados con aranceles recíprocos. “México la libró en materia de tarifas” titularon algunos medios, y la Presidencia coincide en que dentro de todo “salimos airosos”.

Ahora bien según los dichos de la presidenta Sheinbaum ella dice que no cae en triunfalismos. Reconoce que “todavía hay dos temas pendientes” con EE.UU.: “sí se aplican aranceles a las industrias del acero y el aluminio, así como a la automotriz” señaló que México busca resolver mediante el diálogo, no con represalias a diferencia de Canadá que respondió anunciando aranceles “espejo” del 25% a autos fabricados en EE.UU. en señal de presión, el gobierno de Sheinbaum descartó aplicar un “ojo por ojo”. No es un asunto de “si tú me pones tarifas, yo te pongo tarifas”, afirmó la mandataria, enfatizando que su estrategia es otra.

En esa línea, anunció que enviará al secretario de Economía Marcelo Ebrard a Washington para buscar una solución negociada. Ebrard viajará la próxima semana para mejorar la posición de México frente a estos aranceles y, en concreto, tratar de reducir la carga sobre el acero, el aluminio y los automóviles.

Los próximos 40 días serán cruciales en esas gestiones, el objetivo es que para mediados de mayo México haya negociado condiciones más favorables para la industria automotriz, acerera y metalúrgica.

Por ejemplo, se explorará la posibilidad de reducir el arancel del 25% a los bienes fuera del T-MEC. Sheinbaum reveló que, de acuerdo con documentos de la Casa Blanca, Trump podría bajar ese arancel a 12% para México, indicando que esa sería una tarifa preferencial resultante de las negociaciones. Añadió que alcanzar ese escenario dependerá de que México profundice las acciones contra el fentanilo y otras prioridades de EE.UU.

Mientras se desarrollan las negociaciones internacionales, México ha lanzado un plan de acción interno para mitigar el impacto de los aranceles y, en general, fortalecer su economía frente a choques externos. Presidencia lo llamó “Plan México” y en realidad este plan ya estaba en el tintero; fue anunciado en enero, días antes de la toma de posesión de Trump, previendo posibles turbulencias comerciales.

Tras concretarse las amenazas arancelarias la presidenta dio el banderazo para acelerar y ampliar el Plan México como respuesta integral. El 3 de abril presentó 18 programas y acciones prioritarias que forman parte del plan, enfocadas en reforzar la economía nacional desde sus cimientos. No se trata, recalcó, únicamente de contramedidas a los aranceles de EE.UU., sino de una estrategia amplia de desarrollo económico.

¿En qué consiste el Plan México? En esencia, en hacer a México más fuerte desde adentro. Uno de sus ejes centrales es fortalecer el mercado interno: producir dentro del país lo que aquí consumimos, reducir la dependencia de insumos extranjeros (sobre todo de aquellos países con los que no tenemos tratados comerciales).

Por ejemplo, lograr la autosuficiencia alimentaria es prioridad, otro pilar es la autosuficiencia energética, México también buscará ser menos dependiente de combustibles y energéticos importados.

El Plan México también impulsa decididamente la industria nacional. Esto abarca desde sectores tradicionales como textil, calzado y muebles, hasta acero, aluminio, semiconductores y paneles solares. En la presentación del plan, Sheinbaum destacó la necesidad de incrementar la participación de México en cadenas de valor estratégicas globales.

Para ello se lanzarán programas de financiamiento productivo a través de la banca de desarrollo y la banca comercial

El componente más visible y quizá más acelerado)del Plan México es la obra pública e infraestructura. El gobierno ha decidido utilizar la inversión pública como motor contracíclico para generar empleos y demanda interna. Se anunció un ambicioso programa para “acelerar obra pública” en varios frentes: carreteras, agua, trenes, puertos, aeropuertos, escuelas y hospitales.

Para facilitar todo este despliegue, el gobierno envió una nueva Ley de Obra Pública al Congreso que agilizará las licitaciones y reducirá la burocracia en los proyectos, buscando que el dinero aprobado se traduzca en obras más rápidamente.

También el Plan México consolida y amplía los programas de bienestar iniciados en el sexenio anterior. “Fortalecer la base de nuestro proyecto: los Programas de Bienestar” es uno de sus puntos medulares. La idea es a decir del gobierno federal, que ante cualquier sacudida económica la población más vulnerable tenga una red de protección que sostenga su consumo y calidad de vida. En paralelo, se mantendrán medidas antiinflacionarias como el Paquete Contra la Inflación y la Carestía (PACIC), que controla precios de una canasta básica, para asegurar que los alimentos esenciales sigan accesibles.

En suma, frente a la embestida arancelaria de Trump, México está respondiendo en dos frentes complementarios. Por el frente externo que se apoya en la diplomacia económica, en el paraguas del T-MEC y en una relación de trabajo con EE.UU. para evitar una guerra comercial abierta. Y por otro lado por el fortalecimiento del mercado interno para evitar la dependencia y las afectaciones externas.

Por lo pronto, los próximos meses verán a diplomáticos mexicanos negociando en Washington reducciones arancelarias, mientras en territorio nacional se pavimentan caminos, se tienden rieles y se firman acuerdos con agricultores y empresarios.

El objetivo final es que cuando la guerra comercial mundial amaine, México tenga una economía más sólida y equilibrada. Si el Plan México rinde frutos, el país no sólo amortiguará el golpe de los aranceles de Trump, sino que podría emerger con un mercado interno fortalecido y menos dependiente.

Etiquetas: opinión

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