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Un mundo sin rumbo: resistencia y prospectiva

Crónica Puebla por Crónica Puebla
25 abril, 2022
en Opinión
Un mundo sin rumbo: resistencia y prospectiva
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Por: Antonio Peniche García
La otra cara de la moneda

 Nuestro presente suele ser muchas veces agobiante, desesperante. Hemos estado viviendo crisis de todo tipo: económica, de salud, de las instituciones, del medio ambiente…

Todos los días escuchamos que estamos ante algún tipo de desequilibrio. De he­cho, creo que la crisis más profunda an­te la que estamos como humanidad es la falta de un desarrollo de conciencia de nuestras raíces terrenales y de compren­der nuestro destino planetario.

Estamos ante una gran barbarie, pro­ducto de la alianza entre las fuerzas viru­lentas de dominación, violencia y odio que actúan desde el comienzo de la his­toria humana y las fuerzas modernas tec­no-burocráticas, anónimas y heladas, de deshumanización y desnaturalización, como lo apunta el gran sociólogo francés Edgar Morin, en su libro Tierra-Patria.

Tanto Morin como Ernesto Sábato coinciden: ante ideas totalitaristas, ra­dicales, que no respetan la dignidad del hombre ni la libertad, hay que resistir.

Nos vemos enfrentados ante las tor­mentas de maldad, desprecio, indife­rencia… azuzadas por seres que buscan generar la división entre hermanos y cu­yas mentes oscuras y perversas solo es­conden, en la miopía de su ego estúpi­do y en la pobreza de su alma, la pue­ril y vulgar comprensión de su breve exis­tencia terrenal.

Ante esta barbarie, ante la enorme ola de inconciencia y brutalidad, la necesi­dad imperativa consiste en resistir al conjunto de aberraciones que escucha­mos y vemos casi todos los días.

Pero esto, argumenta Sábato, exige creación. Y la creación sólo surge en la libertad y está estrechamente ligada al sentido de la responsabilidad.

Complemento ese postulado del gran ensayista argentino con un extracto del hermoso poema aparecido en la pelícu­la “Invictus”, sobre la vida de Nelson Mandela:

“[…] Le doy gracias a los Dioses

Por mi alma inconquistable.

En las garras de las circunstancias,

no me he estremecido ni gritado. […]

Más allá de este lugar de rabia y lá­grimas,

Se cierne el horror de la sombra.

No obstante la amenaza de los años,

me encuentra y me encontrará sin miedo.

No importa qué tan estrecha sea la puerta,

Qué tan cargado de castigo el perga­mino.

Yo soy el amo de mi destino.

Yo soy el capitán de mi alma”.

Dueños de nuestras almas y capitanes de nuestros destinos, somos, sin dudas.

Sin embargo, el ser humano de esta posmodernidad se encuentra encadena­do al miedo de confrontarse a sí mismo. Y su libertad más preciosa, la del alma, se encuentra coaccionada y ahogada por una indiferencia bárbara para lanzarse a crear una realidad diferente.

No hemos entendido que el ser huma­no sólo se salvará si pone en riesgo su pro­pia vida por el prójimo… paradójicamente.

A pesar de escenarios terribles y desga­rradores que puedan cernirse sobre noso­tros, la luz de la esperanza se asoma siem­pre. Hemos aprendido a superar las crisis que nos azotan, con su propia fuerza. Ci­to nuevamente a E. Sábato:

“Hombres y mujeres, con el único re­curso de la tenacidad y el valor, han lucha­do y vencido a las sangrientas tiranías […]. El ser humano sabe hacer de los obstácu­los nuevos caminos porque a la vida le bas­ta el espacio de una grieta para renacer”.

Fundamental, obligatorio y crucial es soñar, imaginar y prospectar un porvenir más justo y sensato.

Mozart, Beethoven, o cualquier maestro creador de grandes sinfonías, lograba primero imaginarse en su mente las más sublimes notas que un día toca­ría la orquesta.

“Nunca desistas de un sueño. Solo tra­ta de ver las señales que te lleven a él”, frase memorable de Paulo Coelho.

La finalidad de la prospectiva no es adivinar el futuro, no es anticiparlo. Es un desafío que nos convoca a abrir las puertas de lo incierto. Nos invita a gene­rar caminos por los que estamos invita­dos a transitar.

Es asumir que el futuro se abre ante nosotros con múltiples posibilidades, y nosotros podemos ser los constructores de esos nuevos senderos.

Por lo tanto, la prospectiva tiene que ser entendida como una herramienta metodológica y promotora de la crea­tividad que invita a la construcción de ese futuro partiendo de la base de que nada está decidido y todo está por crearse.

La prospectiva estudia el futuro para comprenderlo mejor y poder incidir so­bre él. La intención es idear el mejor fu­turo posible, sostiene el economista fran­cés Michel Godet, catedrático especialis­ta sobre prospectiva estratégica.

Con todo un mundo a cuestas, cargado de escepticismo posmoderno, tiene senti­do rescatar el valor de lo imaginado. Aún cayendo en el espacio de lo que algunos, de manera peyorativa, puedan calificar de utópico.

“Los Supersónicos”, una serie ani­mada de los 70’s, creada por William Hanna y Joseph Barbera, expone los “sueños utópicos” de los autores. Los Jetsons eran una familia del futuro. Se ha­blaba de que habitaban la Tierra en el año 2062. La serie fue creada en 1962.

Impactantemente, quién se imagina­ría que en este momento, varias de esas utopías son una realidad. La prospecti­va de los escenarios a ocurrir, se adelantó. En menos de 100 años, las video-llama­das; el trabajo en casa o home office; las video-consultas médicas; robots que aspi­ran la casa… No estamos muy lejos de lo­grar tener autos que transiten las carrete­ras del aire. Si no, preguntémosle a Elon Musk o a Jeff Bezos.

No se trata de crear ciencia ficción. No es pura imaginación, ni se trata de inven­tar un mundo futuro totalmente desco­nectado con el presente.

La pretensión es siempre compren­der de mejor manera el presente para poder actuar, para mejorar nuestros pen­samientos y nuestras acciones.

El pasado se ubica en la dimensión de los hechos cumplidos. Allí nada pode­mos cambiar.

El pasado, la historia, las memo­rias… son objeto de estudio y de conoci­miento. Maravilloso conocimiento…

Ese pasado puede ser referido y evoca­do; puede dar lugar a añoranzas o desaso­siegos, pero son hechos rigurosos e inmo­dificables para nosotros.

El futuro, por el contrario, nadie lo ha predeterminado aún. Todavía no existe. Es un lienzo en blanco.

En ese sentido, el futuro es espacio de libertad y al mismo tiempo, un lugar donde es posible ejercer nuestra cuota de poder, asociada a la voluntad.

El futuro de los actores sociales, (léa­se organizaciones, empresas, organismos públicos) depende de lo que hagamos en el presente.

El desarrollo humano exige actual­mente estar vinculado a la idea del bien público y su construcción es una respon­sabilidad del conjunto de la sociedad.

Lo público se configura en las relacio­nes entre los actores sociales. Es necesa­rio abordar la reconstitución y resignifi­cación de lo público, como lugar simbóli­co de la sociedad.

Pero también como espacio mate­rial de participación, de construcción de alianzas y elaboración de propuestas.

Cada una de las acciones que empren­damos hoy estará delineando, de mane­ra inequívoca, el futuro que nos espera.

Entonces, ¿por qué pensar el futuro apenas con las imágenes que nos acom­pañan del pasado? ¿Por qué apoyarnos solamente en nuestras experiencias y no darle lugar al pensamiento creativo y a la construcción de escenarios que atiendan a las nuevas variables que surgen de los estudios y análisis del futuro?

Agustín Merello, periodista ya falle­cido originario de Cádiz, España, comen­ta: “Estamos en realidad impregnados por una mirada positivista de la ciencia que, basándose en una pretendida rigurosidad metodológica, ha menospreciado el valor de los sueños”.

La imaginación y las utopías han vis­to reducida la verdadera dimensión de su aporte. Tan imprescindible para construir el futuro deseado.

Se trata de volver a darle a la creati­vidad y al pensamiento utópico el sen­tido genuino del que están imbuidos: di­namizar la acción del presente y dirigir­la hacia un mañana demandado colec­tivamente.

Es la manera de dotar al presente de una orientación que permita crear el futuro antes que padecerlo como al­go que se nos impone y que resulta prác­ticamente inevitable.

Significa también asumir el protago­nismo que nos corresponde como sujetos de nuestro propio destino y de nuestro pro­pio desarrollo. Es tomar decisiones ahora para que el futuro no nos sorprenda y que, por el contrario, se aproxime lo más posible a lo que deseamos e imaginamos.

Agrega Merello: “La prospectiva es primero un acto de imaginación selecti­va y creadora de un polo deseado, luego una reflexión sobre la problemática pre­sente (para confrontarla con la deseada) y por último una articulación ensambla­dora de las pulsiones individuales para lo­grar el futurable (futuro deseable)”.

Termino citando al director del Centro de Pensamiento Estratégico y Prospectiva de la Universidad Externado de Colombia, el profesor Francisco José Mojica: “El gran reto de la prospectiva está en rom­per el corto plazo, porque es fundamental ver hacia delante”

La gran apuesta para todos los ciu­dadanos del mundo, es soñar, imaginar, prospectar y construir nuevos proyectos de país. Incluyentes, prósperos, justos, equitativos.. Y con el liderazgo del Esta­do, integrar las propuestas de la sociedad civil, el sector productivo y la academia.

No podemos construir las naciones del mañana si dejamos que el encono, las mentiras, la violencia, las simulacio­nes y los engaños, sigan alimentando las torrentes sanguíneas de nuestro planeta.

Comencemos a cambiar la energía y el ánimo de este mundo. Cambiemos de ac­titud. El futuro, sostiene la prospectiva, está en nuestras manos.

Está en nosotros, en nuestra volun­tad, en nuestra decisión libre y en el uso adecuado de nuestras capacidades, crear el futuro que deseamos.

Etiquetas: Agustín MerelloFrancisco José Mojica:

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