Hace 82 años, en las elecciones del domingo 7 de julio de 1940, para renovar la Presidencia de la República, en manos de Lázaro Cárdenas, sucede una de las peores jornadas: 350 muertos (30 sólo en la capital mexicana).
Partidarios de Manuel Ávila Camacho, “Verdes”; Juan Andrew Almazán, “Rojos”; y de Rafael Sánchez Tapia, generan la masacre al ametrallar y atropellar filas de votantes, asaltar casillas y robar cientos de urnas.
Cárdenas se había prometido una elección limpia, justa y democrática.
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