Por: Dr. José Manuel Nieto Jalil/ Director del Departamento Regional de Ciencias en la Región Centro-Sur. Tecnológico de Monterrey Campus Puebla
La Comunidad Europea acaba de autorizar el consumo de diferentes insectos tales como gusanos, saltamontes y grillos una vez que sus científicos han certificado que es muy segura su ingesta. Los insectos constituyen una fuente de proteína muy importante y contienen ácidos oleicos saludables como el Omega-3 y el Omega-6, además de fibra y minerales como hierro, magnesio, calcio zinc y vitamina B12.
Otras de las características destacadas acerca de esta aprobación se centran en el hecho de que el coste de cultivar insectos en granjas es mucho más económico respecto a las granjas de cerdos o vacas, requieren 100 veces menos tierras para producir la misma cantidad de proteína animal, consumen menos agua, para su crecimiento no necesitan de antibióticos y no utilizan energía alimentaria para mantener la temperatura corporal por ser animales de sangre fría, por lo que el ahorro en recursos y emisiones de efecto invernadero son considerables y contribuyen a frenar el cambio climático.
La Organización para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO) también ha señalado que los insectos consumidos como alimento humano tienen un impacto menos negativo sobre el medio ambiente, incluyendo las emisiones de gases de efecto invernadero, que la ganadería convencional.
Los insectos son esenciales para la supervivencia de casi todos los demás animales terrestres y también para las plantas, conforman uno de los grupos de organismos más antiguos que viven sobre la Tierra, lo que muestra una capacidad de adaptación y sobrevivencia al entorno por encima del resto de formas de vida animal.
Ellos están involucrados en la inmensa mayoría de los procesos ecológicos que se dan en los ecosistemas terrestres y en gran parte de lagos y cursos de agua. De su participación depende el reciclaje de aproximadamente el 20% de la biomasa vegetal de la Tierra, siendo también los principales desintegradores de los cadáveres animales y excrementos. A esto se añade que más del 60% de las plantas dependen para sobrevivir de los insectos polinizadores. Desempeñan roles clave en el ciclo de nutrientes, las cadenas alimenticias de aves y otros insectívoros, y son uno de los pilares de nuestros ecosistemas.
Los insectos han sido un elemento importante no sólo por su función en los ecosistemas de tipo terrestre, sino también por su influencia en las sociedades humanas. Desde los albores de la humanidad estos organismos han sido parte de la alimentación, la salud y la cultura de toda la humanidad.
Adicionalmente, forman parte de la medicina tradicional desde hace miles de años. Por ejemplo, las larvas de mosca se utilizan para limpiar tejido muerto en heridas, y los productos derivados de la abeja, como el propóleo, la jalea real y la miel se utilizan por sus propiedades curativas.
El color natural de los insectos ha sido explotado por distintas culturas durante siglos. Por ejemplo, los aztecas utilizaban el color rojo producido por la cochinilla (carmín), y este insecto sigue utilizándose hoy en día como colorante alimentario natural, en cosméticos y como tinte.
Finalmente, la seda, un producto que se obtiene del gusano de seda, lleva siglos utilizándose como un tejido suave, aunque extremadamente resistente y también duradero.
Desde un punto de vista científico, los insectos se utilizan como medio para poder alcanzar numerosos descubrimientos. La simplicidad de estos insectos y su parecido genético con nuestra especie los convierten en una herramienta fundamental para los científicos. Muchos de los conocimientos genéticos se deben a la mosca Drosophila, la mosca de la fruta que, desde hace más de un siglo, constituye un modelo excelente para profundizar en nuestros conocimientos en biología y genética y que hoy en día está relacionado con cinco premios Nobel.
Por otro lado, también han inspirado la innovación humana durante muchos años. El biomimetismo (también conocida como biomimética, ciencia que estudia a la naturaleza como fuente de inspiración de nuevas tecnologías innovadoras) se ha aprovechado de las características de los procesos y organismos naturales para desencadenar la innovación, ha utilizado las prestaciones de las colmenas de abejas, las telas de araña y los termiteros para inspirar el diseño de diversos productos y procesos.
Sin embargo, el uso generalizado de insecticidas, la fragmentación de los hábitats y el cambio climático suponen múltiples amenazas para ellos, y sus poblaciones están sufriendo un fuerte descenso.
Según el análisis, más de 40% de las especies de insectos están disminuyendo y un tercio está en peligro de extinción. Su tasa de extinción es ocho veces más rápida que la de los mamíferos, aves y reptiles. La población total de insectos está disminuyendo a un ritmo de 2.5% anual, lo que sugiere que estas especies podrían desaparecer en un siglo.
La disminución de la población mundial de insectos derivada de la guerra química que se viene dando en la agricultura, donde se usan semillas blindadas contra hongos, fertilizantes, pesticidas como los neonicotinoides y herbicidas, como el glifosato, que son baratísimos y que matan todo eliminando en gran medida la cadena trófica y provoca que no haya alimento para micromamíferos, lagartijas, serpientes ni pájaros, entre otras especies de este tipo.
De continuar estas prácticas estaríamos llevando a los insectos al camino de la extinción.
Su desaparición acarrearía un colapso catastrófico de los ecosistemas de la naturaleza. Necesitamos actuar con urgencia en muchos frentes para frenar este declive. Sin ellos, el hombre desaparecería de la Tierra en poco tiempo.


