Soliloquio
Felipe Flores Núñez
Está por terminar otro año, el 2022 que fue de contrastes y de muchos días aciagos.
Afortunadamente, en Puebla, el obligado periodo de transición gubernamental ha transcurrido en absoluta concordia. Es de celebrar que prevalezcan, como valores fundamentales, estabilidad, paz social y gobernabilidad.
El timón del barco que presagiaba irse a la deriva tras el inesperado deceso del extinto gobernador Miguel Barbosa, ha sido empuñado para retomar el rumbo por Sergio Salomón Céspedes Peregrina con incuestionable firmeza, decisión y capacidad.
Sin duda, hay para Puebla rumbo, destino y un ambiente esperanzador para el año venidero.
En el escenario nacional, los matices del cierre de año no son tan halagadores.
Prevalece, por desgracia, el clima de polarización social alentado desde la cúpula del poder.
Tras las heridas aún abiertas por los daños de la pandemia, varios acontecimientos han empañado los días recientes, entre ellos, el ríspido proceso legislativo en torno a las discusiones de la reforma electoral que provocó movilizaciones de varios segmentos de la sociedad; unas más válidas que otras, pero todos en clara confrontación.
Con más proximidad, otro evento cimbró el tejido social. El atentado contra el periodista Ciro Gómez Leyva, quien salvó su vida de milagro, es un hecho que provocó reacciones de malestar y de justo reclamo.
Por sus distintas repercusiones, el grave incidente no debería soslayarse. Revela, por una parte, los niveles de inseguridad que prevalecen en el país, pero también, y de modo preponderante, la permanente amenaza a la libertad de libre pensamiento y de expresión.
El ataque se produce en torno a un constante discurso de odio que proviene desde Palacio Nacional en contra de los comunicadores que, simplemente, no han coincidido con la forma de gobierno del presidente López Obrador.
Justo un par de días antes del ataque a Gómez Leyva, AMLO había nuevamente lanzado un embate contra periodistas críticos. En su conferencia mañanera, enfatizó la necesidad de “seguir informando, no dejándoles libre el terreno”.
“Imagínense –dijo– si nada más escucha uno a Ciro, a Loret de Mola o a Sarmiento; ¡no!, pues además es hasta dañino para la salud. O sea, si los escucha uno mucho, hasta le puede salir a uno un tumor en el cerebro”.
Coincidencia o no, el mensaje presidencial fue desafortunado. Y más todavía su deslinde, en tono de la víctima, al atribuir como posible razón del atentado a “un caso vinculado al proceso de transformación que estamos llevando a cabo y que no les gusta a algunos (…). También el que grupos contrarios a nosotros, para afectarnos, hayan llevado a cabo un acto con esas características (…)”.
“Por eso, cuando plantean lo de Ciro, de que pudo ser un autoatentado, no porque él se lo haya fabricado, sino porque alguien lo hizo para afectarnos a nosotros, no lo descarto”, dijo.
En este contexto, indicó que si hay pruebas se va a denunciar al responsable, “sea quien sea. No hay privilegios, porque se está afectando la democracia en el país”.
“Nunca se había vivido un ambiente de libertades y de democracia en México como ahora. Nunca”, refirió para cerrar el tema.
Evidentemente que no se trata en este caso de cargar la culpa a nadie y menos suponer que el atentado haya sido fraguado por el gobierno de la 4T, pero es claro que las expresiones de odio son alentadoras para generar condiciones de violencia que a veces pueden llegar a niveles difíciles de controlar.
En respuesta, muy diversas personalidades del medio periodístico nacional han levantado la voz para que se realice el esclarecimiento del atentado contra Gómez Leyva, y se castigue a los responsables materiales e intelectuales, pero también para pedirle al presidente López Obrador asuma su responsabilidad política en este intento de asesinato.
Mediante una carta ampliamente difundida esta semana, han pedido acabar con el hostigamiento en contra de quienes profesan un periodismo crítico hacia el gobierno que encabeza.
En su texto dirigido a la ciudadanía, los comunicadores reclamantes asientan que “la difamación, que sustituye al debate de ideas, es una convocatoria a la violencia física contra los periodistas estigmatizados por el presidente.
Los asesinatos de periodistas marcan un récord en este sexenio, y la impunidad es alarmante”.
“De no autocontrolarse el presidente López Obrador en sus impulsos de ira hacia periodistas críticos, el país entrará en una etapa aún más sangrienta que ya han experimentado otros países latinoamericanos: asesinar periodistas para desestabilizar al gobierno, o matar en pago de favores al gobierno. El presidente tiene la palabra”.
Los constantes amagos de AMLO contra periodistas no son cosa nueva, han sido parte de una estrategia permanente desde que llegó al poder. Tampoco los reclamos son recientes, incluso han trascendido a nivel internacional.
Recuérdese que en marzo pasado, el Parlamento Europeo había pedido al gobierno mexicano abstenerse de cualquier comunicación que estigmatice a periodistas y advirtió que “la retórica, abuso y estigmatización” del presidente AMLO contra los medios de comunicación “genera un ambiente de agitación incesante”.
Pidió además garantizar la protección y la creación de un entorno seguro para periodistas y destacó incluso que “México es desde hace mucho el lugar más peligroso y mortífero para los periodistas fuera de una zona de guerra”.
Aquella vez, el gobierno de México también reaccionó de manera inadecuada. A través de un comunicado, consideró lamentable que los parlamentarios europeos se sumaran como “borregos” a la estrategia “reaccionaria y golpista” de un grupo corrupto contra la 4T, impulsado por millones de mexicanos para enfrentar la “monstruosa” desigualdad y la violencia heredada por los gobiernos neoliberales.
Así las cosas, preocupa que el 2022 sea clausurado entre grises nubarrones.
Ojalá no sea mal augurio para el año por llegar, en cuya agenda hay eventos que suponen nuevas y duras confrontaciones, entre otros, el importantísimo relevo en la presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, garante de la legalidad y del Estado de Derecho, y la suplencia en los mandos del ya vapuleado Instituto Nacional Electoral, a lo que se sumará después la fragorosa batalla política en la definición de candidatos, con miras a la guerra del 2024.
Felices fiestas. Nos encontramos nuevamente en 2023.


