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Marco Antonio Rojas Flores, honor a quien merece

Felipe Flores por Felipe Flores
25 agosto, 2022
en Soliloquio
Marco Antonio Rojas Flores, honor a quien merece

Archivo Agencia Enfoque

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Soliloquio

Felipe Flores Núñez

Durante la mañana de este miér­coles murió Marco Antonio Ro­jas Flores, personaje singular durante una etapa relevante de la vida política y social de Puebla.

Si bien le precedía una larga enferme­dad que se fue agudizando durante las semanas recientes, la noticia de su dece­so –gentilmente compartida por su nieto Abraham Rojas– me resultó especialmen­te conmovedora.

Evoqué su trayectoria.

Oriundo de Tecali, cuyas raíces pue­blerinas presumía con orgullo, fue quizá la figura más destacada de una relevante clase política que surgió al amparo de Al­fredo Toxqui Fernández de Lara, goberna­dor de Puebla de 1975 a 1981.

CORTESÍA JOSÉ ABRAHAM ROJAS

Aquel grupo tenía estilo propio y con­vicciones de sentido social.

Sabían de política y la ejercían en su absoluta dimensión bajo principios aho­ra extraviados, como el respeto, la disci­plina y la lealtad.

Querían a Puebla y trabajaban por ella, sin permitir que intereses personales o de grupos se antepusieran.

Como maestro normalista, al tiempo de ser docente en escuelas primarias, Ro­jas Flores cursó la carrera de Derecho en la BUAP y en sus tiempos libres comen­zó a involucrarse en actividades políticas.

Fue dirigente estatal del PRI y diputa­do local y federal.

Presidente municipal de Puebla de 1990 a 1993, fue además durante dife­rentes gobiernos titular de las secretarías estatales de Comunicaciones y Transpor­tes, Gobernación, Educación Pública y Finanzas.

He sostenido siempre que el mayor le­gado de mi larga función pública, aun en niveles modestos, ha sido la oportunidad de compartir vivencias laborales y perso­nales con figuras de la talla de Marco An­tonio Rojas Flores.

Lo conocí en los últimos días de di­ciembre de 1989, recién me había mu­dado a Puebla tras una fragorosa etapa laboral en Ciudad de México.

Un par de meses atrás, Rojas Flores ha­bía ganado holgadamente la elección para la presidencia municipal de Puebla capital.

Sin conocerme, con acaso algunas re­ferencias, me invitó para integrarme a su equipo, como responsable de la comuni­cación social. Acepté sin reparo.

Aquel trienio fue intenso y alecciona­dor. Ya habrá momento y ocasión para recapitular la obra pública sin preceden­te que desarrolló bajo el lema “Por la Pue­bla que todos queremos”.

Decenas de vialidades que hoy son par­te de la extensa red urbana, el primer pa­so a desnivel en Puebla –en la CAPU–, cu­yos trabajos supervisaba en las madruga­das, y una atención singular a los proble­mas que entonces figuraban como los de mayor demanda ciudadana: alumbrado público, bacheo y recolección de basura.

Fue pionero en la modalidad de incluir un video en sus informes anuales, para exponer los logros alcanzados. “Por ser testimoniales, las imágenes valen más que las palabras”, decía. Lo hechos así lo acreditaron.

Su mayor orgullo –lo repitió muchas veces– fue haber atendido también a las 17 juntas auxiliares, al reconocer que ahí había olvido y rezago, pobreza ancestral. En todas hubo obras –escuelas, caminos, calles, drenajes, luminarias– de la mano del programa federal Solidaridad que en­tonces impulsaba con énfasis el gobierno de Carlos Salinas de Gortari.

Le llegaron después los tiempos de la ilusión y la desesperanza.

Se avecinaba la sucesión.

Varios estudios de opinión propios, del PRI local y nacional, e incluso varios del gobierno federal, lo perfilaban como el candidato natural para suceder en la gu­bernatura a Mariano Piña Olaya.

Nunca perdió la cordura ni la sensatez.

Al menos un par de veces fue convoca­do a Los Pinos para entrevistarse con Jo­sé Córdoba Montoya, el hombre más cer­cano al presidente Salinas de Gortari y quien entonces movía los hilos de la po­lítica en el país.

Los indicios eran cada vez más claros.

Nunca se supo el detalle de esas con­versaciones, pero las insinuaciones eran evidentes. “Vamos bien”, llegó a decirme.

Discreto, como era, medía muy bien sus palabras en las habituales conversa­ciones que me concedía casi todas las no­ches en su oficina de Palacio Municipal.

Semanas después y de manera intem­pestiva, todo cambió.

El gobierno federal anunció que Ma­nuel Bartlett Díaz dejaba la Secretaría de Educación Pública para ocupar un nue­vo cargo: la Coordinación Regional de Delegaciones de la Secretaría de Desarro­llo Social, con cobertura en algunas enti­dades del centro y sur del país, incluyen­do a Puebla.

Tal figura no aparecía en el organigra­ma de la dependencia, por lo que la de­ducción fue obvia: vendría a Puebla. Y así ocurrió. En una hábil maniobra, Bartlett propuso el gobierno de Puebla en lugar de ir a la Embajada de México en Francia, co­mo lo quería el presidente Salinas.

Marco Antonio Rojas soportó aquel golpe con mesura y sabiduría. Fue extre­madamente institucional.

Luego incursionaría en algunos nego­cios, como un restaurante frente al Puen­te de Ovando y una pequeña industria porcina en su natal Tecali, también ofre­ció asesorías en políticas públicas.

CORTESÍA JOSÉ ABRAHAM ROJAS

Con Melquiades Morales como gober­nador, ocuparía su último cargo púbico, al frente de la Secretaría de Comunicacio­nes y Trasportes, y luego se daría tiempo para editar una serie de libros sobre Pue­bla, en coautoría con el también añorado Pedro Ángel Palou Pérez.

Ante la noticia de su deceso, los re­cuerdos me atropellan con penar. Me quedo por lo pronto con su nobleza, sen­cillez, vocación de trabajo, probidad y su cabal amor por Puebla.

Honor, a quien honor merece.

UNA VIDA POLÍTICA DEDICADA A PUEBLA POR AMOR

En la larga trayectoria de Marco Antonio Rojas Flores destaca:

Nació El 5 de febrero de 1938 en Tecali de Herrera

Sus padres fueron Antonio Rojas Franco y Sofía Flores Vélez

Egresó del Instituto Normal del Estado como Profesor de Educación Primaria

De 1990 a 1993 fue presidente municipal de Puebla capital

Fue dos veces diputado local

Dirigente estatal del PRI

Fungió como secretario estatal de Gobernación, de Finanzas, de Educación y de Comunicaciones y Transportes

Etiquetas: fallecimientoMarco Antonio Rojassoliloquiotrayectoria

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