Soliloquio
Felipe Flores Núñez
El ambiente político-electoral se calentó en Puebla durante la semana que concluye, pero no tuvo como principales protagonistas a los candidatos, como podría suponerse. Esta vez, el ruido mediático fue provocado por las designaciones por parte de las dos fuerzas políticas en pugna de quienes ostentarán el cargo de voceros, esto es, de quienes serán la voz oficial y la fuente de información de los aspirantes a la gubernatura y a la presidencia de Puebla capital durante las campañas políticas, ya muy próximas a iniciarse.
El tema no es menor, sobre todo si se asume la presunción de que los voceros son –deberían ser– parte fundamental de los equipos de campaña. Por definición, el vocero es aquel que habla en nombre de otra, de un grupo, de una institución. En este caso, se presupone que serán él y la portavoz de los candidatos y de las organizaciones políticas que los promueven.
Es evidente entonces que la figura del vocero es de la mayor importancia, pero eso aquí no parece entenderse, no al menos en la dimensión que se le otorga en otros países, en cuyo caso los Estados Unidos es el mejor ejemplo, donde los voceros presidenciales, partidistas y de las grandes corporaciones juegan un rol estelar. Eso no ocurre en nuestro país y menos en nuestra entidad.
El mejor antecedente de una copia burda de la vocería presidencial en México lo fue sin duda el caso de Rubén Aguilar, quien durante el mandato de Vicente Fox se hizo popular por las frecuentes correcciones que hacía como vocero de Los Pinos, con la frase: “Lo que el presidente quiso decir…”.
Cierto que el vocero sirve también para corregir o aclarar ciertas circunstancias, pero su función va mucho más allá, pues al menos en la teoría, ellos también tienen voz y voto en muchas de las decisiones tanto internas como externas en la construcción de una buena imagen, además que participan activamente en los llamados “Cuartos de guerra”, espacios restringidos donde se trazan día con día las estrategias comunicativas a seguir.
En el caso de las campañas políticas, se presume que el vocero tiene gran cercanía con el candidato y es merecedor de toda su confianza. Es elegido por poseer, entre otras virtudes, calidad moral, una amplia cultura política, experiencia en temas electorales y de marketing político y, muy importante, conocimientos de comunicación y una buena relación personal con periodistas y directivos de los medios informativos.
Al tener contacto directo y cotidiano con los representantes de los medios informativos, lo que los voceros sugieran, hagan, digan o incluso insinúen, tendrá consecuencias y un peso sumamente relevante durante toda la etapa de campañas.
También en el plano teórico, entre sus atribuciones el vocero debe también participar en el diseño de los mensajes y de los planes de medios, así como sugerir acciones en casos de crisis y tener una injerencia directa en la estrategia en redes sociales.
Si se ponderan todos los factores referidos, queda claro que no cualquiera puede ser vocero de un candidato, y menos en estos tiempos de tan reñida competencia, pero eso no se percibió entre los que tomaron las decisiones. Eso parece al menos en los hechos y para corroborarlo, basta con dar un somero repaso a esos nombramientos concretados durante los días previos.
Empecemos por Morena, cuyo desatino fue notable al haber designado entre otros voceros a la activista Paola Migoya Velázquez, a quien plenamente se identifica como dura opositora a la Cuarta Transformación. Para muchos morenistas su nombramiento no sólo fue desafortunado, sino que implicaba enormes riesgos.
De qué tamaño habrá sido la pifia, que en menos de 24 horas la propia Paola Migoya hizo público el anuncio de su renuncia a ese cargo en el equipo de vocería del candidato a la gubernatura Alejandro Armenta, “por prudencia y respeto” y para no generar mayor confrontación al interior de Morena.
Es difícil saber si ella dimitió por voluntad propia o la renunciaron, pero lo cierto es que de todos es conocida su oposición a la corriente morenista y al propio presidente Andrés Manuel López Obrador, a quien cuestionó varias veces en sus redes sociales.
Entre otros de sus mensajes, alguna vez exhibió un montaje contra José Ramón López Beltrán, el hijo consentido del presidente, por ser poseedor de una motocicleta de lujo, versión que incluso tuvo que ser desmentida en la sección de la conferencia presidencial “¿Quién es quién en las mentiras?”.
Aunque no fue confirmado, se asegura incluso que el propio Alejandro Armenta le habría llamado la atención a Rodolfo Huerta por haber incluido a Migoya Velázquez entre el staff de voceros que coordinará junto con Nora Merino, Edurne Ochoa y Leobardo Rodríguez, quienes tampoco tienen experiencia en labores de comunicación, aunque en ellos se advierte al menos fidelidad al movimiento de la 4T.
En este equipo desajusta la presencia de la expriísta Sandra Montalvo, a quien apenas se le vio prestando sus servicios en el DIF municipal, al lado de la esposa del ahora candidato opositor Eduardo Rivera, aunque por lo pronto, para acreditar de qué lado está ahora, ya lanzó su primer embate al insinuar que denunciará al dirigente estatal del PRI, Néstor Camarillo, por presunta violencia de género.
También llama la atención en este recuento que entre las vocerías morenistas no se haya incluido a José Tomé, el único en el bloque oficialista que posee sobradamente el perfil adecuado, además que tiene una cercanía laboral y amistosa de muchos años con el candidato.
En el frente opositor, léase PAN, PRI, PRD, no cantan malas rancheras. La designación de sus voceros causó también estrépitos, en especial en el caso del siempre polémico Javier Lozano Alarcón, quien apoyará a Mario Riestra, candidato a la alcaldía de Puebla capital.
Nadie duda de la capacidad del exsenador panista y de sus habilidades como contestatario, y aunque su expediente y su conducta compulsiva no le ayudan mucho, podría pensarse que su inclusión es para que cumpla el papel crítico a los flancos débiles de la 4T, así como para comandar cuestionamientos a muchas de las políticas fallidas del gobierno federal.
La presencia de Lozano en un papel protagónico hace pensar en que serán altos los niveles de estridencia y así parece advertirlo José Chedraui Budib, quien será el rival –por la alcaldía de Puebla capital– de Mario Riestra.
En la víspera el empresario se dijo muy amigo del panista y que lo seguirá siendo siempre y cuando sostengan una contienda limpia por Puebla. “Los ciudadanos estamos cansados de las peleas, creo que hay altura para poder trabajar en una campaña limpia”, sugirió.
Sin amilanarse, Chedraui Budib dijo que el juego sucio no se vale porque hay altura para poder trabajar en una campaña limpia, pero también –advirtió– “que sepan que estoy dispuesto y puesto para lo que se venga”.
En el equipo de vocería en la coalición opositora “Mejor rumbo para Puebla” también figuran las senadoras Nancy de la Sierra y Nadia Navarro Acevedo, y el diputado federal Humberto El Tigre Aguilar Coronado, todos ellos con espolones, experiencia y virtudes para subir al ring.
Así las cosas, todo apunta a que durante las campañas electorales a iniciarse el 31 de marzo entrante habremos de presenciar una dura disputa verbal entre los equipos de voceros de ambos frentes.
Unos con más recursos y facultades personales que otros, la contienda será de cualquier modo encarnizada.
¿Podrán los voceros designados con los enormes retos que les aguardan, o acaso serán meros “floreros”?
¿Serán auténticos voceros o vulgares vociferantes?
Eso ya lo veremos.


