FOTOS: CORTESÍA PUEBLA ANTIGUA Y DAVID RAMÍREZ
El zócalo de Puebla capital recibió la intervención más radical de la historia moderna para los festejos del Centenario de la Batalla del Cinco de Mayo: 1962.
Eduardo Cue Merlo como alcalde se asesoró con los arquitectos de la época en el modo de realizar la obra más rápida y que no le ahorcara el presupuesto.
Uno de los consultados fue Gustavo Torres y Everardo Morales dirigió el proyecto que comenzó en 1960.
Ambos concedieron entrevistas a la urbanista Mireia Viladevall, quien en su tesis doctoral para la Universidad Autónoma de Barcelona aborda los usos de esta plaza desde la fundación de Puebla enfocados desde discursos de apropiación, dominación, estética y de utilidad civil.
En el zócalo anterior al 62, cuenta Morales a Viladevall, había glorietas con fuentes de talavera y bancas de mosaico.
La remodelación consideró colocar pavimento de piedra en unas zonas y cuadros de piedra de Santo Tomás.
Un monumento a la patria y el kiosko del centro fueron retirados, igual que una fuente circular de poca altura; en su lugar se colocó la fuente de San Miguel.
Y se agregaron las bancas de hierro: “Veíamos que era el lugar de reunión de los ancianitos, allí quedaban muy protegidos del ruido leyendo su periódico. Se reunían, platicaban”, indica Morales.
También se retiró del sitio la oficina de Luz y Fuerza que estaba del lado de la hoy 16 de Septiembre y hacía deslucir el conjunto arquitectónico colonial de Catedral-plaza principal.
Gustavo Torres cuenta el uso comercial de portales y zócalo: los primeros eran mercado puro en locales y y puestos de madera con mantas para proteger del sol.
Y en la plaza se jugaba. Los vecinos de las manzanas de alrededor utilizaban el sitio como una gran pista de carreritas, campo de escondite, y el paseo para despejar la mente.




