Mariana Flores
Al menos 100 personas por día llegan al crucero de la 7 Sur y 13 Poniente con teléfono celular, bastón de selfie y hasta cámara profesional.
La meta: producir una foto de tropezón en la vialeta donde se captaron –en cámaras de seguridad de El Balcón, el restaurante de la esquina– porrazos de por lo menos seis peatones en un video viralizado en TikTok.
Decenas de memes y bullying para los poblanos usaron esas imágenes como materia prima.
Las críticas tienen fundamento: quienes se dan trompicones no tienen ni idea de que deben cruzar en la esquina o que hay un carril sólo para bicicletas. Y no se fijan si hay obstáculos en el piso.
Crónica Puebla constató que por decenas acuden jóvenes a tirarse al piso o hacer equilibrio para lograr foto.
Humberto Domínguez trabaja en esa esquina desde hace 10 años; como transita el transporte público de Paso Bravo a bulevar 5 de Mayo, hay movimiento, sobre todo asaltos.
Y él ha visto “en vivo” a decenas de usuarios de teléfono móvil perder la vertical en las vialetas cuando pretenden cruzar la calle antes de llegar a la esquina.
Negados a pensar en espacio público
El arquitecto urbanista Arturo Villanueva explica que en Puebla la implementación de ciclovías no permea; las personas se resisten a que el espacio público lo ocupen todos.
Por ello, afirma, locatarios, transportistas y automovilistas reprueban que haya carriles exclusivos.
“La población capitalina no está acostumbrada a la cultura ciclista. Lo vimos cuando reclamaron la implementación de un carril para ciclistas y la reducción de espacios para estacionamiento”.
Y es el mismo fenómeno que ocurre en la 13 Sur y 7 Poniente: “los transeúntes no estaban acostumbrados a cruzar en un sitio específico; mucho menos a un objeto para delimitar carril”, dice.
Ve una oportunidad en los niños: si familias, gobierno y organizaciones les enseñan cultura vial, hay esperanza.


