Mario Galeana
Fotos: Mireya Novo
Como la música tiene la capacidad de transmutar el tiempo, por un momento, en el Templo de la Soledad vuelve a ser el siglo XVIII.
Lo que se escucha al interior de la iglesia no es cualquier obra barroca, sino una de las cantatas del hombre que llevó aquella música hasta su punto más alto.
Johann Sebastian Bach está en la casa y oficia la misa de esta noche.
Los ejecutantes son diez músicos –cinco mujeres y cinco hombres–, que ofrecen un concierto íntimo.
Música para setenta personas, entre amigos, familiares y colegas.
Se hacen llamar Ensamble Música Humana y su director, Omar Ruiz García, me explicará al final por qué decir “música humana” no es un pleonasmo, sino una afirmación.
Es miércoles, 5 de julio.
Toda la cantata está tensada por la soprano Elisa Avalos, que enzarza su voz junto al repique de la trompeta que insufla Eduardo Tépox. El sonido es solemne y a ratos trágico, como los santos que observan con languidez desde los altares.
Acompañan la melodía los violines de Alberto Grajales Lora, Irene Cuéllar Ledesma y del propio Ruiz García, junto a la viola de Sergio Bautista, el violonchelo de María Lipkau y el clave de Elena Ananyeva.
La obra lleva por nombre “Jauchzet Gott in allen landen” (¡Aclamad a Dios en todas las naciones!), y es una de las 500 cantatas que Bach compuso a lo largo de su vida como maestro de capilla, nombre para los responsables de la música que se escuchaba en las celebraciones religiosas.
“Imagínate que la música que se oficiaba en la misa de cada ocho días era especial, algo compuesto para cada ocasión. Parece algo más allá de lo humano, pero eso hizo Bach. A lo largo de la historia se han recabado estas cantatas, que son obras cantadas con una o hasta cuatro solistas”, apunta el director.
Junto a esta pieza, el festín de la noche incluye el Segundo Concierto de Brandenburgo, una de seis obras que Bach dedicó al hijo de este duque. A esta forma musical se le conoce como concerti grossi, pues incluye a un grupo de solistas acompañados por una orquesta. Hoy, los solistas son Angela Marcela Cáceres en el oboe, Argelia Barajas Nava en el violín, Omar Ruiz García en la flauta de pico y el mismo Tépox en la trompeta.
Si algo distingue a este concierto del resto es que contiene una de las partes más difíciles jamás escritas para la trompeta, y aún entre los músicos profesionales son contados aquellos que pueden jactarse de interpretarlas con acierto.
Pero esta noche el sonido de la trompeta serpentea junto al de la flauta de pico, recreando una atmósfera alegre, como la melodía del inicio de un viaje épico, en una época antigua de reyes y de reinas.
“Si yo le dijera a un trompetista que prepara este concierto en un mes, sin haberlo trabajado antes, es muy probable que no pueda tocarlo. Pero Eduardo Tépox ya lo ha preparado. Como participará en unos meses en el Festival de Guanajuato dedicado a Bach, me dijo que le gustaría tocarlo antes aquí, en Puebla. De hecho, así nació el concierto de hoy, esa fue la génesis”, revela el director.
La eficacia con la que cada músico interpreta su parte hace pensar que el ensamble ensaya con cierta regularidad, pero Ruiz García explica que, más que un grupo establecido, con un horario perfectamente planeado, se trata de una comunidad que vive y trabaja en torno a la música barroca.
“No es un grupo establecido y, sin embargo, tenemos como 15 años haciendo proyectos. Tenemos un grupo en Facebook en el que estamos alrededor de 130 músicos interesados en este tipo de proyectos y de música”, abunda.
Cuando el director habla de este tipo de música, se refiere a la música humana. Es decir, a una clasificación de tres niveles que existía desde el medievo: la música mundana, la música humana y la música instrumentalis.
“La música mundana se refiere al mundo, a los planetas, es decir, al sonido armónico que generan los astros y que no es perceptible para nosotros. El nivel más alto de la música, vaya”.
La música instrumentalis, en cambio, es exactamente lo contrario: “La música que se toca y se canta, la música que al final los humanos podemos hacer y escuchar, pero que es la más inferior”.
Y finalmente la música humana, es decir, del espíritu o de las almas del ser humano.
“Nosotros tomamos ese nombre como una doble acepción, con ese sentido de la música interna y espiritual, pero también en el sentido de que somos humanos. A veces puede idealizarse a los músicos, pero a mí me gusta decir que somos personas ordinarias, con una actividad extraordinaria”, afirma Ruiz García.
El aplauso del grupo entre las bancas llena los silencios entre pieza y pieza, y al final resulta apabullante. Hasta el párroco de la iglesia sale a festejar a los ejecutantes. Todos se van en paz: la misa de Bach ha terminado.
CONCIERTO ÍNTIMO
Diseñado para poco público, fue integrado así:
Programa
- Cantata BWV 51 “Jauchzet Gott in allen Landen” (¡Aclamad a Dios en todas las naciones!)
- Concierto de Brandenburgo No.2 en Fa Mayor BWV 1047
Ejecutantes
- Ensamble Música Humana
Solistas
- Elisa Ávalos, soprano
- Eduardo Tépox, trompeta
- Ángela Marcela Cáceres, oboe
- Omar Ruiz García, flauta de pico
- Argelia Barajas Nava, violín
Violines
- Alberto Grajales Lora
- Irene Cuellar Ledesma
- Omar Ruiz García
Viola
- Sergio Bautista
Violonchelo
- María Lipkau
Clave
- Elena Ananyeva



