Mario Galeana
Al Colectivo La 15 le tomó tiempo nombrar la experiencia artística que compartía con los locatarios de los mercados y los habitantes de los barrios periféricos de Puebla que recorría a bordo de su triciclo.
Se reunían para crear algo, sin ninguna instrucción o jerarquía de por medio, pero no era el arte lo que más les importaba, sino el aprendizaje y el conocimiento que surgía de la interacción y el encuentro entre todos.
Con el tiempo, este colectivo fundado en 2008 por Paula Natoli y Santos Cuatecontzi nombró a este proceso “arte envolvente”, una latencia que flotaba cada vez que ocurría un encuentro entre ellos en el triciclo y las comunidades.
Lo explican en un texto curatorial que acompaña la exposición “Caminar con la intuición”, con la que el colectivo celebra 15 años desde su fundación.
“El desarrollo de dispositivos artístico-pedagógicos móviles fue fundamental. Pudimos entender cómo incentivar un encuentro dentro de la cotidianidad de las personas que transitaban en los espacios públicos (…) A través del dispositivo se genera un corte dentro de la cotidianidad y, por medio de esa fisura, se realizan talleres y dinámicas que buscan formar parte de experiencias significativas contextualizadas”, explican.
La exhibición reúne quince de los más destacables proyectos artísticos comunitarios que el colectivo ha realizado desde entonces: procesos que van desde el aprendizaje y la interpretación artística, hasta la recuperación de la memoria en los barrios, la reflexión sobre los roles de género y la historia del arte.
“Algo que nos interesó es recrear el proceso educativo, las formas de acercamiento con la gente y cómo funcionan estas actividades artísticas en el tejido social. Porque, más allá de la experiencia creativa, que es, por ejemplo, hacer un dibujo, en el proceso se aprende de historia del arte, o sobre la memoria, por mencionar un par de casos”, explica Gustavo Ramírez, quien curó la exhibición.
Para Ramírez, quien se involucró con el colectivo durante el último año, la muestra es, ante todo, un laboratorio de creación. Por eso las salas de la Galería del Palacio Municipal, en donde se encontrará expuesta hasta el 6 de agosto, tienen ahora algo de salón de clases, de callejón, de taller, de paisaje.
“Lo que quisimos es que en todo momento las salas estuvieran vivas. La gente que viene puede dibujar, puede escribir, puede jugar matatena, puede pintar un muro con stencil. Es decir, el proceso siempre está abierto”, explica.
Entre algunas de las instalaciones que se encuentran en la muestra destaca, por ejemplo, el proyecto de La Diabla, por el cual se documentaron las vivencias y testimonios de mujeres comerciantes en los mercados.
Una pieza más recolecta también las historias de los oficios de la colonia San Miguelito –desde el panadero hasta el rotulista– y en otras dos se aprende sobre la historia de la pintora Frida Kahlo y la fotógrafa Cindy Sherman. Además de un mural elaborado junto a artistas del Universitario Bauhaus.
“Todas estas piezas están cruzadas por estos temas. El soporte del colectivo es la calle, es un colectivo de asfalto. Es un proyecto que se ha concentrado en la gente, en el territorio. No se trata de ningún tipo de caridad. Los vecinos se meten de a de veras, hasta el fondo y sin miedo”.
Durante la inauguración de la muestra, la fundadora Paula Natoli resaltaba precisamente que la exposición es un laboratorio, una experiencia estética, pero también un reconocimiento para todas las personas que han tomado parte en las actividades del colectivo a lo largo de su historia.
La exposición también tiene un carácter itinerante. Se pretende que algunas de las herramientas y de los triciclos se usen para desarrollar nuevos talleres en colonias y que las creaciones vayan siendo incorporadas también a la muestra. Una forma de colmar las salas de “remanentes poéticos”, que es como los fundadores llaman a estas creaciones.
En la sala hay siete testimonios de algunas de estas personas, así como de académicos que analizan la función social de la propuesta del Colectivo de La 15.
Como la coordinadora de la licenciatura en Arte contemporáneo de la Universidad Iberoamericana en Puebla, Alma Cardoso, quien resalta el papel subversivo del colectivo, que ha salido de “la burbuja aspiracional de los museos, galerías y academias”.
“Ubicarse en el corazón del mundo del trabajo popular mexicano, como un mercado, una escuela rural o un territorio campesino en disputa para activar relaciones afectivas y creativas, demanda un compromiso colectivo que no será asumido por las instituciones públicas”, explica.
Y la secunda Gustavo Ramírez: “Se piensa que la educación artística se da dentro de un aula o un museo, o en un salón o en una casa de cultura. Pero nunca imaginamos lo que hizo el colectivo, que ha roto estas barreras yendo al parque, al atrio de la parroquia, a la calle misma, y ha trabajado de manera horizontal con todos los públicos, niños, adultos y jóvenes”.
A METER LAS MANOS
El Colectivo de La 15 invita a los espectadores de la expo a participar en la creación de piezas.
TRICICLO, AL CENTRO DE LAS REUNIONES
Este grupo hace “arte de asfalto”: lleva a parques, mercados y otros espacios públicos las herramientas para enseñar diversas técnicas de disciplinas plásticas. Los vecinos realizan sus propias creaciones.


