En Puebla capital hay 12 sitios de arquitectura prehispánica, donde fueron encontradas piezas hechas hasta 10 mil años antes de nuestra era
Mario Galeana
El crecimiento de la mancha urbana y la explotación inmobiliaria han devorado la mitad de las doce zonas arqueológicas ubicadas en la ciudad de Puebla.
De acuerdo con un diagnóstico de Manuel Melgarejo Pérez, coordinador de museos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Puebla, la falta de arqueólogos en el estado ha impedido que se registren estos recintos históricos distribuidos en la periferia de la ciudad.
“El INAH es una institución muy noble, pero que muchas veces queda rebasada. ¿Cuántos arqueólogos somos para todo el estado?”, reconoció durante una conferencia magistral realizada en el Museo Regional de Puebla, del que es coordinador, durante el Primer Foro Nacional “Cultura y resistencia de los pueblos originarios de México”.
Los doce sitios son Tepalcayotl, en la junta auxiliar de San Francisco Totimehuacan; el sitio de Amalucan, ubicado en el parque de la zona; La Resurrección-Manzanilla, que consta de dos sitios que podrían considerarse un complejo patrimonial; Tres Cerritos, ubicado frente al club de golf del fraccionamiento La Vista; Barranca Honda, en la junta auxiliar de San Pablo Xochimehuacan; San Rosario La Huerta, en la junta auxiliar de Azumiatla; San Sebastián de Aparicio; Citlaltépetl, en la junta auxiliar Ignacio Romero Vargas; y uno en Flor del Bosque.
De todos estos, la única zona que no se encuentra urbanizada todavía es La Cueva del Murciélago, en la ranchería de San Rosario La Huerta, en Azumiatla, donde se han encontrado pinturas rupestres de tres momentos históricos distintos: uno que podría ubicarse 10 mil años antes de Cristo; otro en el periodo Clásico, entre los años 200 y 900 después de Cristo; y otro más después de la Conquista.
“La ranchería es una comunidad de migrantes que se ha dedicado a cuidar mucho este espacio. Y los datos arqueológicos muestran procesos de sobreposición de elementos, donde hay pinturas rupestres, elementos como Tláloc y cruces cristeras, es decir, momentos distintos”, explicó.
El resto ha sido carcomido por la mancha urbana.
En Barranca Honda, por ejemplo, se encontraba un asentamiento que podía pertenecer desde el Preclásico Medio hasta el Periodo Clásico, es decir, entre el año 1000 a.C. hasta el 650 d.C.
El arqueólogo dijo que en 2002 se encontraban algunos montículos con piezas prehispánicas, pero para 2020 ya habían desaparecido completamente.
En la zona arqueológica de Manzanilla, en la Resurrección, se han localizado vestigios que datan de hasta el año 2500 antes de Cristo, incluidas 15 pirámides y un juego de pelota construido entre los años 900 y 1500 después de Cristo.

Pero, con los años, los gobiernos dejaron en el olvido la zona e incluso llegó a convertirse en un basurero.
“Se han hecho algunos procesos de salvamento y salvaguarda, pero hace unos años estaban incluso pavimentando la calle que se encuentra a un costado y yo pregunté qué estaba pasando”.
Aparentemente, había sido una orden de gobierno y la obra se construyó en un lapso de dos a tres semanas.
Para cuando el INAH se enteró, las obras ya se habían hecho.
Tres Cerritos, un sitio compuesto por el mismo número de estructuras arqueológicas, se encuentra en terrenos del gobierno del estado.
Pero en las inmediaciones se construyó la Universidad Politécnica Metropolitana de Puebla y no hay datos acerca de algún tipo de salvamento o rescate arqueológico.
Tepalcayotl, en San Francisco Totimehuacan, se encuentra en un dilema parecido. El sitio fue ocupado entre los años 400 a.C. y 100 d.C., y fue una de las primeras zonas sujetas a estudios arqueológicos, entre las décadas de 1920 y 1960.
La zona, sin embargo, fue censada hasta el 2020 en el Registro Público del INAH y, para entonces, siete montículos ya se encontraban localizados en terrenos privados.
“Hay varios procesos de la tierra del lado del municipio de Puebla y del lado de Tecali de Herrera. Hay todavía un tercer grupo de propietarios, que llegaron recientemente y que están habitando ese espacio. Hay una disputa en el territorio en ese contexto arqueológico, algo que obviamente aumentó por las presiones políticas, porque la construcción del Periférico Ecológico también detonó ese boom inmobiliario”, expulso Melgarejo Pérez.
En el sitio arqueológico de Amalucan, los estudios arqueológicos describen un sistema hidrológico y un área ceremonial en la cima del cerro. Aunque el INAH ha conservado las estructuras arqueológicas, el resto del sitio ha sido invadido por la mancha urbana.
En la junta auxiliar de San Sebastián Aparicio se encuentra otra zona integrada por cinco basamentos arqueológicos, en donde se ha localizado obsidiana gris y verde, y el lugar se ha mantenido conservado gracias a la organización vecinal.
Esto también ha ocurrido en la zona de Citlaltépetl, en el cerro de Cristo Rey, en la junta auxiliar Ignacio Romero Vargas, donde incluso se construyó un museo comunitario en donde se preservan piezas que pertenecen al periodo Preclásico.
“Por eso es importante que se generen estrategias para que las comunidades ocupen, resignifiquen o se reapropien de estas zonas. Hoy en día, son los ciudadanos quienes han impulsado el rescate de estos espacios”, concluyó.


