José Luis Santos López es un artista oaxaqueño que ha destacado como pintor, escultor y grabador.
En su tierra natal se apropió del estilo de pintores como Rufino Tamayo, Francisco Toledo y Rodolfo Nieto.

Su obra, que de por sí mantiene gran similitud con la pintura rupestre, adoptó nuevos matices, que reúnen su origen mexicano con el nuevo destino, Reino Unido.
La gráfica maya, zapoteca y azteca se fusionaron con la cultura y la pureza de las bellas artes europeas.
Allá, su obra recibió la influencia del alemán Joseph Beuys y del arte conceptual del binomio Gilbert y George.

Lo único que tiene cabida es la expresión plena de la imaginación del artista.
Así, la obra de Santos recuerda los trazos alegres de un niño que está aprendiendo a dibujar y que, a través del color, las formas y la abstracción, es feliz.
Por eso, leer la obra del artista oaxaqueño requiere un proceso interior previo: despojarse de los prejuicios intelectuales que consideran que la obra de arte se debe juzgar a través del “buen gusto”, rechazar todo esquema preconcebido y, en cambio, conectar con un mundo libre de categorías y lleno de libertad creativa.






