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El pozole, un invento mestizo

Crónica Puebla por Crónica Puebla
16 septiembre, 2022
en Cultura
El pozole, un invento mestizo

Archivo Agencia Enfoque

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Mario Galeana

Julio Cortázar pudo ha­ber escrito un cuento so­bre el pozole mexicano. En 1955, el escritor argentino publicó “La noche boca arriba”, una historia de confusión entre sueño y realidad que comienza con un chico que sufre un acci­dente en motocicleta.

Mientras es transportado a un hospital, sueña que es un in­dio perseguido por guerreros aztecas en una guerra florida, un ritual mexica que consistía en simular un enfrentamiento en­tre distintos pueblos para cap­turar prisioneros que serían sa­crificados.

En la escena final, el chico ya­ce en una cama de quirófano y, al mismo tiempo, el delirio lo sitúa en el pináculo de una pirámide, con un sacerdote que se prepara para extraerle el corazón. Ahí, en ese instante, descubre que el ver­dadero sueño ha sido el viaje en motocicleta, un sueño “absur­do como todos los sueños”, pues en realidad es el indio que está a punto de ser sacrificado.

Si Cortázar no hubiera termi­nado el cuento allí, seguramen­te la siguiente escena del relato habría sido la de una vasija en la que se está preparando un po­zole o, para ser más precisos, un tlacatlolli, el guiso de maíz y car­ne humana que los aztecas pre­paraban antes de la conquista.

El tlacatlolli no era un guiso de domingo y aún era menos co­mún que se le agregara carne humana. Se trataba de un pla­tillo para ocasiones muy espe­ciales, que podía ser acompaña­do con tepetzcuintlis, un roedor conocido como paca común, o huexólotl, que son sencillamente guajolotes.

El pozole, un invento mestizo
Archivo Agencia Enfoque

“La dieta común de los indí­genas era especialmente a ba­se de vegetales, insectos y pes­cados”, explica el arqueólogo Eduardo Merlo, “pero en las fes­tividades se complementaba con carne de patos y algunas varie­dades de garzas. Los alimentos eran cocidos en caldos o al vapor y solamente en ocasiones espe­ciales se cocinaban esas carnes en el guiso”.

Y una de esas ocasiones espe­ciales eran las guerras floridas y las celebraciones Tlacaxipehua­liztli en honor a Xipe Totec, el Se­ñor Desollado, la deidad de la fer­tilidad, la regeneración del maíz y la guerra.

Esta deidad sería clave en el sincretismo religioso: los pue­blos prehispánicos encontraron en la imagen del Cristo crucifi­cado –un hombre herido, san­grante– otra representación del Señor Desollado.

Pero uno de los primeros en dar testimonio de la preparación del tlacatlolli con carne humana fue Fray Bernardino de Sahagún, quien escribió en la multicitada “Historia general de las cosas de la Nueva España” que los hom­bres que se ofrecían como tributo eran divididos; sus muslos eran enviados a Moctezuma para que los comiera y el resto entre las principales familias del señorío.

“Cocían aquella carne con maíz y daban a cada uno un pe­dazo de aquella carne en una cudilla o cajete, con su caldo y su maíz cocido; después de haber comido, andaba la borrachería”, escribió Sahagún en ese antiquí­simo escrito que pone un pie en la crónica y otro en la etnografía.

El antropólogo Eduardo Mer­lo apunta que aparentemente no todos podían comer ese guiso, al que también llamaban potzo­lli, pues era algo que se prepara­ba a las personas más podero­sas. Pero, con base en esas pri­meras crónicas, es deducible que los aztecas fueran antropófagos rituales.

Comer la carne de otro ser humano parecería repulsivo, in­humano; pero, a la luz de aquellos días, era parte de un ritual, de una cosmovisión.

Todo eso cambió con la con­quista. Los sacrificios humanos fueron prohibidos y comenzó la cría de ganado vacuno y porci­no, y la cocina se convirtió en una extraña amalgama de me­morias prehispánicas cubiertas por la sazón española.

EL POZOLE: UN INVENTO MESTIZO

El maíz fue uno de los siete cerea­les más importantes del mundo gracias a las selecciones y cru­zas que los indios mesoamerica­nos realizaron a lo largo de mi­les de años.

Con su domesticación, los in­dígenas descubrieron también el proceso de nixtamalización, que lo hacía más digerible y lo con­virtió en parte insustituible de su dieta –como sigue siendo aún en estos días–.

El maíz fue, pues, un inven­to humano.

Y algunos dirían que es la planta más evolucionada del rei­no vegetal, como se sugiere en el libro “Sabor que somos”, de Elba Castro, Juan Carlos Núñez y Ser­gio René de Dios Corona, edita­do por la Secretaría de Cultura de Jalisco.

Quizá porque el maíz es el co­razón del pozole –y no precisa­mente la carne humana, que po­día sustituirse con carne de otros animales– el platillo conservó su raíz indígena.

El Diccionario breve de mexi­canismos de la Academia Mexi­cana de la Lengua señala que pozole deviene del náhuatl po­zolli, que es literalmente espu­moso, de “pozol”, espuma, o del “cahíta posoli”, cocer maíz.

La palabra no es una metáfo­ra del pozole: cuando el maíz se pone a hervir, el agua se cubre de una espuma mientras los gra­nos van abriéndose lentamente como una flor.

Pero la adhesión de la carne de cerdo que trajeron los espa­ñoles, y que dio su particular suculencia al pozole, lo transformó en un platillo “absolutamente mestizo”, como apuntan los au­tores de “Sabor que somos”.

“El maíz es hechura neta­mente humana. Los cereales del viejo mundo siempre tienen variedades silvestres que se preser­van en la naturaleza. No exis­te el maíz en estado silvestre”, sostienen.

El pozole, un invento mestizo

PARA TODOS LOS GUSTOS

La mexicanidad del pozole es in­discutible. No sólo es el platillo emblema de las celebraciones patrias, sino que es manjar en fiestas diversas, navidades, cum­pleaños y años nuevos.

El Sistema de Información Cultural registra por lo menos una veintena de variedades de pozole en una docena de esta­dos del país.

El más conocido en la zona centro de México es el pozole blanco, que se prepara con carne de cerdo (principalmente con ca­beza) y caldo de maíz cacahua­zintle. Se acompaña con lechu­ga, rábanos y/o cebolla picados, orégano, chile piquín molido y unas gotas de limón.

Pero en regiones del Altipla­no, que comprende los estados de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Durango, Zacatecas, San Luis Potosí o Aguascalientes, no se les pone rábano ni lechuga.

En Aguascalientes también existe un pozole rojo prepara­do con chiles secos molidos ti­po mirasol. Y en ese mismo es­tado también preparan el pozo­lín, al que se agrega elote y chi­le poblano.

Guerrero es otro de los esta­dos con distintas variaciones, y los jueves pozoleros son una tradición extendida entre varios mu­nicipios. Además de los típicos po­zoles blancos o verdes de pipián, existe otro pozole al que agregan elote, frijol negro y epazote.

También pueden aderezarse con un huevo crudo (que se po­ne en primer lugar, en el pozo­le hirviendo recién servido en el plato hondo, para que se cueza), chicharrón de puerco en trozos, aguacate y sardinas de lata.

Al sur de Puebla, mientras tanto, hay un plato conocido como elopozole, que es rojo por­que su preparación consiste en moler chile guajillo; le ponen a la vez puerco y pollo, además de calabacitas y epazote.

En la zona norte del país se prepara un platillo tipo pozo­le con panza de res y granos de maíz cacahuazintle; en Nuevo León, por ejemplo, suelen agre­garle también carne de puerco y arroz.

En Colima existe un pozole se­co idéntico al blanco, pero sin caldillo, mientras que en Sinaloa hay otra variante con elote a la que llaman pozolillo y lleva chile ancho.

En la zona de La Laguna, que comprende parte de Coahuila y Durango, se hace una enchila­da de pozole, que es un pastel de maíz cacahuazintle sin moler, horneado, al que se agrega sal­sa de chiles secos.

En Nayarit se prepara un po­zole de camarón, en tanto que en Morelos se usa camarón se­co y garbanzo. En Chihuahua incluso se cocina un pozole con cueritos de cerdo y cilantro, y en Sonora llegan a prepararlo con hueso de venado, trigo, o trigo y frijol.

Bastaron menos de 500 años para que todas estas variedades de pozole se extendieran por to­do México. Y ya casi nadie re­cuerda que los días de festín co­menzaban con un chico boca arriba, mirando hacia la noche.

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Etiquetas: Aztecasguiso de maíz y carne humanainvento mestizoJulio CortázarPozoletlacatlolli

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