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En Puebla, primera cita de los más grandes

Crónica Puebla por Crónica Puebla
1 julio, 2022
en Cultura
En Puebla, primera cita de los más grandes
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Por: Mario Galeana

En el verano de 1946, la apacible vida del pueblo de San Francisco Acate­pec se vio interrumpi­da por el ir y venir de una hile­ra de autos que cruzaron las ca­lles levantando una polvareda tras de sí.

Hombres elegantes de bigote profuso y mujeres gráciles de lar­gos vestidos descendieron de los carros que aparcaban a la orilla del templo del pueblo, una joya con fachada de talavera amari­lla que refulgía bajo el sol en me­dio del campo.

El pueblo tardó poco en des­cubrir que aquella extraña mul­titud de mujeres y hombres per­fumados estaba ahí para filmar una película.

Lo que no podían saber es que la película llevaría por títu­lo “Enamorada” y que entre ese grupo venían María Félix y Pe­dro Armendáriz, protagonistas del filme, y Emilio El Indio Fer­nández, el director. Tres de los nombres más importantes de la época del cine de oro mexicano.

Pero aun con todo ese repenti­no despliegue de famosos y cáma­ras y actrices, no hubo montones de mirones ni demasiados cuchi­cheos. La gente hizo lo que sue­len hacer las gentes de pueblo: se ocuparon de sus propios asuntos.

Salvo algunos sembradíos, había muy pocas cosas alrede­dor de ese templo franciscano. Una era la escuela del pueblo, donde se impartían clases has­ta el cuarto año de primaria, y la otra era Casa Ramírez, la úni­ca tienda en varios kilómetros a la redonda.

La tienda era propiedad de Petra de la Cruz Gómez Azcatl y Pascual Ramírez Herrera, un matrimonio que se había muda­do allí mismo algunos años an­tes para criar a sus ocho hijos.

La tienda tenía de todo y jus­to a las afueras del templo –don­de hoy se venden bordados, teja­te, recuerditos y algunas barati­jas– había un portalito, algo pa­recido a una terraza de ladrillo rojo y tejas, donde los hombres que acudían a misa se sentaban a beber el pulque de sabores que el mismo señor Pascual destila­ba en su patio trasero.

¿RECONOCES ESTE ALTAR MAYOR? Es el de la Capilla del Rosario, en el centro de la Angelópolis; el interior del templo de Acatepec había sido arrasado por un incendio

Allí mismo llegó a sentarse Pe­dro Armendáriz, un hombre gua­po y alto que mitigaba el calor con tragos de mezcal y cerveza que servía el señor Pascual, al que sus hijos recuerdan como un hombre abierto, servicial y atento.

La tienda sigue llamándo­se Casa Ramírez y hasta hoy es atendida por un señor Pascual: un hombre de ochenta y tantos años que era, por esa época, el más chico de todos los hijos.

La misma tarde en que llega­ron, las personas de la película se acercaron al señor Pascual y le rentaron un cuarto contiguo a la calle para utilizarlo como ca­merino para maquillar, arreglar y vestir a las actrices.

Heliodora, la cuarta hija de Pascual y Petra, veía todo ese zumbido de caras nuevas en el pueblo con la tremenda curiosi­dad que podía tener una niña a su edad. Y, en el primer momen­to en que pudo escabullirse de su padre, entró a hurtadillas y se escondió debajo de una mesa.

De pronto escuchó voces, cierta agitación. Cuando se aso­mó, vio el rostro de una mujer joven y bonita, que se sentó jus­to sobre la mesa en la que ella se encontraba escondida. Los pies de la mujer no alcanzaban a to­car el piso, por lo que se balan­ceaban en el aire mientras era maquillada.

Supo después que esa mujer era la misma María Félix.

Todo ese ajetreo duró, según recuerda Heliodora, una sola se­mana. En cuanto terminaron, los autos se marcharon con la misma rapidez con la que habían llegado, y de todo ese alboroto en la Casa Ramírez no queda testi­monio alguno que no sea la me­moria de los hijos que corretea­ban de aquí para allá cuando sus padres no los estaban viendo.

Hoy, 76 años después, cada vez que Heliodora Ramírez Gó­mez escarba en su memoria y piensa en el pueblo o en su in­fancia; cada vez que la televisión programa alguna película anti­gua, o cada vez que en una de esas películas aparece María Fé­lix, lo primero en lo que Heliodo­ra piensa es en un par de pies ba­lanceándose en el aire.

UN PUEBLO LLAMADO CHOLULA

“Enamorada” tomó la fachada de un templo en Acatepec, el in­terior de una capilla en Puebla y el exterior de un convento, unos portales y una casa en San Pe­dro Cholula, para delinear el re­trato bruñido de Cholula, el pue­blo que el general zapatista José Juan Reyes (Pedro Armendáriz) toma por la fuerza sin saber que allí le esperan los ojos de Beatriz Peñafiel (María Félix), la hija del hombre más rico y de quien quedará encandilado a partir del primer momento.

Siete años antes del arribo de los actores y la producción de la película, los principales reta­blos del templo de San Francisco Acatepec habían quedado con­sumidos en un incendio que ha­bía iniciado la noche de fin de año del año 1939.

La gente salvó la mayoría de las obras y reliquias y las res­guardó temporalmente en sus casas, a la espera de la restaura­ción que duró 25 años, de acuer­do con la cronista sanandreseña Elizabeth Ramírez, quien resulta ser, además, nieta del señor Pas­cual que atendía Casa Ramírez en aquellos años.

Elaborar las réplicas de los re­tablos fue posible sólo porque, a principios del siglo XX, cáma­ra en maletas, Guillermo Kahlo emprendió un catálogo fotográ­fico de inmuebles religiosos en México, entre ellos el templo de San Francisco Acatepec.

Por eso en la película sólo se muestran el arco y la fachada del templo, donde el general y Beatriz Peñafiel cruzan un par de cachetadas en uno de los tan­tos alegatos que tienen antes de enamorarse.

Durante algunos fines de se­mana, cuando los grupos de tu­ristas que llegan al templo se mezclan con los invitados de las bodas que se realizan ahí mis­mo, el guía certificado Alejan­dro Flores Gómez suele contar que ese cruce de cachetadas es­tuvo a punto de acabar con el ro­daje de la película.

TRÍO PARA UNA TERCIA Gabriel Figueroa, María Félix y Emilio Fernández se vieron por primera vez en “Enamorada” y cosecharon éxito también con “Maclovia” y “Reportaje”

“Hay una escena anterior en la que Armendáriz la jala y María Félix dice que el jalón fue muy fuerte. Entonces, en esta es­cena, ella le da una cachetada de verdad y Pedro Armendáriz se queja porque fue una cache­tada de verdad, bien dada. Pe­dro pidió que se acabara la filma­ción y fue una discusión bastan­te fuerte”, narra.

Alejandro no estaba cerca de nacer durante los años del ro­daje, pero como la vida está lle­na de este tipo de coinciden­cias, cuarenta años después, en 1989, conoció a Félix cuando el ayuntamiento de Puebla le en­tregó la cédula real de la ciudad.

“Yo trabajaba en el ayunta­miento como guía oficial y todo fue muy rápido, no estaba pro­gramado el recorrido. Ella em­pezó a preguntar y yo le di la in­formación sobre el zócalo, la sa­la de cabildo… y sí, era una mu­jer co… un poco de todo. Era im­ponente… y también prepotente. Sabíamos cómo era”.

LA MEMORIA DE UN RODAJE

En la película, lo que se muestra como el interior del templo es, en realidad, la Capilla del Rosario, en la ciudad de Puebla.

Grabar en dos lugares para si­mular que se trata sólo de uno puede parecer complicado, pe­ro no había un templo en toda la región que se comparara con el de Acatepec.

“La fachada no tenía daños, permanecía intacta. El mismo Manuel Toussaint, un investiga­dor de arte novohispano, decía que la iglesia era tan bella que merecía estar bajo un capelo de cristal. Y a principios del siglo XVII, San Francisco de Ajofrín, que es un fraile viajero que de­ja referencias de la vida novo­hispana, ya decía que la iglesia era una de las más bellas de to­das las Indias”, explica el cronis­ta de San Andrés Cholula, Anas­tacio Juárez.

Hay otro momento en Ena­morada en el que el general Jo­sé Juan Reyes habla con el padre Rafael Sierra, interpretado por el actor Fernando Fernández, acer­ca de uno de los cuadros del tem­plo: “La adoración de los reyes”, pintado en 1698 por Nicolás Ro­dríguez Juárez.

PARLAMENTO DE PEDRO ARMENDÁRIZ FRENTE AL CUADRO PINTADO EN 1698 “Tres reyes, los tres reyes magos. Símbolos de poder, de riqueza, de opresión en un establo, qué ironía. Postrados de rodillas ante el niño que al nacer nos trajo el amor a la hermandad de los humanos, y cuando derramó su sangre en la cruz hizo que brotaran las llagas de los clavos, la caridad, la pureza y la bondad. Qué símbolo tan inmenso para los hombres”

La conversación sobre el cua­dro, que aún está colgado en el atrio del templo, da pie a un diálo­go que exhibe el trasfondo político que El Indio Fernández reflejó en la película: la división entre el idealis­mo –representado por la iglesia– y el materialismo –personificado por el general revolucionario–.

Jacinta, la fiscal del templo de San Francisco Acatepec, asegu­ra que alguna vez escuchó decir a sus abuelos que Armendáriz, Félix y Fernández se fotografia­ron bajo ese cuadro. Pero nadie sabe dónde pudieron haber que­dado esas fotografías.

Ni siquiera en San Pedro Cho­lula, donde se filmó gran parte de la película, hay registro docu­mental del rodaje, más allá de un bar ubicado en los portales que lleva el mismo nombre.

“Muy poca gente a nivel regio­nal sabe que aquí se realizó la fil­mación”, dice la cronista Elizabe­th Ramírez. “Y las personas mayo­res saben que hubo una película, pero no saben cuál fue. Es raro de­cirlo, pero, por aquellos años, pa­ra la gente no fue tan impactante”.

Etiquetas: Emilio El Indio Fer­nándezMaría FélixSan Francisco Acatepec

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