Por: Mario Galeana
En el verano de 1946, la apacible vida del pueblo de San Francisco Acatepec se vio interrumpida por el ir y venir de una hilera de autos que cruzaron las calles levantando una polvareda tras de sí.
Hombres elegantes de bigote profuso y mujeres gráciles de largos vestidos descendieron de los carros que aparcaban a la orilla del templo del pueblo, una joya con fachada de talavera amarilla que refulgía bajo el sol en medio del campo.
El pueblo tardó poco en descubrir que aquella extraña multitud de mujeres y hombres perfumados estaba ahí para filmar una película.
Lo que no podían saber es que la película llevaría por título “Enamorada” y que entre ese grupo venían María Félix y Pedro Armendáriz, protagonistas del filme, y Emilio El Indio Fernández, el director. Tres de los nombres más importantes de la época del cine de oro mexicano.
Pero aun con todo ese repentino despliegue de famosos y cámaras y actrices, no hubo montones de mirones ni demasiados cuchicheos. La gente hizo lo que suelen hacer las gentes de pueblo: se ocuparon de sus propios asuntos.
Salvo algunos sembradíos, había muy pocas cosas alrededor de ese templo franciscano. Una era la escuela del pueblo, donde se impartían clases hasta el cuarto año de primaria, y la otra era Casa Ramírez, la única tienda en varios kilómetros a la redonda.
La tienda era propiedad de Petra de la Cruz Gómez Azcatl y Pascual Ramírez Herrera, un matrimonio que se había mudado allí mismo algunos años antes para criar a sus ocho hijos.
La tienda tenía de todo y justo a las afueras del templo –donde hoy se venden bordados, tejate, recuerditos y algunas baratijas– había un portalito, algo parecido a una terraza de ladrillo rojo y tejas, donde los hombres que acudían a misa se sentaban a beber el pulque de sabores que el mismo señor Pascual destilaba en su patio trasero.

Allí mismo llegó a sentarse Pedro Armendáriz, un hombre guapo y alto que mitigaba el calor con tragos de mezcal y cerveza que servía el señor Pascual, al que sus hijos recuerdan como un hombre abierto, servicial y atento.
La tienda sigue llamándose Casa Ramírez y hasta hoy es atendida por un señor Pascual: un hombre de ochenta y tantos años que era, por esa época, el más chico de todos los hijos.
La misma tarde en que llegaron, las personas de la película se acercaron al señor Pascual y le rentaron un cuarto contiguo a la calle para utilizarlo como camerino para maquillar, arreglar y vestir a las actrices.
Heliodora, la cuarta hija de Pascual y Petra, veía todo ese zumbido de caras nuevas en el pueblo con la tremenda curiosidad que podía tener una niña a su edad. Y, en el primer momento en que pudo escabullirse de su padre, entró a hurtadillas y se escondió debajo de una mesa.
De pronto escuchó voces, cierta agitación. Cuando se asomó, vio el rostro de una mujer joven y bonita, que se sentó justo sobre la mesa en la que ella se encontraba escondida. Los pies de la mujer no alcanzaban a tocar el piso, por lo que se balanceaban en el aire mientras era maquillada.
Supo después que esa mujer era la misma María Félix.
Todo ese ajetreo duró, según recuerda Heliodora, una sola semana. En cuanto terminaron, los autos se marcharon con la misma rapidez con la que habían llegado, y de todo ese alboroto en la Casa Ramírez no queda testimonio alguno que no sea la memoria de los hijos que correteaban de aquí para allá cuando sus padres no los estaban viendo.
Hoy, 76 años después, cada vez que Heliodora Ramírez Gómez escarba en su memoria y piensa en el pueblo o en su infancia; cada vez que la televisión programa alguna película antigua, o cada vez que en una de esas películas aparece María Félix, lo primero en lo que Heliodora piensa es en un par de pies balanceándose en el aire.
UN PUEBLO LLAMADO CHOLULA
“Enamorada” tomó la fachada de un templo en Acatepec, el interior de una capilla en Puebla y el exterior de un convento, unos portales y una casa en San Pedro Cholula, para delinear el retrato bruñido de Cholula, el pueblo que el general zapatista José Juan Reyes (Pedro Armendáriz) toma por la fuerza sin saber que allí le esperan los ojos de Beatriz Peñafiel (María Félix), la hija del hombre más rico y de quien quedará encandilado a partir del primer momento.
Siete años antes del arribo de los actores y la producción de la película, los principales retablos del templo de San Francisco Acatepec habían quedado consumidos en un incendio que había iniciado la noche de fin de año del año 1939.
La gente salvó la mayoría de las obras y reliquias y las resguardó temporalmente en sus casas, a la espera de la restauración que duró 25 años, de acuerdo con la cronista sanandreseña Elizabeth Ramírez, quien resulta ser, además, nieta del señor Pascual que atendía Casa Ramírez en aquellos años.
Elaborar las réplicas de los retablos fue posible sólo porque, a principios del siglo XX, cámara en maletas, Guillermo Kahlo emprendió un catálogo fotográfico de inmuebles religiosos en México, entre ellos el templo de San Francisco Acatepec.
Por eso en la película sólo se muestran el arco y la fachada del templo, donde el general y Beatriz Peñafiel cruzan un par de cachetadas en uno de los tantos alegatos que tienen antes de enamorarse.
Durante algunos fines de semana, cuando los grupos de turistas que llegan al templo se mezclan con los invitados de las bodas que se realizan ahí mismo, el guía certificado Alejandro Flores Gómez suele contar que ese cruce de cachetadas estuvo a punto de acabar con el rodaje de la película.

“Hay una escena anterior en la que Armendáriz la jala y María Félix dice que el jalón fue muy fuerte. Entonces, en esta escena, ella le da una cachetada de verdad y Pedro Armendáriz se queja porque fue una cachetada de verdad, bien dada. Pedro pidió que se acabara la filmación y fue una discusión bastante fuerte”, narra.
Alejandro no estaba cerca de nacer durante los años del rodaje, pero como la vida está llena de este tipo de coincidencias, cuarenta años después, en 1989, conoció a Félix cuando el ayuntamiento de Puebla le entregó la cédula real de la ciudad.
“Yo trabajaba en el ayuntamiento como guía oficial y todo fue muy rápido, no estaba programado el recorrido. Ella empezó a preguntar y yo le di la información sobre el zócalo, la sala de cabildo… y sí, era una mujer co… un poco de todo. Era imponente… y también prepotente. Sabíamos cómo era”.
LA MEMORIA DE UN RODAJE
En la película, lo que se muestra como el interior del templo es, en realidad, la Capilla del Rosario, en la ciudad de Puebla.
Grabar en dos lugares para simular que se trata sólo de uno puede parecer complicado, pero no había un templo en toda la región que se comparara con el de Acatepec.
“La fachada no tenía daños, permanecía intacta. El mismo Manuel Toussaint, un investigador de arte novohispano, decía que la iglesia era tan bella que merecía estar bajo un capelo de cristal. Y a principios del siglo XVII, San Francisco de Ajofrín, que es un fraile viajero que deja referencias de la vida novohispana, ya decía que la iglesia era una de las más bellas de todas las Indias”, explica el cronista de San Andrés Cholula, Anastacio Juárez.
Hay otro momento en Enamorada en el que el general José Juan Reyes habla con el padre Rafael Sierra, interpretado por el actor Fernando Fernández, acerca de uno de los cuadros del templo: “La adoración de los reyes”, pintado en 1698 por Nicolás Rodríguez Juárez.

La conversación sobre el cuadro, que aún está colgado en el atrio del templo, da pie a un diálogo que exhibe el trasfondo político que El Indio Fernández reflejó en la película: la división entre el idealismo –representado por la iglesia– y el materialismo –personificado por el general revolucionario–.
Jacinta, la fiscal del templo de San Francisco Acatepec, asegura que alguna vez escuchó decir a sus abuelos que Armendáriz, Félix y Fernández se fotografiaron bajo ese cuadro. Pero nadie sabe dónde pudieron haber quedado esas fotografías.
Ni siquiera en San Pedro Cholula, donde se filmó gran parte de la película, hay registro documental del rodaje, más allá de un bar ubicado en los portales que lleva el mismo nombre.
“Muy poca gente a nivel regional sabe que aquí se realizó la filmación”, dice la cronista Elizabeth Ramírez. “Y las personas mayores saben que hubo una película, pero no saben cuál fue. Es raro decirlo, pero, por aquellos años, para la gente no fue tan impactante”.



