Este año, artistas y arquitectos, en forma individual o colectiva, forzaron a caminantes a detenerse a mirar su reflexión en espacios históricos
Texto y fotos: Mario Galeana
En la Casa de las Culturas Contemporáneas, un portentoso inmueble del siglo XVIII en el centro de Puebla, se zurce un amasijo de ropa húmeda cuya punta comienza en la planta alta y se desparrama a lo largo del patio, arrastrando consigo las cuerdas y los tendederos que debían sostenerlas.
El caudal de aquel montón de ropa inicia siendo negro, pero, a medida que se extiende por el piso, los jirones de camisas, pantalones, abrigos, suéteres y prendas diversas se tornan azules y verdes, como el reflejo de un río que desciende desde la montaña hasta el valle.
La instalación lleva por nombre Caudales tendidos y es obra del Colectivo Molecular, uno de los equipos de artistas y arquitectos que participaron en la cuarta edición de Patio Efímero.

Los patios de ocho casonas construidas entre los siglos XVII y XX fueron intervenidos para realizar un alegato sobre el estado del agua, desde la crisis climática hasta los procesos de contaminación de los afluentes.
La instalación Caudales tendidos, por ejemplo, cuestiona el uso estratosférico de agua para crear ropa que rápidamente es desechada.
“Es inevitable: fabricar ropa y contaminar el agua van de la mano. Nos vestimos con esta historia”, afirman los integrantes del Colectivo Molecular.
Una metáfora que se tiende con precisión sobre los patios de las casas, lugares en los que la ropa es puesta a secar al sol.
Si algo caracterizó a la cuarta edición de Patio Efímero es que, en comparación con los años anteriores, las propuestas artísticas fueron más arriesgadas y complejas, a decir de Luna Silva, directora general de este proyecto.
“Me parece que los equipos han conseguido amalgamar de forma más contundente lo conceptual con lo artístico, en conjunto con lo complejo que es diseñar o idear una instalación en un patio arquitectónico”, dice.
Y el resultado de esa exploración de arte y arquitectura es un catálogo de instalaciones que se alejan del lugar común.

En la Casa Bravo, un inmueble construido en el siglo XIX, se extiende sobre el techo de la primera planta una tela gris que simboliza el nivel del mar.
La tela es cruzada verticalmente por conos que representan cuatro sitios del mundo: Mérida, Nueva York, Ciudad del Cabo y Ámsterdam.
Con un sencillo mecanismo de poleas, la instalación evidencia que, a su debido tiempo, las cuatro ciudades terminarán inundadas como consecuencia de la crisis climática.
Un problema que la intervención refleja en tiempo real: con cada día que pasa, los conos pierden contrapeso y se hunden entre la tela.
“Es una instalación que proyecta un futuro cercano, destacando los impactos adversos del aumento de la temperatura en el ciclo del agua y el nivel del mar.
“Mostramos cómo el incremento gradual de la temperatura conduce inexorablemente a inundaciones devastadoras, pérdidas económicas, desplazamientos masivos y desequilibrios en poblaciones y ecosistemas vulnerables”, explican los colectivos Fundación y Veleta, que trabajaron en conjunto con la artista invitada este año al proyecto: Daniela Reséndiz.

Las propuestas van de la escala global a los seres individuales. En el patio de la Casa Presno, un inmueble porfiriano, cuelgan medusas hechas con bolsas de plástico.
Las medusas, explica el artista que intervino el inmueble, Fernando Diyarza, son seres primitivos que están en el mundo desde hace 500 millones de años. Que es casi el mismo tiempo que podría estar una bolsa de plástico en el mar.
“Porque una vez que las bolsas ingresan a los océanos, se fragmentan, mas no se desintegran, convirtiéndose en microplásticos que se adhieren al plancton, fuente de alimento de medusas y de muchas especies marinas”, apunta Diyarza.
Los colectivos MEM Arquitectos, Osmosis Farsa, AUMA y Tlalac también hicieron intervenciones este año en Casa Uriarte (4 Poniente 911), Departamentos 309 (5 Poniente 309), Casa de la 4 (4 Oriente 205), construida en el siglo XVII, destinado a a la vivienda y la Casa Amarilla (2 Oriente 410). Cientos de espectadores las recorrieron.



