Mario Galeana
Los llaman arqueros, aunque su oficio no sea el de disparar flechas, sino el de zurcir flores. Son los artesanos de Atempan que, cada año, tejen flores de cochinilla sobre la Puerta del Perdón para recibir la procesión de Viernes Santo en la ciudad de Puebla.
Tejer las flores de cochinilla, que en el nombre prometen una suavidad que en realidad no tienen, es un trabajo que se realiza entre siete y diez personas. Zurcir con habilidad este arco de seis metros de largo y cuatro de ancho les toma, a entre siete y doce personas, un mediodía entero.
Con la prisa, y a pesar del oficio, algunos llegan a cortarse. Porque las flores de cochinilla son, en realidad, las pencas de un maguey llamado dasylirion acrotriche, que crece en los montes de la región de Atempan, en las sierras Norte y Nororiental.
Allí los arreglos de flor de cochinilla son legión. Los artesanos modelan coronas, cruces y arreglos florales con el amarillo pálido de aquel maguey, aunque también los hay de frutas, verduras y semillas de maíz, frijol, calabaza y guaje.
Para el retablo floral de la Puerta del Perdón se elabora una estructura tubular de madera sobre la que se fija bejuco, y a la que posteriormente se tejen, una a una, entre 50 y 100 cabezas de flor de cochinilla.
Así, para el 4 de abril, cuando la procesión del Viernes Santo llegue a la Catedral, el arco floral estará ahí para recibir porteadores, órdenes, imágenes y creyentes.
La tradición de elaborar el arreglo es otra muestra del sincretismo religioso en el país. En la cultura prehispánica, durante agosto se celebraba una fiesta en honor a los muertos que llevaba el nombre de Tlaxochimaco, que significa indistintamente “ofrenda de las flores o “se obsequian flores”.
En aquella fiesta se recogían flores de todas las especies y se elaboraban guirnaldas para decorar los templos. A la llegada de los españoles, los frailes incorporaron la tradición y, desde entonces, se decoran atrios e iglesias con flores como la de cochinilla.
En la antigüedad, a las personas que decoraban los templos se les decía tlaxochime. Hoy los llaman arqueros, aunque no disparen flechas.


