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Muéganos: un dulce árabe muy poblano

Crónica Puebla por Crónica Puebla
24 septiembre, 2022
en Cultura
Muéganos: un dulce árabe muy poblano

ALEX HANEY / UNSPLASH

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Mario Galeana

Lo más dulce que el mun­do prehispánico podía ofrecer durante una buena sobremesa era miel de maíz y buenas frutas. La tradición de postre, esa azucara­da glotonería, es producto de la conquista, a decir de la antropó­loga culinaria Paola Vera Báez.

“Si hoy asistimos a las comu­nidades indígenas que preser­van tradiciones ancestrales, po­demos descubrir que no tienen como tal la tradición de consu­mir algo dulce al final de la comi­da. El postre es una cuestión que tiene su auge en el Renacimien­to y, en México, después de la lle­gada de los españoles”, cuenta.

Ese encuentro ocurrido hace más de 500 años modificó va­rios mundos, entre ellos el de la comida. A raíz del suceso, toda una familia de dulces con ingre­dientes endémicos e importados fue ideada y desperdigada por la Nueva España desde los conven­tos. Entre los dulces típicos se en­cuentra el muégano.

En Puebla pueden encontrar­se por lo menos cinco varieda­des de muéganos, sin una expli­cación precisa que defina cómo surgió cada una.

Se ha dicho que estos dulces son resultado del mestizaje, la combinación de la cultura espa­ñola e indígena, pero para la an­tropóloga Vera Báez esto es un error significativo.

“Si existe una influencia, esa es totalmente del mundo árabe, que se esparció por completo sobre la península ibérica y de ahí llegó a la Nueva España. Los ingredien­tes, las técnicas de preparación, todo esto es innegablemente ára­be”, asegura la también Coordina­dora de Investigación de la Facul­tad de Gastronomía de la UPAEP.

La investigadora explica que la masa que se utiliza en las cua­tro variedades de los muéganos es similar a la de los buñuelos, adoptada por los reposteros de Andalucía, España, donde los moros permanecieron durante mucho tiempo.

“Hay muchas similitudes en­tre los dulces típicos que tene­mos en Puebla y los que venden, por ejemplo, en Turquía, don­de tú encuentras también galle­tas parecidas a los muéganos e incluso palanquetas, que en lu­gar de cacahuates tienen pista­ches”, recalca.

DULCES VARIACIONES

La versión de los muéganos más conocida en la capital de Puebla es un pequeño cuadro amarillo hecho de masa de maíz mezcla­da con queso, polvo de hornear, sal y leche, que se fríe en mante­ca de cerdo y se baña con miel de piloncillo.

Aunque tiene un color distin­to, esta variante está emparenta­da con la de los muéganos hua­mantlecos, que son panecillos rectangulares elaborados con harina de trigo, anís, manteca de cerdo, sal y canela.

Los muéganos son horneados y bañados en un jarabe de pilon­cillo y canela; son casi secos y se colocan sobre obleas de colores que cubren una de sus superficies.

Como sugiere su nombre, es­tos muéganos tienen una lar­ga tradición en el municipio de Huamantla, al oriente de Tlax­cala, donde incluso el Congre­so local ya ha declarado que es­te dulce es Patrimonio Cultural y Gastronómico estatal desde el 17 de septiembre de 2020.

Es en ese mismo municipio donde se ha forjado el único ré­cord conocido sobre estos dulces: el muégano más largo de todo el país, un pan de 40 metros, fue elaborado Antonio Báez León y sus 14 hermanos, una familia conocida por dedicarse a la pre­paración de este postre.

En ese municipio, el origen del muégano se atribuye a dos perso­nas: uno es Aurelio Martínez Cal­va, al que la comunidad llamaba El Ratón, y que supuestamente inició el panecillo en 1938. El se­gundo es Juan García, un nevero que atendía en los portales y en la estación del ferrocarril.

La familia de Antonio Báez León ha contado que los mué­ganos se hicieron costumbre en Huamantla durante los viernes de Cuaresma; los vendedores co­locaban una pequeña mesa y un farolito a las puertas de las igle­sias, y allí vendían estos dulces típicos, sólo en esa jornada.

La tercera variedad es repre­sentativa del centro del país. Se trata de bolas de cerca de 10 centímetros de diámetro que se fabrican con cuadros pequeños de pasta de harina de trigo, cu­biertos con caramelo y pegados unos con otros.

La masa, que es la de buñue­los, se estira y corta en pequeños cuadrados que se fríen en man­teca de cerdo hasta que se inflan y se doran. Se mezclan con almí­bar de piloncillo, se forman las bolas y se dejan secar.

Según el Larousse de cocina, estos muéganos también son muy populares en San Luis Po­tosí, algo que, a decir de la an­tropóloga Paola Vera, puede atri­buirse a la migración de tlaxcal­tecas hacia el norte del país.

“En el norte hay una tradi­ción dulcera muy importante… las glorias, los macarrones, estos dulces de leche con nuez tienen mucha semejanza con los dul­ces poblanos precisamente por los pueblos tlaxcaltecas que su­bieron al norte a ayudar duran­te la conquista”, ahonda.

Otra variedad es originaria de Tehuacán, la segunda ciudad con más habitantes en el estado de Puebla.

Ahí, la creación de los mué­ganos se atribuye a Flora Váz­quez, una repostera originaria de San Martín Texmelucan cuya familia migró hacia Tehuacán en 1938. Hoy, estos muéganos son elaborados por la empresa El Águila, propiedad de Facun­do Bustamante Cervantes, nie­to de Flora Vázquez.

Los muéganos de Tehuacán están hechos de harina, leche, huevo y aceite vegetal. El primer paso de su preparación consiste en mezclar los ingredientes en una masa que más tarde es cor­tada a cuadros. Después, los cua­dros se hornean y se cubren con galleta de caramelo y se les colo­can obleas por los dos lados, que es su distintivo del resto de las variedades.

“No hay recetas originales de ninguna de estas variaciones, han pasado de generación en generación a través de la tradi­ción oral”, resume la antropólo­ga Paola Vera.

Esto implica que cada mué­gano es resultado del ingenio de sus creadores.

Muéganos: un dulce árabe muy poblano
CORTESÍA EL ÁGUILA

LA VARIEDAD DE TEHUACÁN, RECETA PRESERVADA DESDE HACE MÁS DE UN SIGLO

Un pequeño recetario escrito a mano hace más de un siglo guarda la fórmula del dulce tí­pico más importante de Tehua­cán. Quizá lo paradójico es que sus creadoras, dos mujeres re­posteras, ni siquiera vivían en esa ciudad.

La más grande se llamaba Ocotlán Romero y su hija llevaba por nombre Flora Álvarez. Vivie­ron toda su vida en San Martín Texmelucan y escribieron ese pe­queño recetario en el año 1905. El documento es un compendio de recetas de dulces, golosinas, postres exquisitos. No vivieron lo suficiente para saber que su receta del muégano haría histo­ria a kilómetros de distancia de su ciudad natal.

En 1935, uno de los hijos de Flora Álvarez, Joaquín Busta­mante Álvarez, partió de Tex­melucan con la encomienda de hallar una ciudad en donde crear un negocio. La repostería de su madre y de su abuela lle­vaba por esos años el nombre de El Águila.

Joaquín recorrió Celaya, Guanajuato, Orizaba, Córdoba, Cuautla… pero eligió quedar­se en Tehuacán. Muchos años después, su hijo Facundo Bus­tamante haría lo mismo: elegir Tehuacán.

—¿Por qué? —se le pregunta por teléfono.

—Porque es bonito. Es boni­to el clima, la gente, los museos. Es bonito —dice Facundo, parco, como si la respuesta fuera dema­siado obvia.

Facundo es heredero de ese recetario escrito a principios del siglo XX. De esa pequeña libre­ta que aún conserva en una bol­sa de plástico surgió Muéganos El Águila, una empresa que pro­duce al día 12 mil piezas de un dulce que se ha convertido en un emblema de Tehuacán y el resto del estado.

A su llegada a Tehuacán, el padre de Facundo desarrolló má­quinas que agilizaran el proce­so de la elaboración de los mué­ganos, que se distinguen del res­to de variedades que se elaboran en Puebla, Huamantla y el cen­tro del país.

Los muéganos de Tehuacán están hechos principalmente de harina, leche, huevo y aceite ve­getal. Están cubiertos por galleta de caramelo y obleas, que es su principal distintivo de las otras variantes.

Hasta hoy, las máquinas creadas por Joaquín Bustaman­te siguen siendo utilizadas en la elaboración de los miles de mué­ganos que se venden al día.

“Los aparatos que inventó mi papá agilizaban el proceso de cortar los cuadritos de los mué­ganos; diseñó las medidas, lo au­tomatizó, y eso hizo que se pu­dieran fabricar más. Hay una parte manual y otra maquina­ria”, explica.

A finales de 1983, Joaquín Bustamante llamó a su hijo pa­ra encargarle tomar las riendas de la empresa. Él, como el resto de su familia, había permaneci­do toda su vida en San Martín Texmelucan. Pero a la llamada de su padre tomó a sus hijos e hi­jas y se mudó a Tehuacán el 2 de diciembre de ese año.

Quizá su padre confiaba en él porque tenía experiencia en los negocios. Unos años antes, en 1972, Facundo había sido en­cargado de la inauguración de la primera tienda Elektra en Izú­car de Matamoros.

Al llegar a Tehuacán, lo pri­mero que hizo fue registrar for­malmente la marca como una microindustria. Era un negocio “chiquito, muy chiquito” que empleaba a cinco trabajadores; ahora emplea cuatro veces más.

Facundo tiene pocas hipóte­sis que expliquen cómo ese mis­mo dulce típico se desarrolló en otros lugares con sus respectivas variaciones. Sobre la receta de su bisabuela y su abuela conoce sólo lo que indica ese antiguo re­cetario heredado.

“Dicen que los muéganos se parecen, pero no, los de Tehua­cán tienen un sabor diferente. Y sí, son de Tehuacán, porque aquí llegaron y nada más aquí”.

Muéganos: un dulce árabe muy poblano

AGENDA RELIGIOSA MANDA EN CANASTOS DE CHOLULA

Durante la temporada de Sema­na Santa, en San Andrés y San Pedro Cholula se elaboran dos panes distintos: muéganos y ro­deos, estos últimos, rellenos.

Los muéganos en Cholula son un tipo de pan recortado a cuadros que no lleva levadura; sólo harina, huevos, manteca y piloncillo. Se reparte en fiestas patronales y eventos religiosos.

Los huevos, la manteca y la harina se revuelven y son hor­neados; después, son bañados con piloncillo con agua y sobre la cubierta, a modo de decora­ción, se les agregan migajas del mismo muégano.

Los muéganos cholultecas se venden junto al rodeo en los ca­nastos de vendedores nómadas, anaqueles de hornos y charolas de panaderías formales.

Hay, a la vez, dos variedades: unos son cilíndricos y otros tie­nen la forma de un “ojo de Pan­cha”. Ambos tienen crema pas­telera en medio.

Panaderos de la región ase­guran que los ejemplares más solicitados por los compradores son los que se derivan de recetas familiares de cada horno. En es­pecial, los que incluyen frutas.

En ningún canasto de ven­ta al público faltan las rosqui­llas revolcadas en azúcar glass. Hay blancas y rosas, colores que alguna vez tuvieron significado religioso.

Etiquetas: CholulaConquistadulce árabemuéganospostrestehuacantradición

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