Tres autores se sumergen en archivos y arman el rompecabezas de la cultura creada alrededor de la exhibición de películas en 11 salas
Mario Galeana
La historia del cine en Puebla comienza en el invierno del año 1906, cuando el ingeniero Salvador Toscano instaló el Salón Pathé, donde hoy se encuentra el Museo Universitario, y que más tarde se llamó Cine Lux. En la rústica pantalla se exhibió, ante los ojos maravillados de los poblanos, una breve película muda llamada “Un viaje a París”.
A partir de entonces, los cines se multiplicaron y las salas se abarrotaron de personas de distintos estratos sociales, como apunta el libro Memoria del cine en Puebla, de los años 20 a los 40, editado conjuntamente entre el Archivo General Municipal y la Universidad de las Américas (UDLAP).
Presentado ayer, el libro se basa en documentos de ese archivo, del de la BUAP y de la Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que contienen la cartelera de la época y la forma en que ésta era promocionada.
En estas primeras décadas del siglo XX, hubo al menos 11 cines instalados en el centro de la ciudad: Edén parisiense, Colonial, Constantino, Pardavé, Continental, Guerrero, Reforma, Variedades, Coliseo, Pathé y Olympia y el Cine Lux.
Muchos de estos inmuebles sólo se preservan en el recuerdo y a veces ni siquiera eso, tan solo un folletín impreso que promocionaba alguna película.
“Muchos cines desaparecieron y hoy son tiendas de electrodomésticos. Es una lástima que estos espacios se hayan perdido por la dinámica interna de este mismo negocio”, apunta Enrique Delfín Espinosa, catedrático de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) y coautor del libro.
Delfín se abocó a analizar el estilo gráfico de las carteleras, que a pesar de los pocos recursos técnicos de impresión de la época, trataban de llamar la atención a través de tipografías e ilustraciones similares a las que hoy, por ejemplo, se utilizan en la lucha libre.
“En medio de ese caos había una maravillosa uniformidad para la cartelera. Hoy en día la uniformidad es pasmosa, en aquel entonces tenían más vida. Este libro rescata la propuesta gráfica de esos días”, abunda.
Durante aquellas décadas, Puebla fue un punto de gran trascendencia para el incipiente circuito nacional e internacional de cine.
Entre sus salas se exhibió, por ejemplo, la mítica “El automóvil gris”, una de las primeras películas mexicanas y la más conocida del cine mudo de ese país. Estrenada en 1919, la cinta es un documental que cuenta la historia de una banda de ladrones de vehículos hasta su detención e incluso su fusilamiento.
“La revisión de la cartelera nos hizo descubrir que por esa época Puebla no solo es importante para hacer cine, sino que también es una de las mayores plazas para crear públicos”, explica el académico Silvestre López Portillo, que en conjunto con el guionista Rafael Aviña exploró la programación de los cines.
Como ésta, también se exhibió “Santa” (1932), del director Antonio Moreno, el primer largometraje sonoro en el país; “El tango en Broadway” (1934), protagonizada por el legendario Carlos Gardel; “Jalisco nunca pierde” (1937), protagonizada por Pedro Armendáriz; “Chucho El Roto” (1934), del director Gabriel Soria, entre otras.
En suma, la colección del archivo municipal contiene más de 2 mil carteleras de 1900 a 1978, entre las cuales los autores eligieron la serie correspondiente a 1922-1944.


