Traductores indígenas consideran que la inteligencia artificial es una gran herramienta, pero que aún no suple la perspectiva filosófica y cultural de la interpretación
Mario Galeana
En el corazón de las 68 lenguas originarias en México palpita el trabajo de los traductores indígenas. Más que simples intermediarios lingüísticos, los traductores custodian la riqueza semántica y cultural de las lenguas, donde anidan historia, los mitos y las tradiciones de los pueblos originarios.
Pero el desarrollo de tecnologías y de la inteligencia artificial podría cambiarlo todo. Especialistas del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y Sistemas (IIMAS) han desarrollado un programa que permite traducir de forma automática cinco lenguas indígenas y hay un par de aplicaciones que trabajan en el mismo sentido.
¿Esto significa un riesgo para el trabajo que realizan los traductores indígenas?
Tres de ellos responden a Crónica Puebla que, por el contrario, el desarrollo de esta tecnología podría ayudar a mantener vivas las lenguas originarias.
TRANSMITIR LA IDEA
Silvia Rivera Marín, originaria de San Felipe Otlaltepec, Puebla, y traductora de la Lengua Ngiwa, explica:
“Me hice traductora después de que dos amigos me impulsaran a escribir y transcribir textos en ngiwa, la lengua que hablo. Primero hice algunos trabajos como ejercicio, pero después me fui adentrando más y más en la traducción.
Desde entonces he traducido documentos oficiales y también algunos cuentos que he escrito, como Campanas que avisan, con el que gané un premio en 2020.
He sido traductora durante alrededor de 15 años.
Lo más complicado de mi trabajo es transmitir realmente la idea de lo que se quiere decir. Porque en ngiwa hay algunos términos que no existen, expresiones nuevas creadas en el español que no tienen un símil en el popoloca.
Por ejemplo, la computadora.
En mi caso, lo traduzco como el aparato en el que se puede escribir y ver más imágenes. Es la mayor aproximación posible.
Lamentablemente no hay tantos traductores de ngiwa, porque nuestra lengua es una de las que están en peligro de desaparecer.
Creo que, por eso, sería buena idea que existieran programas o herramientas de traducción.
A veces los pueblos originarios nos sentimos como de museo, muy a la antigua, y puede creerse que la tecnología está muy lejos de nosotros y no tendría que ser así. Ni la ciencia ni la tecnología pueden parar.
Considero que la inteligencia artificial podría procesar más rápido los sonidos de nuestra lengua y conservarla.
Porque ¿qué pasa si todos los hablantes de la lengua nos vamos? ¿Dónde quedaría todo ese conocimiento, esa sabiduría?”.
RIQUEZA LINGÜÍSTICA
Martín Tonalmeyotl es originario de Atzacoaloya, Chilapa de Álvarez, Guerrero. Es narrador, poeta, docente, fotógrafo y traductor nahua.
“La mayoría de nosotros hablamos primero nuestra lengua originaria, pero nunca aprendemos a escribirla o a leerla, porque eso no se enseña en la escuela.
Yo aprendí a escribir y leer mi propia lengua después de los 20 años. A los 30 comencé a escribir mis primeros relatos en español y después me encontré con la poesía. Me hice escritor y traductor nahua al mismo tiempo, porque no había quién pudiera traducir lo que escribía.
Lo más complejo es realmente entender mi propia lengua, es decir, su filosofía, su cultura, sus raíces cosmológicas. Cuando lo supe, ahí comprendí el proceso completo de la traducción.
Por ejemplo, para traducir “te extraño” de forma literaria en náhuatl, la expresión que usamos significa “siento la necesidad de tus labios”.
PRESERVANDO UNA CULTURA MILENARIA
Originaria de San Felipe Otlaltepec, Puebla, Silvia Rivera Marín es traductora de la lengua Ngiwa, conocida con el sobrenombre de origen náhuatl “popoloca”, que se encuentra en peligro de extinción.
GUARDIÁN DE ESTRUCTURAS COSMOLÓGICAS
Narrador, poeta, docente, fotógrafo y traductor nahua, Martín Tonalmeyotl es originario de Atzacoaloya, Chilapa de Álvarez, Guerrero.

LABOR MÚLTIPLE
Manuel Espinosa Sainos es poeta, productor y locutor bilingüe y traductor tutunakú (totonaco), originario de Ixtepec, Puebla.

A eso quiero llegar: la traducción no es sólo buscar una palabra similar, sino entender la lengua; saber qué es lo que me está diciendo.
El nahua tiene 34 variantes lingüísticas o dialectos y al traducir buscamos las palabras más generales. No lo vemos como un obstáculo, sino como una riqueza lingüística.
Por eso creo que sería muy difícil que la inteligencia artificial o los programas tecnológicos consigan realmente aprender a traducir. Porque necesita – rían, primero, hacer el programa; después, conocer la lengua, es decir, escribirla y leerla.
Se necesitan herramientas lingüísticas, culturales y literarias para poder traducir un texto. Sin embargo, creo que, lejos de perjudicar, este tipo de herramientas nos enriquecerían.
No conozco una lengua que esté creciendo en hablantes. De hecho, más de 90% de las lenguas pierden hablantes todos los días. Estas herramientas aporta – rían a su conservación”.
TAREA INSUSTITUIBLE
Originario de Ixtepec, Puebla, Manuel Espinosa Sainos es poeta, productor y locutor bilingüe y traductor tutunakú (totonaco).
“Como muchos otros niños indígenas, crecí ignorando que en mi lengua materna se podía hacer literatura y poesía.
Lo supe mucho después, cuando era un estudiante de preparatoria y escuché a un poeta tutunakú. Eso no ha cambia – do mucho.
La literatura indígena con – temporánea atraviesa una cuestión difícil.
A diferencia de la literatura en español, que tiene a sus traductores en inglés, francés u otros idiomas, nuestra literatura no cuenta con traductores.
En totonaco, hay muy pocos autores que puedan hacer traducción.
A menudo, los autores tomamos el rol de la traducción. Eso implica un doble y, a veces, hasta un triple esfuerzo para difundir nuestras obras.
Creo que es poco viable que en el futuro inmediato surjan tecnologías que traduzcan nuestras lenguas indígenas.
Para empezar, es muy difícil encontrar un buen diccionario o cualquier otro tipo de mate – rial didáctico, sobre todo en totonaco.
En la lengua maya o en el náhuatl ya hay estudios muy avanzados de escrituras y de creación, pero no sucede así con el totonaco.
Si la inteligencia artificial consigue hacerlo, seguro que será en mucho tiempo. Y puede ayudarnos mucho a preservar nuestras lenguas, pero de ninguna manera debe sustituir al traductor.
No es lo mismo que lo haga una computadora a una persona especializada en literatura”.


