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Transformaciones, clave de Bosque Camaleón

Crónica Puebla por Crónica Puebla
6 agosto, 2022
en Cultura
Transformaciones, clave de Bosque Camaleón
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Por: Mario Galeana

Hay algo en La encan­tadora de serpientes, la obra insigne del pin­tor Henri Rousseau, que está erizado por el misterio. A la sombra del follaje de los ár­boles, una flautista convoca a su encuentro serpientes y aves, las plantas y la superficie del agua se mecen al tacto del viento y, aun­que todo está en calma, parece que algo está a punto de suceder.

En el texto que abre Bosque Camaleón (Crisálida Ediciones, 2022), el más reciente libro de Amaranta Castro, la autora des­cribe el cuadro de Rousseau pa­ra explicar que, del mismo modo en que la flautista persuade ser­pientes y aves, la literatura atrae imágenes y sonidos para com­prender algo que no es percepti­ble con el lenguaje común.

Un encuentro que, sin embar­go, “casi siempre está inacabado”, porque “las aves y las serpientes que acuden para ser escuchadas nos entregan apenas unas pala­bras para narrar sus historias”.

A partir de la ensoñación de estos seres, Castro creó un bos­que poblado por seres impreg­nados por lo fantástico. Un com­pendio de cuentos, poemas, vi­ñetas, diálogos, listas e historias que no poseen un hilo conductor aparente, pero que están unidos por la noción de la pérdida y la metamorfosis.

“La idea de este bosque está ahí desde el principio, a partir del cuadro de Rousseau, porque com­parto la idea de que el bosque es una atmosfera, un bosque habi­tado por diversos seres, de mane­ra metafórica. Hay una interpre­tación poética, un pequeño cos­mos habitado por la metamorfosis de los personajes”, explica.

En el libro hay listas de pala­bras, provocaciones para que el lector escriba su propia historia. Hay textos que se detienen en un instante irreversible en la vida de los protagonistas. Y hay otros que son breves composiciones llenas de símbolos, imágenes que acaban como un suspiro.

Como señala el escritor Ale­jandro Badillo al comentar el li­bro, “Bosque Camaleón recupe­ra la exploración como vocación literaria. Desde las primeras pá­ginas se tiene la sensación de en­trar a un artefacto conformado por textos que se resisten a una clasificación segura (…) el lec­tor sentirá que explora un mun­do íntimo que revela solo lo ne­cesario para que nosotros com­pletemos la historia”.

Bosque Camaleón fue publica­do recientemente por Crisálida Ediciones, una editorial indepen­diente fincada en San Luis Poto­sí, que encargó el libro a Ama­ranta Castro a partir de una muestra de su trabajo como poe­ta. Puede adquirirse en su sitio web en cualquier lugar del país.

Cuando comenzó a escribir el libro, la autora quería escri­bir sólo poemas. Siempre ha es­tado interesada por lo efímero, una influencia marcada por la literatura japonesa. Pero des­pués llegó la pandemia y, a me­dida que avanzaba en la escri­tura, concluyó que las narracio­nes debían decir más, durar más, como una forma de prolongar el encuentro con los personajes.

“Nunca he tenido esas condi­ciones idílicas del artista genio, eso no existe en mi vida. Yo escri­bo en el caos, escribo en el escena­rio actual, escribo mientras viajo, escribo mientras mi hijo me lla­ma. Creo que escribo mucho so­bre la metamorfosis por lo que he vivido con mi cuerpo tras la ma­ternidad, los matices, las fases, los instantes que puedo recuperar y unir en la literatura”, dice.

LA EXPLORACIÓN DE LOS GÉNEROS

Amaranta escribía un diario cuando era niña, una especie de bitácora de lo que sucedía al­rededor. No pensaba necesaria­mente en ser escritora, pero en ella ya habitaba el germen de la creación.

Cuando entró a la carrera de Estética y Arte, su formación académica orientó su escritura hacia el ensayo. En ese tiempo le interesaba escribir acerca de música y de cultura, y la influen­cia de aquel tiempo puede en­contrarse en las columnas que suele escribir para la revista Pe­numbria, donde analiza libros y películas que dialogan entre sí.

En 2013, tras un periodo de enfermedad, tuvo tiempo de cur­sar un diplomado en creación li­teraria en la Escuela de Escritores SOGEM, y allí compartió sus tex­tos públicamente por primera vez.

Y fue allí, sobre todo, cuando alguien le dijo que su prosa tenía la huella de la poesía.

“Aprender siempre ha sido mi detonante y mi intención en ese momento era conocer los géne­ros. En esos talleres había que mostrar lo escrito y leerlo en voz alta. Empecé a escuchar el tra­bajo de las personas que estaban ahí y a compartir lo propio. Lue­go vino un trabajo de mucha dis­ciplina, de leer y de escribir con base en lo leído”.

Para 2015, Castro ya tenía escrito un poemario, Ikebana, que hablaba sobre las estaciones del tiempo, el tránsito de la vida, la noción inherente de lo efíme­ro. Decidió mandar una selec­ción de esos poemas al Festival Internacional de Escritores y Li­teratura en San Miguel de Allen­de, Guanajuato, y resultó gana­dora del primer lugar.

Después, volvió al ensayo. Participó en un concurso de la Fundación para las Letras Mexi­canas con un texto sobre la in­fancia, el reino vegetal, las raíces de la memoria. Se llamaba Voces de los árboles. El texto terminó fi­nalista, pero no acabó ahí.

En 2018 expandió el proyec­to a partir de un programa de in­novación artística del IMACP y Voces de los árboles se convirtió en un libro en el que trabajó con varias niñas de una casa hogar.

“Trabajamos diferentes téc­nicas, a partir de lo que ellas ne­cesitaban. Si querían leer terror, arte, cualquier cosa que ellas quisieran. Fuimos formándo­nos hasta que finalmente ellas eligieron un seudónimo –en eso fui muy clara desde el principio, porque me importaba mucho su privacidad– y escribieron sobre sus experiencias en el orfanato”.

Desde su primer diploma­do en escritura hasta la publi­cación de su último libro, Ama­ranta Castro lo ha explorado ca­si todo. Como La encantadora de serpientes, las manifestacio­nes de la literatura han acudido a su llamado.

—¿Y una novela? ¿te inte­resa?

—Si escribo novela, será mi última obra.

¿A QUÉ AUTORAS SIEMPRE VUELVES?

Doris Lessing

Alejandra Costamagna

Cristina Peri Rossi

Amparo Dávila

¿UNA OBRA QUE RECOMIENDES?

Me gusta Las pequeñas virtudes, de Natalia Ginzburg, porque hay un fragmento donde dice que es una escritora pequeña, pero que realmente no le importa mucho porque ella quiere creer que nadie ha sido como ella. Es decir que, por pequeña que sea como escritora, ante todo está la idea de ser una autora que pueda mostrar una perspectiva distinta de la realidad.

Etiquetas: Bosque CamleónHenri Rousseau

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