El animalazo era semejante a un armadillo, pero podía medir hasta tres metros de largo. Su rostro tiene orejas a lo hipopótamo pero el resto… no tanto.
Hace 10 mil años estuvo aquí. Se sabe porque este ejemplar que se ve en las imágenes estuvo en Santiago Tenango, junta auxiliar de General Felipe Ángeles, municipio que colinda con Acatzingo.
Llegaba a pesar un poco más de dos toneladas, si era de los ejemplares grandes.
Comía sólo hierba.
Uno de los pocos que se han encontrado bien conservados en el país y en un recinto de exhibición está en el de Museo del Instituto de Geología de la UNAM.
El segundo se encuentra en Analco, porque ha regresado a casa.
Fue descubierto en 2017.
En 2018, se trasladaron los restos al centro INAH Puebla.
Se estabilizó y estudió pieza por pieza.
El investigador del Centro INAH Puebla, el biólogo y paleontólogo Iván Alarcón Durán, explicó que cuando se reabrió la Sala de Paleontología en el Murep, en 2019, una de las piezas icónicas que se presentaba eran los restos del gliptodonte.
El plan –afirma el Instituto Nacional de Antropología e Historia– era que estos restos se exhibirían por un año y medio, para regresar en 2020 a la comunidad donde fueron hallados.
Pero debido a la contingencia sanitaria el retorno se retrasó, hasta ahora.
El resguardo oficial de los restos fósiles es de la comunidad, aunque, como todos estos ejemplares, la propiedad es de la nación por medio del INAH. El abuelo del armadillo está sano.
¿Qué es esto que llegó en recipiente especial?
El ejemplar está compuesto por el caparazón completo en 85-90%; la pelvis, prácticamente integra; la mandíbula entera, algunos anillos y parte de las vértebras caudales, informa el INAH en un comunicado.
Los restos fósiles podrán visitarse en el Museo “Lugar Amurallado”, de manera programada y organizada, considerando el semáforo epidemiológico estatal.
Es un espacio cedido por la presidencia auxiliar para que sea el recinto oficial donde se conserven las piezas.
El INAH les indicó los requerimientos administrativos, de espacio y de condiciones museográficas adecuadas para albergar el material paleontológico.
En Puebla, trabajaron en la estabilización de material e investigación Zaid Lagunas Rodríguez y Sergio Suárez Cruz.
En 2017, la comunidad quería tener un museo de sitio para exhibir el gliptodonte, y se les indicó que tenían que conformar una asociación civil para tenerlo en comodato con el INAH; la población se organizó.




