De estirpe luchística, Asturiano es uno de los mayores exponentes de la lucha libre poblana a nivel nacional, pues en más de 30 años de carrera, ha demostrado toda su calidad, en los enlonados, pero todavía tiene cuerda para seguir cumpliendo sueños.
Sobrino de una de las leyendas del pancracio en la Angelópolis como lo fue El Tarahumara, se curtió ‘a la antigua’ con entrenamientos extenuantes y una disciplina casi militar hasta preparar su cuerpo para las exigencias que este deporte tiene.
Él es la clara muestra de la evolución que han tenido los luchadores en México durante los últimos años, pues han sabido combinar su vida deportiva con la profesional, y en su caso cuenta con maestría y doctorado, además es docente en la BUAP.
DEBUTÓ A LOS 15 AÑOS COMO LUCHADOR
La disciplina la encontró a muy corta edad pues asistió a una escuela militarizada en la que le enseñaron a saber cómo defenderse y a hacer sus primeros movimientos de lucha libre, lo que le sirvió como preámbulo.
“Inicié en una escuela militarizada donde me enseñaron la defensa personal y tumbling que son los giros, los lances y las rodadas que se hacen en la lucha libre. Eso ayudó a que la lucha libre se me facilitara además de que mi papá ya andaba en este gremio, lo acompañaba a las funciones en la Arena Puebla, y comencé a entrenar lucha libre a los diez años”, comentó.
Sin embargo, debido a lo exigente del pancracio, una lesión lo hizo dudar si de verdad era una actividad que quería hacer, aunque fue a los 13 años cuando tomó la decisión más importante de su vida y quiso seguir los pasos de su papá, El Asturiano, y su tío, El Tarahumara.
“En los primeros entrenamientos me lesioné y ya no quería luchar, aunque seguí hasta que a los 13 años, ya con un poco de mayor conciencia, decidí que quería ser luchador profesional, porque para mi era muy emocionante ver a mi papá y también a mi tío, El Tarahumara”, explicó.
Después de un largo camino recorrido, llegó el momento esperado, el de hacer la presentación como gladiador, y con apenas 15 años de edad, se subió al enlonado para hacer su presentación, algo que nunca va a olvidar.
“A partir de ese momento entrené otros dos años aprovechando lo que ya sabía hasta que debuté a los 15 años en una Arena que se llamaba El Maratón 85 en la 16 de Septiembre a la altura del Panteón Jardín, allí me dieron la oportunidad de hacer mis pininos. El primer examen para obtener la licencia de luchador no lo pasé, porque son pruebas muy difíciles, fue hasta la segunda que pude convertirme en profesional. Al principio luchaba con mi papá y mi hermano como Los Asturianos”, recordó.
LLEVA 30 AÑOS EN LA ARENA PUEBLA
Cuando era niño, se ilusionaba cada vez que veía luchar a su papá y a su tío, entrar a la catedral de la lucha libre en Puebla, lo llenaba de emoción, y cumplir el sueño de subirse al cuadrilátero sagrado de la Arena Puebla lo logró a los 18 años de edad, eso sí, precedido de mucho esfuerzo y sacrificio.
“Me costó mucho trabajo debutar en la Arena Puebla, cuando empecé a entrenar allí, me mandaban a otros municipios como San Martín (Texmelucan) y Tehuacán para foguearme, y tenía entrenamientos de cinco horas. Fue hasta los 18 años que me dieron la oportunidad de presentarme, fue en un Día del Padre. Me puse muy nervioso ese día, fue un mano a mano, no me vi mal”, señaló.
Y si bien su presentación en el coloso de la colonia El Carmen lo tiene tatuado en su memoria, la lucha que más recuerda fue un duelo de apuestas ante Loco Max en un aniversario de la Arena Puebla, en la cual rapó a su oponente.
“Tengo 30 años luchando en la Arena Puebla y la lucha que más recuerdo fue la que tuve con el Loco Max en un máscara contra cabellera en un aniversario con lleno en la Arena, ahí se deslumbró mi carrera, pero algo curioso fue que también la de él porque a partir de ahí se fue para la Arena México”, dijo.
“ERA MI SUEÑO FRUSTRADO”
Infinidad de luchas, rivalidades, triunfos y derrotas, su carrera ha tenido de todo a lo largo de estos más de 30 años para Asturiano, aunque uno de los momentos de ensueño que vivió fue apenas en marzo pasado cuando hizo su debut en la Arena México, en la que participó en la eliminatoria para coronar al nuevo Campeón Súper Ligero del Consejo Mundial de Lucha Libre que terminó ganando el también poblano Stigma.
“El luchar en la Arena México era un sueño frustrado para mí, pero por fin lo pude cumplir, si bien al principio tenía nervios, los hice a un lado porque quería disfrutar lo que me gusta, y eso me sirvió para dar un mejor espectáculo. Ese siempre ha sido mi lema y me ha funcionado para que las cosas salgan de la mejor manera”, apuntó.
“QUIERO LUCHAR EN JAPÓN”
Pero a sus 48 años de edad, todavía tiene muchas metas por cumplir como luchador, aunque el sueño más grande es presentarse en una de las empresas más grandes del mundo, la New Japan, un objetivo para el que ya trabaja.
“No quiero máscaras ni cabelleras ni títulos, quiero mi viaje a Japón, pero no como turista, sino como luchador para una empresa importante como para la New Japan, cuando logre eso ya me podré retirar”, confesó.
“LOS LUCHADORES YA NO SOMOS PANADEROS, AHORA SOMOS DOCTORES”
Pero el personaje de Asturiano no absorbe toda su vida, pues debajo de la máscara hay un licenciado en Educación Física con grado de maestría y doctorado que tiene 25 años dando cátedra en la Facultad de Cultura Física de la BUAP.
“La gente se debe dar cuenta que el luchador ya no es el mismo de antes, el albañil, el panadero o talachero, el luchador también se prepara, hay muchos luchadores que ya tienen una profesión. Yo soy licenciado en Educación Física, llevo 25 años como docente, tengo una maestría y un doctorado, mi crecimiento deportivo ha ido a la par del profesional, yo trabajo para la universidad más grande de Puebla que es la BUAP en la Facultad de Cultura Física”, finalizó.




