Por: Daniel Aguilar Twitter: @Danny_aguilarm
La gran mayoría de los que amamos el Rey de los Deportes es debido a nuestros abuelos. Una festividad atípica más, debido a la pandemia, pero que no podíamos dejar pasar, la pelota y los abuelos van de la mano. La pasión por la perfección hecha deporte es gracias a ellos.
Es don Roberto Morales García, quien tiene infinidad de historias conmigo y la pelota. Tengo la fortuna todavía de llegar a su casa, dirigirme a su recámara, acostarme a su lado y hablar sobre lo que nos apasiona: el beisbol.
LOS PERICOS DE PUEBLA
“¿Cómo ves a los Pericos?” ha sido la pregunta recurrente desde hace unos años. El tiempo no perdona y él hace ya mucho dejó de ir al estadio Hermanos Serdán, pero eso no le ha impedido estar al pendiente del equipo, de los resultados, los jugadores y el momento que viven.
Era aquel lejano año 2000, cuando luego de la sequía sin pelota, la ciudad de Puebla volvía a ver los Pericos en acción en la Liga Mexicana de Beisbol. Íbamos a ver a esos emplumados, que no iban muy lejos, pero eran nuestro equipos. Se enojaba ante los malos resultados y, evidentemente, los comparaba y añoraba aquellas novenas que le tocó ver.
Tengo muy presente un triunfo de los verdes por pizarra de 1-0, gracias a un cuadrangular de Lorenzo de la Cruz. Quería carreras y batazos, él no paraba de decirme: “está bueno el juego”.
Cuando Roberto Espinoza me dio la oportunidad de entrar en los medios de comunicación me hice de una linda tradición, cada final de temporada obsequiarle la acreditación que me brindó el equipo. Hace un año le entregué con emoción un par acreditaciones provenientes de Ciudad de México, mientras escuchaba mi relato de cómo conocí a Toño de Valdés en la inauguración del Alfredo Harp y el triunfo de Danny Ortiz en el festival de cuadrangulares del Juego de Estrellas 2019.
Y de las pláticas que más he disfrutado, ha sido sin duda sobre el título de 2016, porque ambos lo esperábamos y se dio. Para él, año con año, siempre ha existido la versión de que los Pericos emigrarán de Puebla, rumor que tomaba fuerza en la época de Carlos Peralta. Luego del título ante los Toros de Tijuana me comentó a manera de broma: “ahora sí ya se pueden llevar a los Pericos”.
LAS GRANDES LIGAS
Ambos podemos presumir una cosa: contar con la amistad de un poblano que tiró en las Ligas Mayores. La historia de cuando tuve la fortuna de jugar en la Liga Zaragoza al lado de César Vargas, la conocen muchos. Hoy en día, cuento con la amistad del segundo poblano en debutar en el Gran Carpa, puedo platicar durante horas sobre beisbol, otros deportes, videojuegos o figuras de colección con Vargas.
Mi abuelo, oriundo de Tecamachalco, contó con la amistad de quien fuera su vecino y, por muchos años, el único poblano en debutar en las Grandes Ligas.
Yo ni siquiera había cumplido dos años, cuando tristemente Aurelio López, “El Buitre” de Tecamachalco, falleció en un accidente. Pero son tantas historias que creo haberlo conocido.
“El Buitre” es el culpable de que mi abuelo se ausentara de la fiesta de cumpleaños número 18 de mi mamá. En la celebración, ella buscaba al hombre más importante de su vida, su señor padre, pero no lo encontraban. Mi abuelo estaba encerrado, viendo la Serie Mundial de 1984, donde los Tigres de Detroit se alzaban ante los Padres de San Diego. El resultado era lo de menos para él, ahí estaba su amigo, en la narración de Pedro “El Mago” Septién que decía: “las campanas de la catedral de Puebla suenan porque Aurelio viene al centro del diamante”. El oriundo de Tecamachalco conquistaba el Clásico de Otoño. Un mexicano más que lo lograba, “El Buitre”, el amigo de mi abuelo.
Un día caminando por el Hermanos Serdán vi a mi padre responder una encuesta, le pregunté de qué era y me dijo que era una votación para cambiar el nombre del estadio: dejarlo así o llamarlo Aurelio López. Volteamos y sabíamos que el poblano había recibido un voto.
LOS CAFETEROS DE CÓRDOBA
Los recuerdo muy poco, me tocó verlos un par de temporadas cuando visitaban a los Pericos, venía con ellos Julián Yan y “El Porky” Villanueva. Lo que podría ser un equipo más de la zona centro de LMB, para mi abuelo era una novena de respeto.
La pasión con la que que se vivía la pelota en el Beisborama se ha conocido durante décadas, mi abuelo se aventuró a ir en unos playoffs siguiendo a su equipo, “nos aventaron de todo, aunque yo espero que sólo haya sido agua”, me cuenta siempre, argumentando que no le preocupaba mucho lo que a él le pudo haber pasado, sino que iba acompañado por su esposa; en un acto de amor, mi abuela lo acompañó, viajó hasta el Caníbal Park, como tuvo a bien bautizar “Cananea” Reyes, a la casa de los Cafeteros de Córdoba.
TIGRES, CAMPEÓN 2005
Siempre lo he dicho, nadie me puede venir a contar sobre el manejo de multipropiedad que tuvo Gerardo Benavides, y juzgar lo hecho con los jugadores, cuando vi a Carlos Peralta hacer lo mismo para conseguir el título con los Tigres de la Angelópolis.
De aquel sexto juego en el Serdán, mi papá compró boleto para mí, todos lo sabíamos: esa era la gran noche, la final de LMB no llegaría a siete juegos ¿y cómo no? Si los poderosos y mexicanísimos Tigres ya habían desplumado durante la temporada a su hermano para tener un equipo contendiente.
En fin, no quise ir y le obsequié el boleto a mi abuelo. Tomé la mejor decisión, no era mi equipo y si alguien tenía que ver ese juego: era mi abuelo.
Y no puedo dejar de hablar de quien todos los lunes prende su televisión para ver Contacto Deportivo y escucharme hablar de beisbol. Quien a sus amistades les recomienda puntualmente la sección Pelota Caliente, que comparto con Rames Alle y que constantemente me dice: “ya no le des cosas de beisbol a tu abuelo porque luego no las encuentra y se enoja”.
Mi abuela Josefina Santiago, que siempre ha estado, y sé que ambos seguirán por muchos años más.



