Por: Daniel Aguilar/ Twitter: @Danny_aguilarm
2, 2 y 2
Todos conocemos esa historia que se cuenta en la Liga Zaragoza, de cómo Puebla se impuso a Tijuana en 2017, con una cátedra de don Rafael Castelán desde la cueva, pero pocos conocen el momento en el que la Municipal protestó el juego minutos antes de la premiación, dejando unos minutos de incertidumbre.
Lo que hoy quiero contarles es cómo se vivió ese Torneo Nacional desde las entrañas, que todo aquel que tenga relación con la Asociación de Ligas Infantiles y Juveniles de Beisbol de la República Mexicana sabe no es fácil, parece una tarea sencilla decir: “hagamos un nacional”, pero no, se vive de una manera distinta.
En aquella ocasión, Puebla tuvo dos representativos y fue Puebla Azul la que avanzó, la que llegó invicta ante los siempre favoritos de Tijuana.
Aquella semifinal contra Poza Rica fue increíble, lo recuerdo bien: fue un viernes, un día antes de la conclusión del torneo. Puebla quería llegar a la máxima instancia y tendría una doble jornada. Primero jugó Poza Rica –sabían que irían contra ellos –, así que Puebla se metió al campo 2 de la Liga Zaragoza frente a SUTAJ de Guadalajara buscando avanzar. Ese duelo se lo llevaron los poblanos con una actuación titánica de Eliud Luna en el centro del diamante; aquella mañana no había poder humano que detuviera la gran labor del pequeño campesino de Tochtepec que salió en modo Roger Clemens.
Una de mis labores dentro de los torneos nacionales, que organiza la Liga Zaragoza y la Región 8 de la Alejbrm, es tener a mi cargo la asignación de los anotadores oficiales. Por compromisos laborales tuve que salir un momento de las instalaciones de la liga, hay que aclarar este punto porque después nos servirá de mucho. El anotador de ese partido fue uno de los mejores elementos con los que cuenta la cuadrilla y, sobretodo, de las personas que más confío para realizar este tipo de actuaciones, Leonardo García se encargó de llevar el box score del duelo entre los tapatíos y los locales, al terminar el encuentro él me buscó para entregarme la anotación oficial, al no encontrarme en las instalaciones le respondí que se quedara con las hojas, ya que si estaba en actas no había mucho que hacer o, en todo caso, podía dejar en la oficina de la liga dicha anotación.
Más tarde Puebla se mediría a Poza Rica en la semifinal, en aquel duelo trepidante, que hoy les quiero relatar a detalle y cómo lo vivió un servidor.
No estuve mucho tiempo fuera de la Liga Zaragoza, fueron 60 ó 70 minutos para que regresara a los campos de El Hoyo, cuando llegué ví las caras largas, algo pasaba y tenía lógica: Puebla iba abajo, Poza Rica estaba apuntando a la final. Fue entonces cuando decidí pararme detrás del dogout de tercera base donde los poblanos se encontraban. Los coaches César Alfaro y Juan Pablo Castelán hacían lo suyo en bases, pero el número 10 estaba sentado, observando desde la cueva.
La figura de Rafael Castelán entraba a escena con el juego empatado y un hombre en tercera, la fórmula parecía completamente difícil porque no se veía por donde los veracruzanos entregarían el partido. Lentamente se levantó, salió de la cueva con un andar pausado, él ya había visto la jugada y creo que nadie más lo entendía, se acercó al corredor de tercera, veía el movimiento del lanzador y en un acto más que heroico –quiero calificarlo como arriesgado y hasta suicida–, se le pegó lo más que pudo al corredor, le murmuraba algo, cuando a la par del movimiento del pitcher empezó a decir: “mira, mira, mira, ¡ya!” luego de la última palabra el niño arrancó buscando el robo del plato, se dio el lanzamiento picado y aunque la pudo controlar el catcher Puebla timbraba la carrera. Una de las jugadas más espectaculares que he visto en la Liga Zaragoza, todos estaban emocionados, las porras de las mamás poblanas explotaron, pero yo lo sabía, si alguien podía ejecutar esa jugada era él, venía de regreso a la cueva y con un movimiento de cabeza mientras sonreía me dijo: “¿cómo ves?”, no sabía qué decirle, reía de los nervios, pero ya lo había hecho como lo han dictado los cánones durante muchos años. Castelán lo hizo y con ello Puebla llegó a la final.
El sábado era de fiesta en la Liga Zaragoza, el campo 2 estaba lleno, ya no eran solamente los papás y la porra de Puebla azul, era toda la familia que se forma cada sábado para ver a nuestros representantes conseguir la gloria. Un partido increíble que contó con la excelsa narración de mi amigo Patricio Aguilar.
Bueno, la historia la conocemos todos, Puebla se fue abajo en la pizarra y el home club eran los fronterizos, no se veía por dónde, una vez más el sueño del título se esfumaba porque también entraba una lógica: ¿por qué tendría Puebla que ganarle a los del norte?
Los poblanos vinieron de atrás y luego del roletazo a segunda que significaba el out 18, Pato gritaba: “Se acabó, Puebla es campeón”. Estaba consumado ya, todo era alegría, lágrimas de campeón. En pleno festejo me tocó organizar a los compañeros de los medios de comunicación, me acerqué a ellos y les daba la tirilla final, lo destacado del duelo, con quién se podían dirigir, cómo iba a estar la logística del festejo, cuando Ricardo Cid se acercó y con una voz preocupante y alarmante me dijo: “Daniel, ve ayudar al doctor Calvo porque Tijuana quiere protestar el partido”.
En la zona de la segunda base, mánager, coaches y padres de familia se dirigían enfurecidos al doctor Jesús Calvo, director de la región organizadora. ¿El motivo? Argumentaban que el niño que cerró el partido por Puebla había lanzado ante Guadalajara y al no ser elegible para la final protestarían el partido por lo que Puebla perdería. Entre gritos y exigencias, para ellos no parecían convincentes las actas oficiales del torneo como evidencia de que lo que solicitaban. “Revisen el libro”, decía una persona que no puedo definir como coach pero sí portaba el jersey del equipo fronterizo. Hubo un momento en el que alguien tuvo la producencia de solicitar el box score oficial del juego entre Puebla Azul frente SUTAJ, era la única prueba evidente porque para ellos todo lo demás se podía alterar.
El doctor Calvo me volteó a ver y me dijo: “¿tienes el score?”, sentí como si un estanque de agua helada cayera sobre mí, todos los box score que archivé durante el torneo estaban… en mi casa.
Hacía ya varias rondas del torneo que no anotaba partidos, siempre he creído que el trabajo que hacen los muchachos como anotadores oficiales debe ser compensado durante todo el Nacional, es por eso que Julio, Juan y Luis Enrique se encargaban de los duelos críticos.
Por esa razón, mi mochila se encontraba en casa, pensaba la manera de resolver lo más pronto posible. ¿Hablarle a mi hermano?, no había muchas opciones, todo era ruido, por un lado reclamos y por el otro festejo, la ceremonia de premiación estaba a punto de iniciar.
En un momento que pude iluminarme pregunté qué juego querían, me repitieron el duelo y recordé que ese box score no pasó por mis manos. “¡Leo!”, grité, no importaba si lo tenía en ese momento, él vivía mucho más cerca que cualquiera. Le explicamos la situación y recordó haberlo dejado en la oficina.
Desde el campo 2 de la Liga Zaragoza vi salir de la oficina a Leonardo García Sandoval con una hoja de anotación en mano. El alma me volvió al cuerpo, no había más que decir, se aclaró el malentendido y sí, de la mano de Rafael Castelán la selección de la Liga Zaragoza conquistó un Torneo Nacional.



