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Conciencia Animal

Crónica Puebla por Crónica Puebla
22 noviembre, 2020
en Bienestar
Conciencia Animal
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Proteger a los animales nos beneficia a todos

Por: Itzel Saucedo Villarreal / Can Cat / FB @Can Cat / @Can Cat Extraviados

Recuerdo el momento exacto en que tuve conciencia de lo que era un animal. Y no hablo de la clase de biología de la primaria en la que te dicen que son seres vivos que nacen, crecen y se reproducen, pero que no son “racionales” como el humano. Tampoco hablo de la iden­tificación visual de lo que es un gato o un pe­rro o una vaca, hablo de ese momento lumi­noso en que llegó a mi vida una gatita de dos meses y que me hizo entender la complejidad de un animal: su independencia, sus movi­mientos, su conciencia, su libertad para de­cidir sobre algunos aspectos de su vida; la ru­tina que elige en su cotidianidad, su elección de dejarse acariciar por mí y de convertirme en parte de su manada, su nobleza al acep­tarme como su igual pero diferente.

Así pues, fue gracias a esa pequeña ga­ta que comencé a cuestionarme sobre las re­laciones tan estrechas para bien o mal que existen entre los animales humanos y los animales no humanos. Y es que antes, si bien había tenido un par de mascotas, nunca me había puesto a pensar en lo que sienten los animales, incluso en lo que quieren. Pero al­go era seguro, nuestra coincidencia en aspec­tos básicos: alimento, agua, cariño, protec­ción, juego, atención y cierta mezcla de de­pendencia-independencia. Igual que todos.

Después vino la observación de una rea­lidad que siempre había estado ahí, pero que nunca había cuestionado: el perro del vecino que ladraba todos los días, los de la calle que rompían las bolsas de la basura, las perras acosadas por tantos machos, los animales encerrados o amarrados en las azoteas. Las personas que desprecian a los gatos y sus ga­nas o anécdotas sobre su envenenamiento. Y luego, como efecto dominó, todos los demás: los elefantes masacrados por sus colmillos, los felinos cazados por sus pieles, la crueldad de los mataderos de vacas, cerdos y pollos, los animales de los circos; incluso esas reac­ciones fóbicas: lagartijas para tiro al blanco, arañas aplastadas sólo porque les tenemos miedo, ratones matados a escobazos.

Todas las personas tienen su propia histo­ria sobre su relación con los animales, anéc­dotas agradables, otras no tanto, concepcio­nes que vienen de familia, de la sociedad, de la cultura en la que crecimos pero es urgen­te que como humanidad reflexionemos so­bre nuestro trato a los animales. Tampoco se trata de negar la realidad en la que vivi­mos y esa es que difícilmente podemos de­jar de depender de los animales para nues­tra alimentación o el trabajo pero sí que po­demos comenzar a educarnos como indivi­duos y como sociedad respecto a lo que real­mente es un animal, mucho más allá de esa simple identificación biológica, debemos co­nectar con sus necesidades y prioridades, con sus derechos (existen 14 proclamados en la Declaración Universal de los Derechos de los Animales) y reflexionar que los animales no son parte de un “catálogo de cosas” que está a disposición para nuestra diversión y explo­tación desmesurada.

Los animales son seres vivos, que nacen, crecen, se reproducen y mueren pero tam­bién son seres que sienten, que se estresan, sufren y son explotados, asesinados, y cu­yos derechos se violan todos los días sin que nadie se haga responsable de ellos. Como so­ciedad debemos trabajar, reflexionar y deba­tir sobre esos temas, pues nuestras historias caminan juntas y entre más atentos estemos de ellos, también implicará que más atentos estemos de nosotros mismos como sociedad y como especie.

Etiquetas: animalesDerechos Humanosgatospieles

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