Por: Jorge Luis Hernández / [email protected]
Ni más ni menos
EL RELOJ DEL CLUB PUEBLA
¿Se está desinflando el Puebla? La respuesta se la he venido platicando desde hace algunas semanas en este valioso espacio. Decir que sí sería muy simple y obvio, dados los últimos resultados –ya que el Puebla sólo ha ganado un partido de los últimos seis–, así como un intento de engañarlo a usted amigo lector si digo que no, cuando es una realidad que la escuadra de Nicolás Larcamón ha venido a menos en cuanto a rendimiento.
¿Se acabó la magia del estratega argentino? No, se aprendieron su fórmula y aprendieron cómo jugarle a su equipo, que es diferente.
Por eso digo que se hace algunas semanas le platicaba –en medio de la euforia de propios y extraños–, que era cuestión de tiempo para que los resultados adversos llegaron, por supuesto, que un servidor no deseaba que esto sucediera, pero mi trabajo es analizar el futbol, a eso me dedico desde hace ya 20 años, a Dios gracias, y sin el afán de sonar petulante o dueño de la verdad, lo que yo veía en este Puebla pese a sus triunfos, es que había carencias que tarde que temprano les iban a pasar factura
Algunos me dijeron amargado, americanista enojado –por el mal paso de las Águilas en comparación a La Franja–, negativo y demás adjetivos que algunos aficionados poblanos orgullosos de su equipo, no comprendían que no era desearle mal al Puebla –los deseos del periodista son intrascendentes por cierto–, sólo era algo opuesto a lo que algunos colegas porristas escribían u opinaban, cautivados también por el paso de La Franja.
Sigo creyendo que Larcamón es un gran técnico, gran apuesta de la directiva poblana que, afortunadamente, fue más allá del tradicional reciclaje en la baraja de entrenadores en nuestro país. Simplemente que al ser un técnico joven, aún tiene un camino importante por recorrer, pero de que le sabe al negocio de la pelota, le sabe y mucho, insisto, es un gran “relojero”, porque sabe y conoce perfectamente las piezas de su engranaje para que su reloj trabaje sin contratiempos, la mayoría de las veces, es decir, sabe quién de sus jugadores le rinde, en dónde le rinde y por cuánto tiempo.
¿Entonces, el problema son las piezas?
Lo venía diciendo, en un equipo donde el portero Antony Silva era el héroe en los encuentros, se debe analizar que esa escuadra tiene muchas carencias defensivas, que tarde o temprano iban a subir al marcador, pues hasta los grandes se equivocan y ha pasado que este Puebla, con base a garra, entrega y Silva, sacaba los resultados, pero eso los rivales lo iban a notar algún día y ese día llegó.
El Puebla es uno de los equipos que mejores avances arma tras la recuperación de la pelota, al no gozar de centros delanteros letales –los números de Martínez, Aristeguieta y Escoto así lo indican–, este conjunto depende mucho de los jugadores que llegan de atrás de los atacantes, por esos sus contragolpes eran tan efectivos, sin embargo, cuando el rival se le cierra a La Franja o los esperan, les cuesta mucho trabajo crear jugadas ofensivas y para acabarla de amolar, las pocas que tiene no las meten y así es difícil ganar los encuentros.
¿Por qué han perdido ventajas? Porque más allá del discurso, ante Santos y Pumas, equipos a los que les ganaban por dos goles, se los comieron las ansias, es decir, la intensidad con la que buscan disputar cada partido les trae como consecuencia terribles desconcentraciones, que no son nuevas en los últimos partidos, sólo que ahora Antony no las están sacando y el rival las está metiendo, sin más.
También veo una merma en el aspecto físico de muchos jugadores y, repito, el grado de intensidad al que este equipo se acostumbró en cada juego, les pesa también, aunado a la actividad y edad que algunos futbolistas presentan de forma significativa, por eso hay veces que da la impresión que este equipo se empieza a conformar con las ventajas que logra, cediendo la iniciativa al rival, como le ha pasado en sus últimos tres compromisos.
¿Todo está perdido? No, este equipo sabe a qué juega y cómo lo quiere su entrenador, por lo que deben retomar la confianza del equipo que llegaron a formar, pues a este plantel nadie le ha regalado nada, es cuestión que Larcamón y sus muchachos le bajen a la intensidad, le suban a la confianza en sí mismos y a su concentración –revise usted los últimos goles en contra de La Franja, claras desatenciones más allá de la virtud del rival–.
¿Larcamón se la creyó y se distrajo por los rumores que salieron sobre su futuro? Es lo más ridículo que se pudiera argumentar para explicar el bajón del Puebla, si he escuchado y visto a alguien congruente con lo que dice y hace en la Liga MX es Nicolás Larcamón, más sobrio en sus triunfos que muchos que lo rodean.
Este bache le llegó en buen momento al Puebla, pues tiene tiempo para corregir de cara a la Liguilla del futbol mexicano, pues ya sabemos que en esta Liga MX de poco sirve llegar primero, por lo que hay que saber llegar, por lo que todo está en la mente del “relojero” para corregir a su maquinaria y en sus piezas, para que respondan a su confianza y a su fiel y noble afición, porque aún hay tiempo para afinar. Ni más ni menos.


