Es Relativo / Lic. Guillermo Pacheco Pulido
Hace unos días un juez de Texas, en Estados Unidos de Norteamérica, exigió al abogado que presentaba una petición por escrito, que manifestara si dicho documento había sido redactado utilizando “Inteligencia artificial” y, en su caso, responsabilizarse de que había sido revisado y aprobado por dicho letrado.
Lo anterior viene a colación porque en este mes se conmemora o celebra el denominado DÍA DEL ABOGADO y, a lo mejor, ya es este de los últimos años en que se realice dicha celebración.
Los que creemos que la inteligencia artificial va a modificar los servicios profesionales del abogado, del médico, del ingeniero, entre otras profesiones, es porque las grandes transformaciones que ésta generará en la sociedad son una verdadera realidad, situación en la que debemos poner muchísima atención.
Rendimos pues homenaje a todos y cada uno de los abogados de nuestro país, y reconocemos con ello la importancia que tiene para el desarrollo de la comunidad esta profesión.
Jaime Torres Bodet nos decía en un célebre discurso entre otros profundos conceptos: los abogados han sido frecuentemente difusores naturales de la cultura en nuestro país, o para decirlo con un vocablo que no perderá nunca su seducción: “letrados” por excelencia.
En México, el abogado es muchas veces un hombre polivalente. Por su profesión debe conocer la ley, y por la diversidad de muchos cargos, debe sólo aplicar la ley. El abogado por ello se coloca en una frontera muy delicada que es la que repara al mundo apacible de la cultura y el mundo dramático de la acción.
Su vida está llena de demasiados artículos jurídicos, con demasiada tinta jurídica. Algunos de esos artículos -como quería Nietzsche- fueron escritos con sangre, sangre de la Independencia, de la Reforma y de la Revolución, todo ello con épica dignidad.
Tener un modo honesto de vivir, no dañar a nadie y dar a cada quien lo que le corresponde, son los principios del Derecho que el pueblo romano entregó a los abogados. De ello se desprende que, como en toda profesión, la ética es la esencia de todo acto humano.
La justicia es la mira de todo abogado, es su deber serle leal y servirle con eficacia.
Los abogados son producto de las Universidades, de las Escuelas y Facultades de Derecho, por ello la rectitud en su actuar profesional es un compromiso de la conciencia con su Universidad. No hay actividad intelectual que valga si no va vinculada a la ética de su profesión.
El abogado imparte justicia, pide justicia, defiende la causa de la justicia, eso es una noble profesión.
Esperamos que en los próximos años en el Día del Abogado no tengamos que felicitar solo a la Inteligencia Artificial.


