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GUILLERMO PACHECO PULIDO
El doctor José Luis De la Concha Palacios escribió el libro titulado “La influencia del insomnio en la obra de Borges”, que contiene o representa la tesis que, para obtener el grado de maestro en Letras Iberoamericana, presentó en la Universidad Iberoamericana de Puebla.
Puede considerarse un atrevimiento de mi parte tratar de comentar un libro altamente especializado y que se refiere a uno de los llamados “gigantes de la literatura”, como lo es el argentino Jorge Luis Borges, poeta y ensayista universalmente aclamado como uno de los grandes maestros de la literatura en el siglo XX, al fusionar la ficción con la filosofía y los acertijos intelectuales a través de sus ensayos en que exploró conceptos universales como el infinito y los laberintos.
El autor inicia su obra explicando que “admirar la obra de Borges se ha convertido en un lugar común; gozar de ello es menos frecuente sin por tal dejar de admirarla y disfrutarla, es la causa de la presente investigación”.
El índice del libro mencionado nos da la dimensión de que el tema a mi entender es altamente especializado, porque se opina sobre un tema intocado que estimo no ha habido autor que analizara el aspecto del insomnio de Borges y su repercusión y efectos en su literatura.
El insomnio de Borges generó sueños y pesadillas, y utilizó palabras y expresó ideas causadas por esa situación junto con el empleo de medicamentos para combatir o controlar esos aspectos del insomnio, por ello creo que el autor tomó como base de su libro la palabra “insomnio” en la obra de Borges.
En un apretado comentario de mi parte, el autor doctor De la Concha en especial visión trata tres cuentos de Borges; “Funes el memorioso” (insomnio) “Las ruinas circulares” (sueño), “La escritura del dios” (pesadillas).
Nos señala el autor que Borges sufrió de insomnio a lo largo de su vida y el sufrimiento en cada uno de sus textos generó en el doctor Jorge Luis De la Concha la necesidad de entenderlo y explicarlo.
Cuando Borges padeció con mayor intensidad el insomnio y los efectos de los barbitúricos escribió sus cuentos más célebres, recogidos en “Ficción” y “El Aleph”.
El autor De la Concha, en su ejercicio profesional y con su seriedad y honradez intelectual, buscó pruebas de lo que afirmaba, y nos explicaba que fue a Buenos Aires y el 11 de septiembre del 2004 entrevistó a Epifanía Uveda de Robledo (Fanny), la ama de llaves de Borges por más de 30 años. La entrevista que se llevó a cabo en casa de Fanny fue la siguiente:
José Luis De la Concha (JL): En las mañanas, ¿a qué hora despertaba Borges?
Fanny (F): A las 9 de la mañana, a bañarse.
JL: ¿A qué hora se acostaba?
F: A la una o dos de la mañana. A veces a las dos, porque él iba a comer fuera; nunca comía en la casa a la noche.
JL: Me enteré que tomaba alguna pastillita para dormir.
F: Sí, una pastillita. No me acuerdo cómo se llamaba.
Stella (hija de Fanny): ¿Te acuerdas lo que hacías con la pastilla para dormir?
F: Cuando ya se le habían terminado, tenía que llamar al médico para que la volviera a tener. Entonces yo hice con la aspirina chiquitico como la pastilla. Y yo al otro día tenía una curiosidad: ¿qué es esto lo que va a pasar? Y al otro día lo saludé. Y entonces le digo: “¿cómo durmió el señor?”. “Bien”, me contestó. Era una aspirineta, pero él creía que era la pastilla para dormir, que lo tranquilizaba.
JL: ¿No veía a un médico para poder dormir?
F: Era esa pastilla que le digo yo que le daba para tranquilizante, para dormir tranquilo. Dormía.
JL: ¿Se acuerda usted cuánto tiempo la tomó?
F: La pastilla. No. Yo no me acuerdo ni cómo se llamaba la pastilla, pero se la ponía con dos caramelos.
Por la época de su uso, los efectos secundarios y el sabor (atenuado con “dos caramelos”), dicha pastilla era muy probablemente veronal.
“En resumen, Borges entra en todas las estadísticas médicas mencionadas: pertenece a ese 34 % de los que han tenido episodios depresivos, al 13 % con ideas suicidas, al 28 % que padece dificultades conyugales, al l8 % de quienes presentan problemas en el trabajo, al 11 % con problemas sexuales y, por último, al 15 % que ha estado en psicoterapia sin mejoría del dormir. Si bien es verdad que los datos anteriores no pueden explicar su obra, también es cierto que ésta no habría sido la misma sin insomnio crónico y sin uso consuetudinario de barbitúricos. En términos de lógica, nos hallamos ante una condición necesaria, más no suficiente”.
“En las páginas que siguen estableceré en diferentes niveles relaciones más estrechas entre el caso clínico del autor y su obra. No es mi intención proponer un determinismo biológico del quehacer poético, sino mostrar la profunda intuición y la férrea voluntad de Borges en cuanto a inquirir, conducir y apropiarse de su padecimiento a través de la escritura, al punto que es posible inferir de ésta una poética del insomnio”.
“Confesiones de Borges, testimonios de amigos, documentos biográficos. Todo ello confirma que Borges no solo padeció de insomnio a lo largo de su vida, sino que sufrió los efectos secundarios que produce el consumo continuo de barbitúricos; esto lo señaló Fanny cuando mencionó la pastilla, o sea el veronal, que lo hace oscilar entre vigilias confusas y sueños lúcidos que hacen que entre 1944 y 1949 publique, como ya lo señalamos, Ficciones y El Aleph”.
El doctor De la Concha nos dice que: “El análisis de tres cuentos paradigmáticos con base en el insomnio, los sueños, las pesadillas y en los campos semánticos que estos conceptos base produjeron en toda la obra de Borges confirma las observaciones anteriores. “Funes el memorioso”, “Metáfora del insomnio” y a la vez “buen resultado terapéutico” –en palabras del autor– cuenta los avatares memorísticos del personaje, alter ego de Borges, los cuales terminan por generar la equivalencia “recuerdo” (lectura)- vigilia”. La hechura del texto vuelve memorable para el lector lo que el autor quiere olvidar. Los recuerdos –el insomnio– del personaje se transfieren al narrador y de éste a los lectores. Aquí reside el mecanismo terapéutico del cuento.
Los indicios de insomnio y consumo de barbitúricos se hallan en toda su obra. El hecho de que la crítica no los haya valorado de ningún modo niega su existencia ni disminuye su importancia. La cantidad, variedad y grado de semiotización de estos indicios demuestran su tendencia a conformar una “poética del insomnio” según la cual Borges, luchador contra la dificultad de dormir, se entregó a la tarea de soñar y de observar sueños y vigilias, reelaborándolos literariamente con fines curativos. De ahí su observación fundamental para esta tesis sobre el “buen resultado terapéutico” obtenido gracias a la escritura de “Funes el memorioso”: “dejé (dice) de sufrir insomnio”.
En este mes de junio, a 40 años del fallecimiento de Borges, dijo al escritor Jorge Mora, que sus metáforas siguen ofreciendo nuevas lecturas (como el libro que se comenta).
Hubo reconocimiento y debates que son muestras reveladoras de su vigencia; se dijo que al leer sus cuentos sin duda que es de las empresas literarias más estimulantes de la historia literaria.
Borges nos dijo: “siempre imagino que el paraíso sería algún tipo de biblioteca”, y creo que, por la dimensión intelectual del doctor De la Concha, su libro ya lo colocó Borges en su biblioteca.

