“Titixe” en náhuatl es “pepenar” y se le permite a la gente que no tiene tierra propia después de que se ha recogido la cosecha.
“Titixe” es el documental que la cineasta Tania Hernández Velasco brinda como tributo a su abuelo fallecido, a sus luchas cotidianas por sacarle fruto a la tierra en Guadalupe Victoria –entre Puebla y Veracruz, del lado de Perote, pasando San José Chiapa–.
Desde que fue exhibida, en 2019, ha cosechado reconocimientos.
A partir del 23 de este mes, estará en cartelera de la Cineteca Nacional.
La directora –productora, editora y fotógrafa– explica sus motivos:
“Siete años han pasado desde que muriómi abuelo, pero después de hacer Titixe su presencia y enseñanzas me habitan más que nunca. Cuando él aún vivía, me contó cómo le entristecía que nadie de su descendencia se interesara en la tierra. Entonces le hice una promesa: algún día filmaría su trabajo en el campo que tanto amaba en Guadalupe Victoria, Puebla. Pero mi abuelo se fue sin aviso y en pleno luto, yo no encontraba respuestas a mis preguntas: ¿cómo puedo cumplir mi promesa? ¿cómo puedo filmar el amor de mi abuelo por las semillas, por las nubes, por el arado, por su árbol de guaje? ¿Cómo guardar las lágrimas y sudores del arduo trabajo que pocas veces era pagado de manera justa? Creí que le había fallado.
“Pero mi mamá no lo permitió. Con el anhelo de regresar a la tierra de su infancia y raíces para honrar a su padre, se le ocurrió hacer una última siembra de frijol negro. Tenía la esperanza de que así, además, podría convencer a la abuela de quedarse con el terreno en el que habían sembrado un sinfín de semillas de maíz, calabaza, frijol, cebolla y jitomate. En este pequeño terreno, mi mamá había germinado su manera de ver el mundo, su conexión preciosa con la naturaleza y su tenacidad. Mi mamá y mi abuela son el corazón de esta película.
“La abuela accedió y sin saber por dónde comenzar, pedimos ayuda de la poca familia que aún queda en Guadalupe Victoria, especialmente de mi tío Abel, quien fue nuestro guía. Comenzamos a trabajar en la tierra y el paisaje se fue llenando de color y vida, de trabajo, de historias, de pájaros, flores, piedras, nubes e insectos. Entre amaneceres, atardeceres, lluvias y vientos, la presencia de mi abuelo se percibía en los detalles más pequeños. Me equivoqué: aún hoy queda tanto por aprender, por mirar y por escuchar sobre el lugar del que viene mi familia.
“Así, con el abrazo de mi madre y de mi abuela, entendí lo que significaba el “titixito”: aquello que nos queda y a lo que siempre podemos volver para comenzar de nuevo. Esta película está hecha del “titixe” de resiliencia, dignidad y belleza de quienes han cultivado el campo en mi familia. Recogemos sus semillas y esperamos que podamos plantarlas de nuevo, aunque sea solamente para realizar una cosecha cinematográfica que esperamos siembre sentires en quienes la reciban”.
Este documental ha sido seleccionado en más de 40 festivales de cine.




