Por: Jaime Carrera
Chignahuapan, el pueblo de la eterna Navidad, en la entrada a la Sierra Norte de Puebla, honra y rediseña la tradición de 70 años de elaboración de esferas.
El bullicio es común en los corredores comerciales de este típico adorno navideño, en calles como la Romero Vargas, desde la Calzada de las Almas –recorrida en noviembre con antorchas para iluminar el camino de los muertos al Mictlan– hasta la Primera Calle de Miguel Negrete.

Los dueños, los esposos Yair Herrera y Gabriela Casas, desafían cada día la imaginación con sus nuevos diseños en globos de vidrio soplado.
También, dan oportunidad a sus colaboradores para aprender y perfeccionar la técnica. Uno de ellos es Noé López.
Se coloca el mandil, respira hondo y enciende la turbina de aire y el soplete a gas para obtener una flama a presión. Comienza el globeo soplado.
“Utilizamos varilla de vidrio neutro, porque sólo se calienta la parte que es expuesta al calor, lo demás se mantiene frío y puede manipularse con facilidad”, cuenta mientras muestra el proceso.
Esta materia prima viene de Alemania, Italia, China y Estados Unidos, aunque también es mexicana.
“El vidrio mexicano y el alemán tienen las mejores calidades que existen”, destaca.
A lo anterior le sigue el plateo. A la pieza se le inyecta nitrato de plata y un reactivo dulce, a fin de crear una capa que evite transparencias y que la esfera tenga la opacidad o el brillo adecuado para cada diseño.
“No es pintura, ni color, es una base nada más que hace a la esfera mate o brillante. La inyectamos y agitamos cada pieza para que se mezclen las dos sustancias y la bañamos de agua en una tina con agua caliente. La pieza pasa de transparente total a tener un efecto de espejo.
Vienen el pintado y decorado. Hay dibujos que se hacen en unos segundos y otros pueden llevarse 15 días, por la complejidad y el acabado.
Noé ejemplifica la infinidad de herramientas que se usan para el decorado: pincheles brochas, la yema de los dedos, pequeñas piezas de madera y esponjas, según el efecto que se persigue.
Después del empaquetado, las esferas están listas para su exhibición y venta.
Noé se insertó al trabajo del taller y la actividad le ha gustado tanto que adoptó el oficio como propio y lo hace parte de su historia personal y profesional. En “Campanita”, tiene la encomienda de enseñar el proceso a los visitantes.


