Lo dice la Unicef con alarma al máximo: los niños que se sostienen a sí mismos o a la familia, en América Latina, llevan la peor parte de la pandemia en estos días.
Hoy, Día Internacional contra el Trabajo Infantil, 17.4 millones de niñas y niños están doblemente desprotegidos frente a la enfermedad que devora al mundo solamente porque les tocó nacer y estar en el pedazo de continente que habla español y portugués.
Eso quiere decir que 16 de cada 100 menores en Hispanoamérica tienen que trabajar para comer.
Así, el que prepara los jugos, los que venden juegos en la banqueta y el show de crucero.
Esa circunstancia se traduce en falta de agua potable en casa para estar sanos, abandono frente a violencia en todas sus manifestaciones, mala alimentación, falta de acceso a cuidado de la salud y, por supuesto, obstáculos para ir a la escuela y recibir apoyo en la tarea de aprender.
A la izquierda de estas líneas, una muestra de cómo en Puebla hay personas que tienen modo de portar un cubrebocas, pero no sirve que lo hagan. O que se lo ponen bien, pero tienen desprotegidos a los vulnerables.


