Investigadores de la UNAM impulsan el cultivo agroecológico de la flor
Claudia Espinoza
Investigadores de la UNAM, como José Luis Sánchez Millán y Antonio Flores Macías, han impulsado estudios sobre el cultivo agroecológico del cempasúchil, destacando su valor cultural, medicinal e industrial, así como su potencial para fortalecer la economía de los productores mexicanos.
Sánchez Millán, de la FES Cuautitlán, lidera un proyecto enfocado en identificar las variedades de Tagetes erecta más adecuadas para la producción nacional, resaltando su utilidad en la industria avícola, farmacéutica, alimentaria y en las tradicionales ofrendas del Día de Muertos.
Por su parte, Antonio Flores Macías, junto con Irving Hernández González, desarrolló un manual de producción ornamental en maceta, dirigido a pequeños productores urbanos, que incluye técnicas sustentables como el uso de compostas, el control biológico de plagas y el manejo eficiente del agua.
Estas investigaciones coinciden en que el cultivo agroecológico del cempasúchil contribuye a restaurar la salud del suelo, reducir el uso de agroquímicos y fortalecer la economía rural.La experiencia práctica de la familia Sánchez Zapata, en San Miguel Xoxtla, Puebla, se convierte en un ejemplo de cómo aplicar estas técnicas en un entorno semiurbano.
Durante cuatro meses, cuatro integrantes de la familia trabajaron tres hectáreas utilizando métodos naturales, logrando cosechar tres variedades de cempasúchil: la tradicional naranja, una amarilla y una rellena.
A pesar de enfrentar plagas, lluvias intensas y la canícula, comercializaron 520 maletas de flor y planean distribuir tres tráilers durante la temporada de Todos Santos.
El cultivo de cempasúchil tiene raíces prehispánicas; conocido en náhuatl como cempohualxochitl, utilizado en rituales dedicados a los muertos y asociado con el sol.


