Sufrimiento continuo. Eso padecen niñas, niños y adolescentes hijos de mujeres víctimas de feminicidio; en Puebla, pese a que está vigente una ley de protección, al menos 279 fueron despojados de sus mamás sólo el año pasado y se encuentran en abandono.
“Desde antes de que ocurriera el feminicidio, estos menores de edad sobrevivían en un ambiente adverso”, señala Lorena Cox, psicóloga clínica especialista.

Y presenciar escenas violentas o ser parte de una familia con dinámica de maltrato ya afecta no sólo en forma emocional a los niños, con depresión, angustia y ansiedad, sino también se encuentran en abandono porque la violencia entre adultos hace que se descuide hasta la alimentación o la salud de los más pequeños, indica Catalina Arrobo, especialista en políticas públicas sobre derechos humanos.
Una vez que se comete el feminicidio, los menores de edad se encuentran ante un escenario aún peor: tienen un dolor profundo por el asesinato de sus madres y, cuando el padre es el feminicida, también se quedan sin esa figura en sus vidas, añade Cox; por muy malo que fue el escenario que vivían en forma diaria, quedarse sin las figuras de protección les afecta.
Quienes quedan a cargo de los niños no tienen modo de darles el apoyo profesional que requieren; a veces ni siquiera tienen tiempo o ganas de asegurarles comida, sustento o escuela, señala Arrobo.
De hecho, se encuentran doblemente abandonados.
Para estos huérfanos, la convivencia familiar y comunitaria es un desafío, pues al dolor profundo se le suma la inestabilidad material y emocional.
En sufrimiento intenso y abandono, menores huérfanos por feminicidio
Sus relaciones personales directas con los padres de por sí estaban afectadas por el clima violento; se crea una desconfianza en los adultos de sus vidas, afirma la especialista en derechos humanos.
El peor escenario, subraya Lorena Cox, es la reproducción de la violencia; estos menores no han visto otra cosa más que maltrato y tenderan a copiarlo para sí mismos o para otros, si no se les atiende.
A su vez, Ana Laura Gamboa Muñoz, responsable del Observatorio de Violencia Social y de Género (OVSG), recalcó que en puebla hay un rezago en la atención a estos menores.
A pesar de que se tienen los protocolos, no se aplican para que los huérfanos tengan acceso a servicios integrales de atención temprana, servicios jurídicos, médicos y psicológicos especializados, educación gratuita y alimentación.
Al ser menores de edad y carecer de quienes velen por sus derechos, no hay seguimiento oportuno que asegure que reciban el apoyo necesario, por lo que en ocasiones solo se les da un par de sesiones psicológicas y el gobierno da por terminada su responsabilidad frente a estas víctimas.
Trabajo peligroso para niños
Jesús Peña
En ocupaciones no permitidas y peligrosas para niños, Puebla es segundo lugar nacional, después de Oaxaca, reveló ayer el INEGI en su medición de trabajo infantil.
Aquí, 18 de cada 100 niños y adolescentes de entre 5 y 17 años trabajan, proporción igual a la que se registra en Chiapas; de ellos, 13 realizan actividades que no están permitidas para sus edades, porque ponen en riesgo su salud o afectan su desarrollo.
Además, 12 de cada 100 realizan labores claramente peligrosas: les causan enfermedades o accidentes. Puebla también ocupa segundo lugar nacional en este rubro, después de Oaxaca de nuevo.
Siete de cada 100 niños, además, hacen quehaceres domésticos en condiciones inadecuadas, es decir, que rebasan sus capacidades o en horarios prolongados.
En este trabajo indebido para niños y adolescentes, la entidad es cuarto lugar nacional, después de Oaxaca, Chiapas y Michoacán.


