Es el 2 de noviembre de 2010.
Una mujer arregla una tumba con flores mientras los mariachis entonan una triste melodía.
En Petlalcingo, al sur del estado de Puebla, velar a los muertos durante la noche y madrugada cada 2 de noviembre es una ancestral tradición.
Diez años después, por primera vez, el ritual no podrá celebrarse.
La pandemia de COVID-19 ha obligado el cierre de cementerios, camposantos y demás sitios donde reposan quienes “se nos adelantaron”.
La de este 2020 será, sin duda, una celebración diferente.
La evocación de los seres que amamos se hará desde la casa, sin las notas melancólicas de un guitarrón, ni el canto sonoro de una voz aguda.
A pesar de todo, como dice Cicerón, la vida de los muertos, nuestros muertos, seguirá perdurando en la memoria de los vivos.
Fotografía: Agencia Enfoque


