Tarde, y tal vez a regañadientes, pero por fin legislaron.
Y con ello, de un plumazo, se acabaron para siempre:
Las ceremonias en la clandestinidad. Los festejos “a medio gas”. Los acuerdos simbólicos, por eso mismo, ni siquiera asentados en un papel.
Y los desprecios de jueces y juzgados.
Un día como ayer se legalizaron los matrimonios igualitarios en Puebla.
Y atrás, muy atrás, quedaron eventos como el organizado el 13 de febrero de 2017, cuando casi en secreto, casi a oscuras, se llevó a cabo una boda masiva entre personas (enamoradas) del mismo sexo, bajo el espíritu de una frase que lo dice todo: “El corazón late, no debate”.
Fotografía: Agencia Enfoque


