Maximíno Ávila Camacho, en plenitud de ambición por suceder en la Presidencia de la República a su hermano Manuel, tejió en torno de su muerte, a los 53 años, más conjeturas que de su vida.
El teziuteco fue gobernador de Puebla y secretario federal de Obras. Mano dura, poder ilimitado, narcisista y cruel.
Las conjeturas llegan hasta los brujos de Catemaco haciendo un elíxir mortal contra él, para recetárselo en un banquete en su honor.
Fotografía: INAH


