Guadalupe Juárez
La propagación de la COVID dejó profundas heridas, pues no sólo arrebató vidas y deterioró nuestra salud, sigue llevándose consigo empleos y negocios familiares, hace más grandes las brechas de desigualdad, quiebra las mentes hasta llegar al suicidio, además de revelar que aún en casa las mujeres siguen inseguras y deben pasar el confinamiento con sus agresores.
Estas sombras de la pandemia mundial se reflejan en la entidad con un saldo de cinco divorcios al día, así como 12 intentos de suicidio sólo en los dos primeros meses de 2021.
El año pasado, 77 personas que decidieron terminar con su vida en escenas de personas al borde del colapso, a punto de aventarse del último piso de una unidad habitacional.
También, niños y jóvenes que se vieron obligados a abandonar sus estudios.
En Puebla se cerraron hasta 26 negocios al día y a la fecha las autoridades desconocen el saldo final, porque hay una cifra negra, la de los informales.
En la capital del estado, en una de las plazas comerciales al norte de la ciudad, la zapatería El Carmen bajó sus cortinas, su distintiva decoración ochentera fue desmontada, al igual que el cierre de dulcerías en las zonas más turísticas del Centro Histórico.
A unas cuadras del zócalo las lonas de “Se renta” o “Se vende” inundaron las calles, los dueños de restaurantes y de hoteles despedieron a su personal.
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía estimó que en la contingencia sanitaria trajo consigo a 61 mil 542 más personas que quedaron desempleadas al terminar el año.
En el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) hay registro de la pérdida de 32 mil 669 empleos formales en 2020.
Puebla también se ubicó en el sexto lugar nacional con mayor porcentaje de población con ingreso laboral inferior al costo de la canasta básica, que se estima en mil 197 pesos, cantidad de por sí insuficiente para la compra los insumos realmente necesarios.
El alcohol fue otro reflejo de lo que sucedía en el confinamiento obligado, la pérdida de empleos y la reducción de actividades.
De marzo de 2020 al de 2021 se registraron 182 personas que les fue detectado enfermedad alcohólica del hígado, 162 con cirrosis alcohólica y 597 sufrieron intoxicación aguda por alcohol.
CARGA PARA MUJERES
El IMSS registró que 12 mil 484 mujeres perdieron sus empleos formales durante marzo que comenzó la pandemia y hasta diciembre de 2020.
La falta de empleo, la reducción de ingresos, la violencia familiar –con hasta una denuncia al día– expuso más la inseguridad en que viven las mujeres.
La Red Nacional de Refugios identificó que en Puebla se presentaron casos de mujeres, niños, niñas y adolescentes que tuvieron que salir de casa en medio de la crisis sanitaria.
Detectaron que 27% de los agresores tenían antecedentes penales, 29% usaban armas de fuego y 14% contabancon vínculos militares o políticos.
La Secretaría de Igualdad Sustantiva de Género en el municipio de Puebla identificó que caseros pedían favores sexuales a sus inquilinas –sobre todo madres solteras o que viven solas– a cambio de no desalojarlas.
Por otro lado, la Secretaría de Igualdad Sustantiva estatal advirtió que habían detectado que las mujeres estaban sobrecargadas de trabajo en la pandemia, no sólo con sus empleos de home office, sino porque además de sus tareas como profesionistas o empleadas, cuidaban a enfermos, adultos mayores, a los menores que tomaban clases a distancia y se hacían cargo de las tareas domésticas.
En la contingencia sanitaria a diario se han diagnosticado hasta siete casos en promedio de depresión; 70% mujeres, de acuerdo con la Secretaría de Salud. Y en esa vulnerabilidad se asomó algo más: aquellas que orilladas por la falta de oportunidades se prostituyeron.
Es el caso de Adriana, una joven de 24 años de edad que después de pasar por empleos informales y debido a la inestabilidad ocasionada por la pandemia, tuvo que ofrecer su cuerpo.
Primero quiso hacerlo por su cuenta, luego ante las advertencias de que corría peligro de esa forma decidió conseguir la “protección” de una señora, en un bar en una de las 17 juntas auxiliares de la capital poblana.
Las redes sociales también se convirtieron en una plataforma para aquellas que se vieron obligadas a hacer lo mismo que Adriana, donde encontraron a quienes ofrecían “apoyos a estudiantes, amas de casa y madres solteras”.
A las mujeres, en pandemia, las expulsaron de casa, las violentaron, perdieron su empleo o trabajaron el triple, las hostigaron sexualmente y la depresión las alcanzó.



