Karla Cejudo / Dulce Liz Moreno
Por vivencia propia de agresiones y por las experiencias que conocen de su entorno, ocho de cada diez mujeres mexicanas aseguran que las víctimas de acoso sexual más frecuentes son las niñas, menores de cinco años en su mayoría (59%) y de 6 a 11 años (21%); y 85 de cada 100 mujeres mayores de 15 años han sido acosadas al menos una vez a lo largo de su vida.
Ese es el resultado del estudio “Violencia de género en tiempos de COVID-19”que realizó la casa encuestadora Enkoll para medir este durante el confinamiento sanitario y halló que 31 de cada 100 mujeres mayores de 15 años aseguran que han sido agredidas; la mitad de ellas, por sus parejas.
Pero la violencia de género, revelan las entrevistadas, se ensaña con las niñas a través de la agresión sexual. La encuesta realizada del 16 al 19 de mayo pasado vía redes sociales a nivel nacional preguntó directamente por las víctimas más frecuentes y 1,280 de las 1,506 entrevistadas indicó, sin duda, que son las menores de 12 años quienes cotidianamente padecen acoso.
En Puebla, de enero a abril se registraron 109 violaciones equiparadas, es decir, las que ocurren contra menores de 15 años o se encuentran en total indefensión no no tengan capacidad de comprender el hecho, según indican las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).
Sin embargo, en Puebla y en todo el país existe un subregistro incalculable pero grave, a decir de los especialistas. En este delito, hay adultas que no se atreven a hablar del abuso sexual que padecieron de niñas, casi siempre el victimario fue un familiar o alguien muy cercano de su entorno; miedo, silencio y no tener condiciones para ser escuchada y ayudada son constante, indican los profesionistas mexicanos agrupados en Early Institute, que investiga y elabora reportes sobre el abuso sexual infantil.
“En México no hay una fuente concreta que permita conocer la situación del abuso sexual infantil, ni datos sitematizados; incluso, en mediciones internacionales como las de UNICEF, el único dato disponible de México es sobre homicidios como variable de contexto. El sector de procuración de justicia debe monitorear el abuso sexual infantil como delito, y el sector salud debe vigilar epidemiológicamente esta forma de violencia”, consigna Early Institute en su estudio Diagnóstico sobre la situación del abuso sexual infantil.
Las cifras obtenidas por Enkoll coinciden con los rasgos de miedo y silencio que los expertos en el tema enfatizan en el abuso sexual infantil –que va de acoso, exhibicionismo, bullying sexual, obligación a ver escenas sexuales, pornografía, abuso sexual a otros a violación–, pues de las 1,506 entrevistadas que reconocieron haber sido agredidas, 71% no denunció la agresión, principalmente por la certeza personal de que nadie puede ayudarlas (34%).
Enkoll mide que 85 de cada 100 mujeres reconocen haber sido víctimas de acoso sexual por lo menos vez en su vida. Es importante destacar, que quienes acosan sexualmente a las mujeres son principalmente personas conocidas (62%): compañeros de trabajo o escuela (22%), amigos o conocidos (20%), familiares cercanos (15%) y la propia pareja (5%).
VIOLENCIA DURANTE EL CONFINAMIENTO
Durante el confinamiento en los domicilios, el 59% de las informantes han sentido miedo de alguna de sus parejas, revela el estudio de Enkoll.
Los resultados de la encuesta –realizada vía Facebook e Instagram– advierten que las mujeres mexicanas viven el confinamiento con temor a sus parejas o familiares: 31% ha sentido mucho miedo de sufrir algún tipo de agresión; el 44% “algo” de miedo; y un 25% “poco miedo”.
En esta etapa, 31% de las mujeres sufrió alguna agresión o violencia; la mitad de las entrevistadas han sido víctimas de la violencia emocional (51%); y el mayor ejecutor de la violencia es la pareja, ya que en el 50% de las ocasiones es quien la realiza.
Afectación profunda a largo plazo
Especialistas en tratamiento de abuso sexual infantil coinciden: la agresión vivida a los cinco años o menos marca a largo plazo a niñas y niños.
Cuando ocurre el acoso o el abuso sexual, los menores de cinco años padecen estrés postraumántico: dificultad para dormir, ansiedad, dolores físicos intensos y pueden desarrollar comportamientos violentos.
Así lo asientan Laura Alarcón, Angélica Araújo, Andrea Godoy y Manuel Vera, investigadores que estudiaron una muestra de adultos que acudieron a tratamiento psicológico o psiquiátrico por diferentes padecimientos y, en terapia, revelaron haber sufrido abuso sexual cuando fueron niños.
A lo largo de la vida, explican, se desarrollan consecuencias como ansiedad intensa, estrés crónico, problemas para iniciar y mantener relaciones interpersonales sanas y los adultos tienden a desarrollar depresión crónica, conductas adictivas, impulsividad e incluso intentan suicidarse en algún momento.
A la vez, Edward Fisher, terapeuta especialista en adicciones, explica que en hogares donde hay un varón con alcoholismo o dependencia a drogas, se trastocan los roles y los niños quedan en descuido, situación que aprovechan los depredadores sexuales.


