Un barrio de la Franja de Gaza fue desinfectado ayer, de rincón a rincón, en una acción nodal de cuadrillas de trabajadores en cuyas manos, en vez de armas, los niños vieron cosas diferentes, desconocidas.
Esa especie de pistola roja dispara chorros de agua. Generosos, rudos y con toda presión. Hacen mucho ruido pero no hacen daño. Al contrario, limpian los bichos.
Después de bombardeos diarios desde el 6 de agosto, que no se ve para cuándo acaben, en los territorios palestinos se riega cloro rebajado y se barren las calles con líquido a presión.
Y los menores de diez años se emocionan con los visitantes que cambiaron los tanques militares por pipas de colores.


