A pocos pasos del Popo, diez kilómetros nada más, el sismo de 1999 arrancó tres vidas. Y desguazó torres, cúpulas y campanarios. Tiró las casas de 50 familias. Puso a dormir a más de 300 personas en un albergue improvisado por el Ejército.
Los rezos de los funerales estaban acompañados por el miedo. Que volviera a temblar, que tumbara más casas de adobe, que echara abajo más techos de iglesia, pesados, letales.

Los montones de piedras los levantaron entre vecinos, con cuerdas y palanca humana, con suma de brazos y voluntades.
Llegó de visita el gobernador, entonces Melquiades Morales. También Esteban Moctezuma Barragán, que hace 21 años era el secretario federal de Desarrollo Social y ya no se llamaba Solidaridad, como lo bautizó Salinas de Gortari cuando lo inventó.
Nunca como entonces tuvo tantos visitantes en tan corto tiempo el pueblo de los 129 damnificados, el sitio donde la mano de todos estuvo levantando escombro, reconstruyendo, rehabilitando, compartiendo un taquito para quienes se quedaron sin casa y sin cosas. Se le conocía por su cercanía al cráter humeante, pero el terremoto le abrió la carne y le dejó destapados los huesos. Fue noticia nacional.





