Por: Jorge Alberto Calles Santillana
Cuando no podíamos ser más desiguales, la pandemia del coronavirus vino a hacernos entender contundentemente que nunca hemos dejado y nunca dejaremos de ser tan iguales.
Asimismo, vino a hacernos ver que estamos frente a una última oportunidad de retomar tal igualdad y dedicarnos en lo que sigue a procurar dejar atrás tan absurda e hiriente desigualdad.
Identifico tres retos que la humanidad deberá afrontar desde ya. Los enunciaré y describiré brevemente porque cada uno de ellos reclama reflexiones profundas y complicados debates.
El primero de ellos es el de asumir a la salud como el más importante derecho universal y al que la humanidad tendrá que ponerle especial atención y dedicar muchísimos más recursos de los que hasta ahora le ha canalizado.
Esto significa que el aprendizaje que deje esta pandemia deberá procesarse adecuadamente para evitar en el futuro que un virus ponga en jaque la existencia humana.
Pero, más importante aún, deberá significar que la vida social toda deberá estar organizada alrededor del hecho de que antes que nada somos seres biológicos.
Todos tenemos derecho a vivir sanos y a recibir la mejor de las atenciones cuando nuestra salud quebrante. Todos, sin excepción.
La obviedad de la afirmación contrasta con la relevancia real que la salud tiene para nuestros sistemas sociales.
Un segundo reto es la revisión profunda y honesta de nuestra relación como especie con la naturaleza.
Videos de cielos y mares limpios, animales recorriendo centros urbanos y calles descongestionadas han abundado en nuestros aparatos de comunicación en estos días no sin comentarios de sorpresa y celebración.
Parecería pues que no es tan difícil recuperar al planeta. Sin duda, uno de nuestros grandes problemas es el consumo exacerbado.
Deberemos, pues revisar nuestros modelos de producción y consumo pero sin perder de vista que ese ambiente limpio también ha significado, al mismo tiempo, la pérdida de empleo para millones de personas en todo el mundo.
Debemos repensar nuestros modelos económicos sin olvidar que todos producimos para que otros consuman y que todos consumimos lo que otros producen.
¿Cómo equilibrar producción consumo y salud ambiental? No hay respuesta sencilla.
El último reto, modificar la visión y operación de las instituciones financieras globales. La recuperación económica demanda inversiones de grandes montos.
En el futuro, deberá ser obligatorio para estas instituciones facilitar créditos abundantes y blandos.
De lo contrario, la recuperación será complicada y pondrá en riesgo más vidas que las que ya ha cobrado y seguirá cobrando la pandemia.
Los tres son retos que ya deberían estar analizando organizaciones internacionales como la ONU, la OMS o el FMI. No es identificable interés en hacerlo.
Esperemos que algún día decidan enfrentar el reto: o cambiamos o desaparecemos.



